Jorge Carmona: El Lavoe de Tepito
Jorge Carmona y su primo Héctor amenizando el Mercado 14 - Foto: Irving Cabello.

Jorge Carmona: El Lavoe de Tepito

Una crónica sobre uno de los nuevos y más queridos personajes del barrio bravo de la CDMX.
12.10.17

Uno

El Cantante de los Cantantes, Héctor Lavoe, murió deprimido, perdiendo a sus seres queridos (su hijo Héctor Jr. de 17 años, fallecido por un disparo de bala), contagiado de SIDA hace más de dos décadas en Manhattan, Nueva York. Pero en los barrios latinos de la Gran Manzana y cualquier suburbio de América Latina, aún se escuchan sus clásicos de la salsa brava grabados en Fania. Su voz sigue dándole identidad a cualquier hispano que baila "Mi gente"; siente dolor recordando un amor del pasado con "Periódico de ayer"; se identifica con "El día de mi suerte"; o conmemora –cada 29 de junio, desde 1993, fecha en la que murió– el legado del artista más popular de la salsa, (originaria del Bronx), reproduciendo su himno, su good bye, su marcha fúnebre: "El cantante".

En la Ciudad de México, Tepito siempre ha sido cuna de rumberas y rumberos que persignan el piso al compás de un mambo, una guaracha, una salsa clásica; como sucede con el carismático "Tirantes", el mejor bailarín de la vecindad ubicada en Peralvillo 15 y tal vez de todo el Barrio Bravo y de la Ciudad de México. Es la inspiración del actor y comediante Héctor Suarez, se para interpretar –aun cuando ya lo conocía de tiempo atrás: el Tirantes original le cuidaba el coche y se aventaba unos alcoholes con él– a un pachuco bailador y mujeriego, en la película arrabalera de Lagunilla mi barrio (1981).

El Lavoe de Tepito

La Sonora Matancera en los años cincuenta, es en el Barrio Bravo que, gracias a su ritmo proveniente de Cuba, se hizo de más adeptos por sus boleros de oro y canciones como "Mala mujer". También, los aniversarios de mercados y santos de devoción que se acostumbran celebrar ahí, en años pasados eran ambientados por sus sonideros La Changa, Pancho, Gloria Matancera, que de ley ponían el "Guaguancó de Tepito", melodía interpretada por uno de los primeros soneros de ahí, Ernesto Valdovinos y su grupo Recuerdos del Son. Pero el "TE-PITO papi y mami pa' que salgas a gozarla", aparte de gustar de la danza que incluye vuelta y brinquito de tibiri-tabara, es famoso por la usanza orgánica que se vislumbra en su hábitat, por la chinga diaria y el regodeo chilango que persiste entre lonas coloridas, fayuca de importación y exportación, micheladas frías y condimentadas, antojitos y otros tiliches que le dan forma a su monstruoso tianguis. Principalmente, esta zona céntrica es cultura, deporte y chamba, a base de orgullo contagiado con candela, haciendo salir al vecindario avante ante cualquier desdicha, entre lo bueno y malo, sólo para lograrla día a día en medio de canciones –la mayor de las veces salsa: el barrio es bravo por su sabor y adicción al ritmo duro de congas, cencerros, trombones– que se mezclan con otros estilos musicales, albures, piropos, riñas, operativos de la policía y demás situaciones que le añaden a sus calles que abarcan del Eje de Granaditas, Canal del Norte, Paseo de la Reforma y la Avenida del Trabajo, un tinte de suculenta "selva de cemento", como bien lo diría Héctor Lavoe, en su canción "Juanito Alimaña".

Jorge y sus papás afuera de la tienda que tienen en su casa

Por eso, entre sus miles de mujeres y hombres que residen en vecindades y condominios habitacionales, en un momento donde pasaba en bicicleta en los límites de Tepito, sobre Avenida Reforma, a la altura de Tlatelolco, al vislumbrar una pinta de Héctor Lavoe me pareció normal que el Barrio Bravo tenía que contar con su Cantante de los Cantantes: un tepiteño que vive y sueña con la inspiración del también conocido como "El Rey de la Puntualidad", quien con gran facilidad se sintiera identificado con lo que solía cantar el puertorriqueño.

Dos

Jorge Carmona es ese Héctor Lavoe del Barrio Bravo. O mejor dicho, es "El Lavoe de Tepito". Así lo apodaron desde hace un año y medio que canta por la zona predilecta de compra y reventa pirata. No hace mucho, un amigo que se dedica a la venta de zapatos para bailar salsa y bachata me habló de él. Lo vio cantar un día que fue a Tepito. Me dijo que estaba seguro que me interesaría escribir algo sobre un muy joven tepiteño con mucho talento.
Pasó el tiempo, me dediqué a otras cosas y un domingo por la noche Jorge, El Lavoe de Tepito, apareció como sugerencia en un video de YouTube, interpretando el bolero "Un amor de la calle".

Lo tomé como un buen augurio. Me llamó la atención el gran parecido de su tono de voz con la del verídico Cantante de los Cantantes, más algunos comentarios que acompañaban la publicación: "la resurrección de Héctor Lavoe […] Tepito baila y canta".

Jorge tiene 24 años y los días lunes, miércoles y viernes, hasta algunas veces en fines de semana, es común encontrarlo en las famosas Micheladas Lupillo, en la calle Aztecas. Ahí nunca falta el buen ambiente. Gracias al video de YouTube, días antes de conocerlo en persona a él y su primo Héctor –una coincidencia más del "Rey de la Puntualidad", y quien siempre lo acompaña tocando el güiro y pidiendo dinero al público presente– obtuve su número telefónico, que aparecía en la descripción de otro video en Internet. Me puse en contacto con él vía WhatsApp. El miércoles 4 de octubre, a las tres de la tarde, quedamos de encontrarnos en ese lugar que se distingue por las playeras del Club América que cuelgan de los fierros del local; y claro, porque el dueño es idéntico al cantante grupero y hermano de Jenny Rivera, Lupillo.

A esa hora de la tarde las mesas de Lupillo lucen llenas de gente: boxeadores que estoy seguro acaban de finalizar uno de sus entrenamientos en el gimnasio del Deportivo de Tepito, comerciantes, diableros y vigilancia que se relaja un poco de su larga jornada de trabajo, compradores de piratería que no pueden salir de ahí sin echarse un trago, y hasta algunos travestis que forman parte del peculiar equipo de La Gardenias, quienes horas después, a la luz de la luna, tuvieron su partido de futbol en el Estadio Maracaná, durante la fiesta de San Francisco de Asís que por supuesto contiene esa convivencia dicharachera, al calor de la charla, la bebida y el compás de la salsa desprendiéndose de una bocina y los pulmones del Lavoe de Tepito cantando "Ella mintió".

Micheladas Lupillo

A Jorge se le ve disfrutar hacer lo que más gusta: cantar melodías románticas, junto con otras que le dan vida y alma al barrio porque hablan verdad. La popularidad del Lavoe de Tepito va en incremento, gozando de esa música que conoció por su padre. Se acerca su micrófono a la boca y da cátedra. No niega que la rumba la trae en la sangre, floreciendo en el código postal: "aquí nací y aquí me voy a morir" expresa sin tapujos, tomando como predilecto su momento de artista callejero, de estrella de Tepito, sacando al día mil pesos (si la jornada es buena) o seiscientos (si está flojo). Sin darse cuenta, es normal que entre cada una de las canciones que interpreta se le escuche un acento puertorriqueño. Provoca que hasta algunas chicas de leggins blancos que conviven en una mesa de Lupillo, mientras echan la chela y la confesión del tipo que les puso el cuerno, se pregunten si el chico correoso, de pantalones y camisa entallados, botas color café, arracadas y cigarro tras cigarro que va de su mano a los labios, es de la Isla del Encanto.

Tres

Los conductores de las motonetas golpean sus manubrios con las manos como si fueran Orestes Vilató, timbalero de la Fania All Stars. La gente que transita el Barrio Bravo a pie se acerca al Lavoe de Tepito a saludarlo, sintiendo un cariño de vecino a vecino. Presumen sus fotos del propio Jorge cuando se veía aún más niño y comenzaba a cantar sin pena y buscando la gloria. Y quienes aún no saben de él, detienen su andar, todos con cara de "Pensé que era un mp3 de los éxitos de Héctor Lavoe". O así suelen decirle muchas personas, que graban videos similares al que aprecié en YouTube; o llevarse una foto junto a él, como un souvenir-tepiteño.

Finaliza "Ella mintió" y el corazón de todos late más aprisa. Jorge se despide y su primo recibe monedas de cinco y diez pesos. Se guarda en las bolsas del pantalón billetes cuya denominación no alcanzo a ver. La esposa de Lupillo –porque su marido ya está jugando con su equipo de futbol en el Maracaná– le pide al Lavoe de Tepito que no se vaya, que siga cantando. No le creen que pasará el resto de la tarde con nosotros dos: Irving (que comenzó a tomar fotos) y yo (que tengo que poner atención a cada detalle).

Jorge Carmona 'El Lavoe de Tepito' y su primo Héctor en Tepito

Jorge se acerca, nos reconoce, nos saluda. Su sonrisa se invade de humildad cuando estamos cara a cara. Nos pregunta si queremos otra chela, que se las regalan. Decidimos permanecer una michelada más y me llama la atención que al Lavoe de Tepito no le traen nada de tomar. "No quiero acabar como José José" dice bromeando, después de que le pregunto si acostumbra echarse sus copitas cuando anda chambeando. Su primo Héctor tampoco pide alcohol. La tarde que pintaba para estar nublada resplandece entre los rayos del sol.

En lo que va de nuestra charla Jorge no deja de saludar a quien pasa cerca, ya sea por el tianguis o por las angostas banquetas que dejan ver altares a la Virgen de Guadalupe, la Niña Blanca y San Juditas. En Tepito todos se conocen, se chiflan, se hablan por sus apodos. Se unen a nosotros un par de jóvenes del barrio de Tacuba que están ahí para comprar mota y pasar la tarde escuchando salsa de la buena. El llavero de uno de ellos lo acredita: es una matita de mariguana feliz. Jorge y él se conocen. Nos dice algo que ya sabíamos, sólo para que confirmemos que el Lavoe de Tepito no es ningún chismoso: "la primera vez que escuché a este culero, por Dios que me fui con la finta que era un disco de Héctor Lavoe". Jorge ríe y cuenta que comenzó a cantar formalmente a los 18 años. Antes andaba en el desmadre junto a sus inseparables amigos Guicho y Ramsés. Se creían el Grupo Niche cantando en plazas públicas del Centro Histórico y en la Iglesia de La Conchita, sobre la calle Tenochtitlán 111. Sin embargo, a sus dos brothers les gustó irse por el camino de la droga, lo ajeno y ser verguero. Se separaron: Guicho o Ramsés –no me explica bien Jorge–, ahora está en la cárcel. Entonces dejaron de cantar uno de los temas más conocidos en cualquier colonia popular de la ex capital de país, "Sin sentimientos". Dejando notar su orgullo, Jorge expresa que de él nació la idea de pararse frente a desconocidos, agarrar un micrófono, conectarlo a la bocina, y sentirse famoso con una melodía de antaño.

Jorge y Héctor amenizando en el Mercado 14

Al transcurrir los años, el Lavoe de Tepito abandonó las plazas públicas, la Iglesia de la Conchita y jamás le ha dado por meterse a cantinas o pulquerías. "Ahí no sale nada", dice Jorge. La forma en la que maneja su talento es una fuente de ingresos que lo ha hecho un joven responsable. Mucho tiene que ver su novia, Yesenia Monserrat, a quien conoció en una fiesta de XV años en San Juanico, Estado de México. "Ella hizo que me pusiera las pilas", expresa, y los dos güeyes de Tacuba lo empiezan a cabulear, a decirle que lo traen cortito. El Lavoe de Tepito menciona que estuvo a punto de perderla por andar de culero, sólo que comenzó a escucharla, a entender que de su voz vivirán mejor, teniendo en cuenta que en el mes de abril serán padre y madre de un bebé. Así, viendo a Jorge directamente a los ojos, afirmo que sí es el Cantante de los Cantantes hecho en Tepito y que, por supuesto, Yesenia Monserrat es Nilda "Puchi" Román.

Si no bailas en Tepito, te aburres.

Otra cosa del pasado que recuerda Jorge es aquella tarde que regresó a su casa ubicada en la calle Constancia, donde sus padres tienen una tienda y panadería junto a sus cuatro hermanos. Una tarde finalmente le creyeron que de la música tal vez podría comenzar a vivir. El Lavoe de Tepito les mostró los mil pesos que había sacado en menos de cuatro horas y ya no le pidieron que se pusiera a hacer algo de provecho. No obstante, conoce lo que es chingarle. A los 15 años vendía calzones y gritaba "ai va el diablo" a quien se le pusiera enfrente en su territorio; igualmente recuerda que anduvo de mecánico y poniendo vidrios de puertas y ventanas. Lo habían corrido del CONALEP, plantel Azcapotzalco, a consecuencia de que se la hicieran de pedo quienes buscaban comprobar si era tepiteño. Y Jorge, con gallardía, cuenta que en segundos los sentaba de nalgas, ya que entrenó con un sparring que preparaba al "Maromero" Paez, dándoles directo a las costillas, provocando fisuras, respeto y un precoz adiós a la escuela.

Cuatro

Nos alejamos de las Micheladas Lupillo para ir al corazón de Tepito. Jorge carga un atril y una mochila donde echa su micrófono y tablet con las canciones de salsa que canta: de su ídolo el Cantante de los Cantantes, pero también de Frankie Ruiz, Eddie Santiago, Willie Gonzales… Y Héctor, quien antes trabajaba con algunos sonideros de Tepito montando el equipo de luz y sonido, trae al hombro la inmensa bocina. Ambos primos van con orgullo. Los dos oriundos de Tacuba deciden acompañarnos. Más tarde pasaran por su yerba.

El Lavoe de Tepito señala a un señor canoso y con cola de caballo, estatura baja y quien también anda por el Barrio Bravo amenizando la tarde con canciones tropicales. El señor es de Los Jibaros, una agrupación que casi cumple dos décadas tocando en las calles, y que sigue la tradición musical tepiteña. Jorge formó parte de ese conjunto cuando tenía 20 años. Gracias a Los Jibaros aprendió de música, a tocar el güiro, las congas y más.

'El Lavoe de Tepito' echando el palomazo con Piraña y la Banda que Manda

"Si no bailas en Tepito, te aburres", sentencia Jorge. Rápido lo noté, desde la primera vez que fui al Barrio Bravo a comprar DVD's en 5 pesos. No obstante, entre los tepiteños y los de Tacuba, como la tarde es más sabrosa que de lo normal, recuerdan esas compilaciones en CD que se hicieron populares en los noventa: Salsa colección estelar, editadas por Discos Musart, y donde venían intérpretes como Lalo Rodríguez con "Ven devórame otra vez", Oscar de León con "Detalles", entre otros.

Antes de ingresar al Mercado 14, en la calle Toltecas 24, se distingue aún más la fiesta a San Francisco de Asís. Sobre la arteria está un ring de lucha libre. En la mañana hubo peleas de box y por la tarde hay rudos y técnicos. Sobresale un Abismo Negro pirata. Irving le pide a Jorge que posé en ese escenario tan mexicano para hacer un disparo. Lugareños del sector, al ver que también vengo con ellos, se acercan a decirme que los videos del Lavoe de Tepito llegan a Latinoamérica, a páginas de Facebook dedicadas al ritmo que salió de New York; como la de Salsa con estilo.

Baile tepiteño

Casi al llegar con uno de los padrinos del Lavoe de Tepito, dentro del Mercado 14, Jorge explica el por qué nunca se ha vestido como el Cantante de los Cantantes: no quiere quedar identificado como un imitador toda la eternidad, como un Marc Anthony. Su meta es que del barrio que ama salga un artista original de salsa, cosa que lo ha llevado a desconfiar de promotores y vividores que decían ser sus amigos, únicamente porque les pagaba la peda. Por lo pronto, antes de que finalice el año, sacará un disco con los covers que se echa. El Lavoe de Tepito vaya que tiene una idea clara. Se gana el respeto de viejos salseros del Barrio Bravo, como ocurre con "El Caballero de la Salsa", un señor ataviado de collares santeros, que a lo lejos, viendo venir a Jorge, le grita: "chachachá y guaguancó".

Desde que comenzó a cantar sueña con tener su orquesta. Su primo Héctor añora aprender a tocar los timbales a su lado, en escenarios grandes, formando un equipo chingón que ha estado ahorrando dinero para comprar los instrumentos que ejecutaran Juan Carlos (el encargado de las congas y que también forma parte del grupo Piraña y La Banda Que Manda), junto a otros adolescentes tepiteños que están en Esperanza Azteca, le saben a la música clásica, leen notas; pero también, por ser vecinos de ahí, les llega la salsa.

Jorge junto al Tirantes y sus amigos de Tacuba

Llegamos a la zona que los comensales gustan visitar en el Mercado 14. Estamos en el pasillo donde se encuentra la Ostionería Mandinga y las taquerías Los Compadres y Coco Loco. Se acerca Many, dueño de Mandinga. Menciona que él fue de los primeritos que apoyó a Jorge, llevándolo a fiestas de su familia para que cantara, invitándolo sin problema alguno a su local a que se gané la vida. El Lavoe de Tepito agrega que de vez en cuando va a salones de baile que lo contactan. Les cobra dependiendo la distancia del lugar.

Cuando están a punto de dar las seis de la tarde Jorge avisa que va la última canción. Junto a un local de jugos interpreta "Juanito Alimaña" y en eso, como por acto de magia, se aparece vestido de tacuche el Tirantes. Está buscando una reina con quien bailar. No se pone nervioso y hasta posa para una foto. Señoras que se distinguen por andar de mandil, con cara de sorpresa voltean a ver a Jorge y al Tirantes; como si el pasado y el presente fueran la misma historia. Amenazan al Lavoe de Tepito, ya que lo conocen desde pequeño, que seguramente cuando sea famoso ya no se acordará de ellas. Los carnales de Tacuba deciden irse a conectar su mota. Irvnig y yo acompañamos a Jorge y Héctor a dejar sus cosas a la calle Constancia. Sin embargo, El Tirantes, despidiéndose de todos, dice que más tarde habrá rumba con El Piraña…

Cencerro del Piraña y la Banda que Manda, tocando afuera del Mercado 14

Cinco

Después de conocer a los papás de Jorge y aceptar unas piezas de pan, regresamos a las afueras del Mercado 14, donde El Piraña y La Banda Que Manda termina de conectar sus instrumentos musicales. Jorge me dice que tal vez antes, a esa hora, habría un baile sonidero; sin embargo, la violencia ha hecho que eso sea menos común. Los pleitos ya no se arreglan a golpes, ahora las balas silencian todo.

El Piraña y La Banda Que Manda son unas generaciones más arriba que El Lavoe de Tepito. Ya tienen discos y videos oficiales. Ellos también se dedican a mantener en el Barrio Bravo un gusto absoluto por la salsa, aunque interpretan más merengue. Los comerciantes, a eso de las seis y media de la tarde, recogen la mercancía de sus changarros. Estamos frente al Maracaná y la Parroquia San Francisco de Asís que data de principios de 1900. Se mezcla el sonido de tamborazos, los gritos de futbol llanero y las carcajadas de quienes ya llevan rato de borrachos.

Congas del Piraña y la Banda que Manda, tocando afuera del Mercado 14

El Lavoe de Tepito me presenta con El Piraña que se fuma un cigarrito de mariguana. "Ahorita te avientas una rola", le dice a Jorge, dejando notar que el Barrio Bravo se puede unir hasta para poner a bailar a todos los que traen michelada en mano. Huele el caramelo de buñuelos que hacen ahí cerca y el vendedor de cigarros, chicles y pastillas está vendiendo todo. Héctor y Jorge le compran un mentolado tras otro. Irving se emociona por la luz que da la tarde para tomar fotos. Y en ese momento, sin aviso alguno, El Piraña y La Banda Que Manda inician con "Juanito Alimaña". Es la segunda ocasión que la escucho en Tepito y se siente un no sé qué. Los rostros se pintan de felicidad. Saben de principio a fin la letra de esta canción. Jorge me había explicado que en el Barrio Bravo la salsa es la ley porque los hace identificarse, les da cierta actitud de chingones, les hace decir: "de Tepito para el mundo". No obstante, "Juanito Alimaña" podría decir que va más allá de orgullo y similitud. Pero en ese momento Jorge me suelta sin pelos en la lengua que Tepito es Juanito Alimaña, que a la gente chambeadora, las abuelitas, a la pura maldad, ese tema lo consideran como la índole tepiteña.

Ha caído la noche e Irving y yo no queremos irnos. Ver a Jorge siendo ovacionado por su casta es maravilloso, enchina la piel, provoca que uno quiera bailar igual que como lo hacen ahí. No sólo se rifó un palomazo, sino tres canciones ("Triste y vacía", "Che che colé" y "Periódico de ayer"). Niños y niñas brincan encima de los puestos que al otro día venderán lo mayor posible de sus mercancías. Señores no dejan de gritarle "yerno", "hazle un chamaco a mi hija", "viva nuestro Héctor Lavoe".

'El Lavoe de Tepito' echando el palomazo con Piraña y la Banda que Manda

No pudo haber otro final mejor. Ya no supimos si Las Gardenias perdieron lo invicto. El Piraña también llama a otro cantante de ahí, al Gabo del Grupo Clave, y después hacen un intermedio para regresar a tocar merengue. He comprobado que Tepito sí cuenta con su Cantante de los Cantantes. Jorge, mientras nos lleva a la Avenida del Trabajo, lo detienen y se saca fotos con gente que ve algo grande y que dará de que hablar en un futuro. Quieren un recuerdo para presumir y decir que son del mismo lugar. Nos despedimos y le damos las gracias. El taxi nos deja a centímetros del Metro Morelos y otra vez se escucha "Juanito Alimaña" desde el celular de un güey que juega poliana con otros tres. Sólo puedo voltear a verlos, sonreír y asegurar que conocen o han escuchado hablar de Jorge Carmona, el Lavoe de Tepito, la Voz del Barrio Bravo.

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