RAVE URGENTE: cuando la fiesta se toma la calle para hablar de política
Todas las fotos por Carlos Basto 'Spoon'

RAVE URGENTE: cuando la fiesta se toma la calle para hablar de política

Así se tomaron su ciudad los ravers bogotanos, días antes de la segunda vuelta electoral.
13.6.18

RENOVA BOGOTRAX.

El letrero se leía claro, brillante, colgado desde el puente de la 68 con Avenida Esperanza a pleno mediodía.

Los transeúntes incautos pasaban de largo, mirando de reojo el letrero que colgaba cerca de algunos carteles con la cara de Gustavo Petro y su consigna de ‘Colombia Humana’. Había quienes se detenían no solo por aquel letrero, los carteles y el gentío, sino por curiosear qué era eso que se estaba formando ahí, debajo del puente.

Foto por Carlos Basto 'Spoon'

Un sistema de sonido gigantesco, más conocido como el Gran Latido Soundsystem, se erigía sobre el suelo y empezaba a votar los primeros bajos del día, que nunca dejaron de sonar portentosamente. Frente a él un grupo de varias personas, entre policías, mujeres y niños, armaban a punta de guaduas largas, amarrijos y banderas de colores una figura geométrica de varias caras y aristas, que iba a servir de booth, donde tocarían los DJs invitados a la jornada.

Lo que se estaba armando debajo de ese puente, en pleno mediodía bogotano de domingo festivo era un rave. Un ‘rave urgente’, si se quiere, como lo habían denominado los colectivos que se unieron para convocarlo, días antes, a través de una vaca en redes sociales. En realidad el patrocinio monetario que necesitaban los colectivos para alquilar la planta y cargar el sonido era poco, comparado con la asistencia, la tolerancia y el buen comportamiento que querían por parte del público ese día. Eso era lo más necesario para tomarse un pedacito de Bogotá como era debido, al mejor estilo del anarquista Hakim Bey, y su concepto de las Zonas Autónomas Temporales, una de las filosofías bases del rave, del de verdad verdad.

Foto por Carlos Basto 'Spoon'

Los transeúntes no tan incautos, es decir, los que llegaban al puente para cumplir la cita pactada, se emocionaban con el letrero. Era la primera vez en mucho tiempo que el colectivo Bogotrax se hacía sentir de esa manera. Un grupo de personas que hace más de 10 años decidieron hacer un experimento de participación social y mostraron la cara más política de la fiesta en la capital, no solo a punta de fiestas, sino de talleres, conversatorios, tomas artísticas y demás acciones generadoras de tejido social, valiéndose de toda la cultura que rodea la música electrónica. Y a pesar de que en los flyers que rondaron por redes, días antes del evento, se leía “somos la articulación de varios colectivos independientes de la ciudad”, la activación de la página de Bogotrax causó conmoción entre varios ravers que añoran todavía sus días de Septimazo, charlas y fiestas a las afueras de la ciudad que finalizaron en 2012, cuando la utopía murió.

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Y es que la coyuntura merecía la urgencia descrita. Luego de una primera vuelta electoral, con varias sorpresas (como la quemada de Vargas Lleras en las urnas), y algunos hechos predecibles (la delantera que tomó Duque frente al resto de candidatos), estamos ahora frente a una segunda vuelta de polarización extrema: es la izquierda contra la derecha, la paz contra la destrucción de los acuerdos, la economía extractiva contra la transición de la economía hacia el agro y las energías renovables. Desde el pasado 27 de mayo la facción petrista se ha dedicado no solo en redes, sino en las calles, en los medios y en todos los espacios permitidos, a hacerle frente a la ola naranja y a convencer votantes indecisos, exponiendo las propuestas de su candidato y su vicepresidente Ángela Robledo, una promesa de futuro para las feministas de este país.

El llamado del colectivo, sin mencionar a ningún candidato previamente, era diciente: “buscamos habitantes inconformes y pacíficos de este planeta que se unan a este plantón artístico para amplificar sus deseos de cambio”. Y al llamado respondieron cerca de mil personas, que empezaron a llegar desde el mediodía y se quedaron participando y bailando en total armonía con las calles de su ciudad hasta la medianoche.

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Los DJs fueron pasando uno a uno, de a raticos. Durante el día estuvieron artistas de la vieja guardia como Dani Boom, Richie Bones, Alejo B y Ficti, que calentaron los oídos y los pies de un público que hasta ahora iba llegando en sus bicicletas o a pie y se iba acomodando donde pudiera: ya fueran parados bailando al ritmo del techno, el reggae, el dub y la fusión con ritmos colombianos en frente del booth jugando entre niños, burbujas y humo, o en el pasto sentados, asoleándose, tomándose una cerveza y prendiéndose un porro entre amigos, cuidadosos todos de las miradas de los policías bachilleres, que acompañaron y vigilaron el evento hasta el final.

Foto por Carlos Basto 'Spoon'

Las intervenciones de los DJs y los MCs se intercalaban con intervenciones de varios artistas e integrantes de los colectivos, entre ellos Sónico, de Techsound, que luego tocaría en su versión más hardcorera como Sonicore y que tenía puesta una camiseta con la cara de Alfonso Vargas Tovar, su padre, un dirigente sindical asesinado. La música que escupía la bestia sonora del Gran Latido se mezclaba con las protestas enérgicas de Sónico: protestas en contra de la corrupción, en contra de los falsos positivos, del asesinato sistemático de líderes sociales, del Uribismo, de la guerra en nuestro país, del maltrato al medio ambiente… la música luego iba recobrando el protagonismo mientras la gente, enérgica, avivada, gritaba uniéndose a la protesta, muchos sumándose con la consigna de “¡Petro Presidente!”.

A medida que el día avanzaba, el apoyo por la campaña de Gustavo Petro se iba haciendo más visible: carteles, folletos de campaña, gorras, camisetas y pendones aparecían por doquier. Parecía ser que todos los presentes ya habían decidido su voto para el próximo 17 de junio.

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La tarde iba cayendo, el público iba aumentando y la música iba subiendo de revoluciones. El turno era ahora para el dnb, con Sebass y Bassassin, dos estandartes locales de los ritmos rotos y los bajos, que levantaron a muchos de los que estaban sentados y los pusieron a calentarse a punta de saltos y batidas de cabeza hasta que la noche cayó por completo en Bogotá. A pesar de ser domingo de puente, la gente no paraba de llegar para unirse a la manifestación. Incluso algunas familias incautas, que cruzaron por ahí de casualidad, terminaron bailando ritmos desconocidos para ellos, hasta con niños a bordo.

Foto por Carlos Basto 'Spoon'

Al dnb le siguió el hardtechno con una cuota internacional: Leon KB de Brasil, que estuvo dispuesto a apoyar la iniciativa de la unión de estos colectivos, y luego Sonicore, uno de los artistas más reconocidos del underground en Bogotá, que nos encendió a todos a punta de hardtechno y hardcore. La noche se alargaba más y más, sin más alteraciones que el llamado de atención del MC acerca de tener un consumo responsable y moderado para que la fiesta siguiera de largo hasta la medianoche, algo que fue posible gracias al comportamiento del público.

La manifestación artística iba llegando a su final. Richie Bones volvió a tomar el mando junto a su compañero MC para redirigir la nave hacia sonidos más suaves, rebajados, que sirvieron como aterrizaje y que terminaron de unirnos no solo como un grupo de personas, sino como una comunidad que se tomó un espacio para expresar una inconformidad general con la realidad actual que estamos enfrentando y que queremos cambiar desde todos los frentes, incluido el del baile.

Foto por Carlos Basto 'Spoon'

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El movimiento esforzado y el ánimo general al final de esa noche de domingo de puente bogotano enviaban un mensaje. Un mensaje que a lo largo de la historia se ha enviado y recibido tantas veces, como aquella durante los disturbios del bar Stonewall Inn, en 1969, momento clave para los derechos de la comunidad LGBTIQ, o los raves masivos durante los años 80 y 90 en Inglaterra, que desataron una guerra frontal entre las autoridades y toda una generación de ingleses inconformes con su país. O sin ir tan lejos el mensaje enviado hace casi un mes en Tbilisi, Georgia, cuando las autoridades cerraron el club Bassiani, que la música electrónica se había convertido en el soundtrack del cambio social en este país, y obligándose a reabrirlo luego de un par de días. Era este el mensaje de una, dos o tres generaciones bogotanas, desde los primeros días del parche de Bogotrax, por allá en 2004, hasta el día de hoy. Varias tandas generacionales que siguen creyendo en la fiesta como herramienta política y como plataforma de protesta; que siguen creyendo en el baile como el aprendizaje más visceral y primario del ser humano, porque aprendemos inmediatamente cuando la lección suena a todo volumen.

Era al final, el mensaje corporal y sonoro de un grupo de personas que, como tantos millones de colombianos quiere cambio, y que lo manifiesta desde sus calles hasta las pistas de baile. Y mucho mejor si la una logra convertirse en la otra de manera pacífica, como ese día.

Foto por Carlos Basto 'Spoon'

“Solo nos queda agradecer a todas las personas que hicieron esta Bogotrax Rave Urgente posible”, agradecieron al otro día las personas detrás de la página de Bogotrax. “Las acciones no terminan aquí, debemos salir a votar y seguir trabajando por construir un mejor país para todos”. Con una nueva foto de perfil que dice “las acciones seguirán”, el parche bogotraxero se despedía diciendo “Hay esperanza. Gracias infinitas, Bogotrax somos todos”.

Quizá, después de todo, sí la haya en las urnas, en las calles y en las pistas. Quizá después de todo si seamos más los que queremos el cambio.

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Así lo vivimos:

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