Cuál es el mejor material con el que limpiarse después de masturbarse

El material donde os corráis definirá vuestra forma de entender el mundo.

por Pol Rodellar; ilustración de Teresa Cano
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11 Marzo 2019, 5:00am

Foto de portada por Teresa Cano

Los procesos. Al final todo se trata de simples procesos. Hacer una cosa y después la otra, crear capas de acciones que resulten prácticas para un fin concreto. Ahí va un ejemplo: resulta que tenemos ganas de masturbarnos, entonces vamos a la cocina, arrancamos dos cuadraditos de papel del rollo de cocina, cogemos el móvil, nos tumbamos en la cama, nos bajamos los pantalones, escribimos “pornhub” en el navegador (“nueva pestaña de incógnito”), buscamos vídeos, los visualizamos, nos tocamos los genitales y luego eyaculamos encima del papel de cocina, superficie que también aprovecharemos para terminar de asearnos.

De este proceso quiero hablaros. Del proceso masturbatorio de los hombres. Lo siento, chicas, esto, de nuevo, solo trata sobre nosotros. Aunque quizás os interese poder penetrar en la intimidad sexual de los hombres, al final, con todo esto, con este artículo, todos salimos ganando. La información es poder, ¿no? Claro que sí.

Pues eso, muchas veces hacemos las cosas sin pensarlas del todo y aceptamos estos procesos como por defecto, pero, ¿es nuestro método el mejor método para masturbarnos? No hay nada peor que las rutinas ni las costumbres, pues a veces nos hacen asimilar procesos que quizás no sean los más correctos. Hacemos ciertas cosas porque siempre hemos visto que el resto de la gente las hace así, forman parte de lo normal, de lo que se supone que tenemos que hacer. Pues eso, quizás no nos hemos parado a pensar, intensamente, si el material en el que nos corremos y con el que nos limpiamos es el mejor para nuestras necesidades. No es lo mismo correrse en un papel de váter que en un bloque de metal. Pero lo que es evidente es que ahí fuera hay un material perfecto en el que corrernos.


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Pero antes de nada, hay que concretar nuestras necesidades para saber qué materiales son los más idóneos para nosotros. No todos buscamos lo mismo para articular nuestro cum rag perfecto. ¿Nos preocupa más la absorción o la capacidad de lavado? ¿Queremos evitar generar residuos? ¿Necesitamos desplegar una gran superficie que pueda abarcar una eyaculación descontrolada? Son muchas las necesidades y muy pocas las soluciones que el hombre moderno ha adoptado.

Los hombres, hasta ahora, se han limitado a utilizar tres tipos de elementos, siendo estos los textiles, los papeles absorbentes y las toallitas húmedas. Dentro del grupo de los textiles encontramos los míticos trapos de corridas (el cum rag clásico que realmente muy poca gente utiliza porque es un concepto demencial), los pañuelos y la indumentaria propia (calzoncillos, calcetines y camisetas).

En la familia de los papeles absorbentes encontramos los ya citados papeles de cocina, el papel de váter o los kleenex —tanto de sobremesa como take away— y, finalmente, está la solución de las toallitas húmedas. El problema es que todos estos sistemas de almacenamiento de semen tienen sus hándicaps. Por ejemplo, con los materiales textiles nos enfrentamos a una compleja tarea de lavado, pues hay que recurrir constantemente a la lavadora (lavar un pañuelo cada vez que eyaculamos en él puede generar mucha pereza, sobre todo si contamos que la frecuencia masturbatoria de algunas personas es enfermizamente elevada) si queremos evitar petrificar nuestros trapitos, porque, esta es otra, tener visitas en casa y que estas descubran un pañuelo de algodón acartonado al lado de la cama no dará muy buena imagen, a menos que nuestra casa esté repleta de perros disecados con pelucas victorianas y nombres de personas esculpidos en sus collares, caso en el que un pañuelo resecado por el semen será el menor de nuestros problemas.

El problema del papel de cocina y de las toallitas húmedas es que los desecantes que pueden contener los primeros y los agentes de limpieza y emulsionantes de los segundos pueden irritar la piel, además de no ser tampoco demasiado absorbentes y de generar residuos. El papel de váter en concreto es poso resistente y puede desintegrarse y pegarse en el glande, generando una imagen no del todo desagradable pero complicada de asear. Si bien estos papeles nos brindan la posibilidad de generar un tapiz enorme sobre la cama para captar todo el semen derramado (juntando papel de cocina podemos incluso cubrir toda la cama), existen mejores opciones de retención de esperma.

En cualquier caso, hay que diferenciar dos momentos clave i) la limpieza del rabo y ii) el soporte en el que eyacular. Muchas veces se utiliza el soporte para limpiar también el pene, cosa que es un gran error. Una cosa es depositar el contenido de nuestros testículos encima de una superficie ideal y otra muy distinta asear nuestro cuerpo. En este segundo caso, un servidor cree que únicamente un buen chorro de agua podrás evitar que vayamos corridos por la vida. Un papel o unos polvos nunca podrán lavar mejor que el agua, así que, a nivel higiénico, lo mejor es sumergir el rabo en un buen manantial de Bezoya (nunca lavaría mis genitales con agua del grifo).

Aclarado esto, otra cosa muy distinta, y más compleja, sería dónde corrernos. Aquí tenemos un amplio abanico de posibilidades. Sin duda, la mejor opción sería eyacular directamente sobre un contenedor orgánico pero pocas personas encuentran placer en masturbarse cerca de la basura.

Sucede lo mismo con correrse en el váter o en el lavabo, no son spots precisamente eróticos y tampoco mola estar en la cama masturbándose y salir corriendo hacia el baño para eyacular en algún sitio. Estos sitios sí que van bien para masturbarse, por ejemplo, en medio de una comida familiar, la mítica paja entre el primer plato y el segundo que te haces cuando vas “ a mear al baño”, fuera de esta posibilidad, la paja en el váter se torna incómoda, fría y triste. Hacerlo en la ducha es terrible, además el semen se solidifica con el agua generando una masa viscosa difícil de destruir y puede que a tu madre no le guste encontrarse con eso cuando se duche. Una buena opción sería correrse en la mano pero en esos momentos poseyaculatorios que requieren calma y descanso, uno no quiere estar pensando en el semen secándose en la palma de su mano.

Pero tranquilos, el bestiario de materiales en los que correrse cómodamente es vasto e inabarcable, limitarse a las tres típicas familias (trapos, papel de váter y toallitas húmedas) es vivir con una venda en los ojos, como ser esos tipos de ahí abajo viendo sombras en la mierda esa de caverna de Platón.

Silicona Materfad

Hablé con Robert Thompson del Materfad, el centro de materiales de Barcelona vinculado al FAD, para que me recomendara los mejores materiales en los que un hombre puede eyacular. Al empezar a hablar ya me recomienda que la mejor opción sería apostar por materiales reutilizables para generar los mínimos residuos posibles, y en concreto me recomendó la silicona, ya “que es un fluido superviscoso y muy denso. Se trata de un monómero continuo, o sea, que está compuesto por una única molécula. Esto significa que se fabrica una larga consecución de grupos de silicio que resultan inertes, generando un material muy estable que no reacciona ni con ácidos, ni con elementos básicos, ni detergentes, ni aceites”, me comenta.

Silicona Materfad

Lo bueno de la silicona es que se le puede dar cualquier forma, y convertirlo en una fina lámina que podemos extender encima de la cama o donde sea que nos masturbamos. Incluso se podría hacer un receptáculo muy hermético del que no pudiera salir ningún tipo de líquido, y por supuesto, totalmente inoxidable. “Además es un material muy elástico y resistente, aguanta hasta 500 grados y se puede meter en un frigorífico, donde puede mantener su elasticidad hasta los -10 grados”, dice Thompson, por si teníamos pensado masturbarnos en el mismísimo infierno o en medio de una tundra nevada. Otra propiedad muy buena de la silicona es que, al ser elástica y nada porosa, es muy fácil de limpiar, mucho más que un tejido repleto de esperma. “A la vez, es muy duradero y por lo tanto utilizarlo supone no generar residuos, porque es totalmente reutilizable”.

Resina Materfad

Otros materiales interesantes y totalmente orgánicos y reciclables serían la resina de pino o el carbono compactado. “La resina de pino es un material natural antimicrobiano y antibacteriano termoformable, descomponible y resistente al agua”, comenta Thompson. “Puede lavarse perfectamente y se le puede dar cualquier forma, incluso dejarlo completamente liso para facilitar el lavado”.

Carbono Materfad

El carbono compactado es más poroso pero es un material totalmente biodegradable, incluso fértil, pues es ideal para generar “tierra negra”, un abono que proporciona un alto nivel de fertilidad. No haría falta ni reutilizarlo, una corrida sobre un recipiente o lámina de carbono y luego solo tendríamos que lanzarla donde fuera sin ningún tipo de preocupación, en fin, todo lo que un hombre siempre ha deseado.

Polvo celulosa Materfad

Si buscamos materiales absorbentes reciclables —en vez de reutilizables—, tendríamos el polvo de celulosa de periódico, que es fácil de compactar. Puede ser raro correrse sobre un montón de polvo o limpiar el semen con trozos triturados de papel, pero es un material “muy hidrófilo —que tiene afinidad por el agua— y sería muy absorbente a la hora de limpiar restos de esperma”, me comenta. Las lanas o los hilos textiles también son absorbentes pero su limpieza resulta mucho más complicada, en cambio el polvo de celulosa, simplemente, se tiraría a la basura.

Luego está el dióxido de silicio en polvo, que a veces se utiliza como arena de gato. Thompson me dice que “es un material muy absorbente, al que le encanta el agua, y también es muy sencillo de compactar, pero no sería una buena idea porque el polvo podría resultar muy irritante a nivel respiratorio, por lo que habría que encapsularlo dentro de otro material”.

Todo esto son materiales difíciles de encontrar y creo que de momento no hay compañías desarrollando recipientes en los que eyacular hechos con estos componentes. Por lo que, si lo que queremos es limitarnos a eyacular en materiales que podamos comprar en un supermercado, el papel de cocina sería una buena opción. “Es un material reciclable, tiene más grosor que un papel de váter convencional o un kleenex y se fabrica con un proceso de compactación (calendering) que le da ese efecto repujado, que, además, genera una modificación topográfica en su superficie que hace que pueda absorber más líquidos al disponer de más superficie por área de papel. También está más comprimido y esto le permite retener más fibras y cantidad de masa, además de que a veces puede contener un polvo desecante que es altamente hidrófilo y puede sacar mucha humedad a nivel microscópico”, concluye Thompson.

Ahora que habéis profundizado un poco más en el interesante campo de los cum rags, es hora de que escojáis según vuestras necesidades y vuestra moral particular. Escoged, pero hacedlo con sabiduría, pues el material donde os corráis definirá vuestra forma de entender el mundo.

Sigue a Pol Rodellar en @rodellaroficial.

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