Comida

Dime qué traes a las comidas con colegas y te diré cómo eres

Desde el que se trae una tortilla precocinada del súper al que se curra unas croquetas, pasando por el que no trae nada.
22.3.19
comidas colaborativas

Te han invitado a una cena, no te apasiona la idea, pero te han invitado. Alguien ha organizado un guateque para celebrar algo ridículo —el nacimiento de un bebé, un ascenso en el trabajo o el borrado satisfactorio de un tatuaje de un duende— y la putada es que es una de esas cenas en las que encima cada persona tiene que traer algo. Con todos esos “algos”, se supone que se conformará este magnífico festín, en un acto entrañable de confianza ciega hacia la humanidad. Nada puede salir bien con este planteamiento y al final la peña acabará comiendo ganchitos, quicos y tortillas de patatas precocinadas del Lidl. Pese a todo, la gente sigue quedando y gestionando cenas de amigos bajo esta misma premisa.

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Es en estas reuniones gastronómicas donde podemos descubrir el amplio abanico de personalidades que confluyen en este mundo nuestro, pues el producto que traiga cada individuo definirá un tipo de carácter muy concreto. Supongo que todos coincidiremos en que no es lo mismo traer unas empanadas caseras de calabaza y brócoli que una bolsa de Boca Bits de marca blanca y una (1) lata de cerveza del Dia. No es lo mismo.


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EL TÍPICO DE LA TORTILLA DE PATATAS

El clásico pesado que se piensa que hace una tortilla de patatas especialmente buena y que por dentro incluso piensa que es casi un honor que la gente —los humanos— puedan degustarla.

Entonces llega ese momento en el que los comensales se la zampan y el chef no entiende por qué nadie exclama “joder, que me aspen, esta puta tortilla está buenísima”, y es entonces cuando casi llega a plantearse que quizás su tortilla puede considerarse normal, en fin, como la que hace todo el mundo, porque todo Dios sabe hacer tortillas de patatas y tampoco hay tanta diferencia entre una y otra. La verdad es que esta peña no quiere gastarse pasta y piensan que con cinco huevos, unas patatas y una cebolla que tenían tiradas por casa y sus consolidadas artes culinarias ya habrá más que suficiente.

tortilla de patatas

Vía Carrefour

LA TORTILLA DE PATATAS PRECOCINADA

Vaya jefes, estos. Siempre van liados y son los típicos que cancelan en el último momento esa quedada del viernes con los antiguos colegas del instituto porque “están trabajando en un proyecto de un cliente muy importante”, cuando realmente simplemente quieren tomarse unas cañas con esos nuevos colegas con los que solo queda porque le interesa el pedigrí social que le aporta codearse con putos diseñadores, fotógrafos, publicistas e influencers. Les gusta traer productos precocinados y cutres porque les aportan esa imagen de “estar liados” y de no sucumbir a las normas básicas de protocolo entre amigos —currárselo mínimamente—, esa imagen de “cutre con zapatillas de 200 euros” les fascina.

UNA LITRONA DE CERVEZA

No le interesa comer, solo beber. Más tarde ha quedado con unos amigos —para beber— y solo aprovechará esta incómodo evento social para “tajarse” un poco, para prepararse para la noche. Su litrona, sus normas.

UN BUEN VINO QUE NO LE IMPORTA A NADIE

Ese ser que llega solamente con una botella de vino y que no para de decir indirectamente que le ha costado una pasta y que “guay que haya gente que haya traído solo una lata de aceitunas de menos de un euro, pero que conste en acta que me he gastado lo mío en traeros un buen vino”.

El tipo, sin que nadie se lo haya pedido, empieza a narrar las cualidades y maravillas del vino y el maridaje ideal para degustarlo —“aunque bueno, hoy aquí nada puede maridar a la altura de este vino”—. Más tarde, cuando está completamente borracho de haberse bebido solo la botella de vino que nadie quería —la gente tira de birras, no me jodáis— le dice a otro tipo que la botella se la dieron en la empresa cuando le despidieron, y que lo buscó por Google y que tampoco era la hostia, que es un vino de tres euros. “Esos hijos de puta me despiden y me dan un puto vino de mierda de tres euros”, dice.

CÓCTEL DE ACEITUNAS

Esta tipa está pasando una mala época. Poco curro y poco dinero. Decide decantarse por uno de esos combinados enlatados con aceitunas, pepinillos, cebollita y todo eso. Al ser un producto que incluye cierta variedad de manjares dan el pego y además aportan esa sensación de “fiesta” que tanto necesita un evento culinario de este tipo. La relación utilidad/precio es fascinante, la mejor opción. Eso lo sabe, lleva meses atendiendo a fiestas con el truco del “cóctel de aceitunas”. Durante la cena su humildad le impedirá comer nada de lo que hayan traído las otras personas —“no quiero estas deliciosas croquetas, gracias, no tengo mucha hambre”, mientras SE MUERE de hambre, porque esto es lo que considera más justo.

hummus Mercadona

Foto vía el Facebook de Simply Greek

EL PESAO QUE TRAE UN HUMMUS DEL MERCADONA Y DICE QUE ES EL MEJOR HUMMUS DEL MERCADO, QUE LO LEYÓ EN UN ARTÍCULO Y LO DICEN EXPERTOS EN HUMMUS

Te dirá mil veces que es “el mejor hummus que existe”. Joder, el hummus casero se hace en 10 minutos y los ingredientes son baratísimos, haz el puto favor de currártelo tú mismo, todos podemos ir a un súper y comprarlo. ¿Es que no tienes ni 10 minutos para dedicarlos a tus colegas?

VERMUT, PATATAS LAY’S GOURMET CON MEJILLONES ENLATADOS Y ACEITUNAS DE MERCADO

Cuidao, que viene el profesional de los vermuts. Cuando llega esta persona con sus gafas de sol y su surtido se supervivencia vermutera sabes que te espera una sesión de egolatría en la que te van a enseñar el truco ese de mezclar las patatas Gourmet de Lay’s —“las mejores del mercado de grandes marcas”, dice— con los mejillones. A la mínima también aprovechará para decir que hace dos días estuvo con Amaia de OT grabando un videoclip para su próximo adelanto. OK. Por suerte se retirará a pinchar música durante toda la velada y no tendrás que soportar su insufrible verborrea, pero sí sus penosos gustos musicales.

FRUTOS SECOS

Gente complicada que lleva comiendo frutos secos desde que salieron de la cárcel.

EL QUE COCINA ALGO MUY CURRADO QUE APESTA A NIVEL VISUAL

Se toma su tiempo, tiene en cuenta a los vegetarianos, veganos y celiacos pero al final nadie, absolutamente nadie, toca sus empanadas de calabaza.

EL QUE COMPRA ALGO YA HECHO EN UNA ROSTICERÍA

El dinero le permite traer una bandeja de sándwiches de autor hechos con foie gras, trufas y bogavante. No está mal, pero todo el mundo ve que es una aportación excesiva para el nivel de la quedada. Todo ese dinero que tiene en su cuenta no le permite interpretar la realidad con claridad. Habría sido mejor que se trajera un pollo asado, además, se habría ahorrado unos 150 euros.

croquetas

Foto vía Flickr | CC BY 2.0

CROQUETAS CASERAS

Como el rey de la tortilla de patatas, el croquetero también se cree el mejor creador de croquetas de España, cosa que tiene un poco más de mérito, pues no todo el mundo controla este arte. La gran diferencia es la humildad. El croquetero no vende sus croquetas ni molesta a la gente contando las virtudes de estas, los croqueteros se quedan en silencio y no dicen NADA en toda la noche, pero curiosamente son los que más follan.

EL QUE COCINA BASURA

Pensó el menú hace semanas. A principios de semana ya hizo la compra y el día antes se lo pasó cocinando. Aun así, trae un pastel de cabracho que, al terminar la cena, solo han tocado dos personas, el anfitrión de la cena, que lo ha probado por pena, y el mismo cocinero que lo ha hecho. Al terminar la fiesta le comentan si quiere llevarse el pastel a casa, “que queda mucho y te arregla un par de comidas” pero el invitado se niega porque entiende que aceptar la propuesta es poco educado, mejor que lo disfruten ellos. De camino a casa piensa que quizás sí que tendría que haberse llevado el pastel, que no estaba tan mal y mañana seguro que le volvería a apetecer. O podría llevárselo a su padre enfermo, que está en el hospital desde abril y le encanta el pastel de cabracho porque le recuerda a su infancia, y pensar en la infancia en esos momentos cercanos a la muerte siempre ayuda. Pero el pastel se quedó en esa casa y terminó tirado en la basura.

UN POSTRE DE MIERDA

Una tarta de limón. Un helado. Una macedonia. Unos Donettes. Traigas lo que traigas, la gente estará tan empachada de Boca Bits y quicos —o sea, de comida de mierda— que nadie se atreverá a probarlo. Ahora lo que toca es beberse todas las cervezas y licores y salir de fiesta y perder el móvil, nadie quiere abrir esa maldita Comtessa.

NADA

A veces, lo más sensato será no traer nada. Tampoco se nota tanto que no llevas nada y, de hecho, siempre puede pillar una bolsa de plástico y llenarla con bolsas de plástico y, al llegar a la casa, decir “¿Dónde dejo esto?” y que te señalen la cocina. Ahí te guardas las bolsas en los bolsillos de la chaqueta —para aprovecharlas para otra cena en la que “tengas que traer algo”— y te vas al salón a disfrutar de la velada. NADIE se enterará de nada y nadie te preguntará qué has traído porque nadie lo hace por vergüenza. Además, como todo será cutre, malo o ya no quedarán de esas croquetas tan buenas, pues será como una venganza por adelantado por toda la basura que ha traído la peña.