Este verano, cuidado con la bacteria que se come la carne

Ir a la playa puede llegar a dar mucho miedo.

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ago. 10 2018, 3:15am

Channey

La fascitis necrosante (o FN, el término clínico por el que se la conoce) es una infección bacteriana causada por entrar en contacto con aguas infectadas y es muy infrecuente. Quizá se den varios cientos de casos al año. Este año hemos podido ver varios titulares en los que se hablaba de un músico ruso que murió de FN y de cómo el avión en el que viajaba tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia porque los pasajeros no podían soportar el olor de la carne que se le estaba pudriendo. En estos momentos, un hombre de Nueva Jersey se debate entre la vida y la muerte tras haberse infectado con la bacteria cuando pescaba cangrejos. Si sobrevive, es probable que pierda todas las extremidades debido a la gangrena.

Mi amigo Alan Avery, de 50 años, propietario de una galería de arte en Atlanta, sobrevivió a la FN en 2016. Él y su marido estaban de vacaciones en una playa de Carolina del Norte cuando, según cree, debió de rascarse el abdomen mientras practicaba surf. Una semana después, tenía la zona de la herida infectada, pero ni él ni su médico le dieron mayor importancia. Al cabo de unos días, Alan empezó a tener alucinaciones (causadas por la sepsis, una de las complicaciones derivadas de este tipo de infecciones).


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Alan recuerda estar sentado en el porche de su casa y ver que las esculturas que tenía en el jardín se convertían en gigantes de tres pisos y empezaban a caminar calle abajo. Como su marido no estaba, llamó a la policía, en pleno estado de paranoia alucinatoria. Por suerte, la policía corroboró que no estaba bajo los efectos de ninguna droga, sino que necesitaba atención médica urgente. Más tarde, los médicos le dijeron a Alan que si llega a pasar unas horas más sin tratamiento, habría muerto. “Tuve suerte de que me detectaran la infección a tiempo”, dice. “Pasé por 11 intervenciones quirúrgicas y me pasé un año en silla de ruedas y caminando con un andador. Tengo suerte de estar vivo”.

La mayoría de los médicos suelen ver, a lo sumo, un caso de FN en toda su carrera, por lo que muchos de ellos no saben detectarla y pueden incurrir en falsos diagnósticos. Aunque no debemos preocuparnos de contraer la FN por la bajísima incidencia de esta infección, sí que hemos de tener presente la importancia de curar bien las heridas.

¿Qué causa la fascitis necrosante?

Hay muchas bacterias de la vida cotidiana que pueden causar la FN, según Colleen Kraft, médico especializada en enfermedades infecciosas de la Emory University. No se trata, por tanto, de bacterias mutantes ni extremadamente raras, las que causan estas infecciones.

“La FN no es más que la presencia de bacterias donde no debería haberlas. Cuando las bacterias llegan a la fascia —que se encuentra entre la piel y el músculo—, es como si llegaran a una autopista desde la que pueden propagarse fácilmente por todo el cuerpo”, me explica Kraft. “Muchas de esas bacterias están acostumbradas a sobrevivir en entornos húmedos, por lo que se reproducen como la mala hierba en la fascia”.

Los sospechosos habituales causantes de la FN son los estreptococos del grupo A, la E. coli, el estafilococo y las bacterias del género Vibrio (una cepa especialmente virulenta que se encuentra en el agua salada). Todas ellas son bacterias que encontramos a nuestro alrededor en todo momento. Es frecuente, por ejemplo, que el estafilococo habite en la piel de personas perfectamente sanas.

A veces es necesario amputar extremidades enteras porque la bacteria se ha propagado por toda la zona

Solo si la bacteria penetra en el cuerpo a través de una herida abierta se crea una infección. Las bacterias atacan a la fascia, destruyéndola a medida que se propagan rápidamente. Según Kraft, las bacterias intentan salir, eliminando el tejido blando a su paso y multiplicándose sin parar. Como este proceso suele ocurrir debajo de la piel, a menudo la bacteria logra difundirse sin que nos demos cuenta.

Kraft señala que la infección se produce rápidamente, no es fácil de diagnosticar y puede llegar a ser muy grave pese a que por fuera no lo parezca. Un síntoma clave de que algo va muy mal es cuando quien la sufre siente un dolor que no es proporcional a la herida.

Kraft asegura que el tratamiento de la FN puede ser muy complicado, ya que los antibióticos únicamente estabilizan al paciente. El tejido infectado con la bacteria debe retirarse. A veces esto significa que es necesario amputar extremidades enteras porque la bacteria se ha propagado por toda la zona.

Las playas con los niveles más altos de bacterias suelen las que tienen agua salada mezclada con el agua que llega de un río porque todo lo que hubiera corriente arriba (incluidos residuos de animales) es arrastrado hacia la playa

Según el CDC, entre 700 y 1.200 estadounidenses contraen la FN anualmente (y una cuarta parte de ellos muere), aunque desde la organización advierten de que las cifras podrían ser más elevadas, puesto que a veces no llegan a tener constancia de muchos de los casos de infección. El CDC lleva un seguimiento de las infecciones causadas por los estreptococos del grupo A, la fuente más común de infecciones de FN.

Esta escasez de datos resulta especialmente preocupante, teniendo en cuenta que todas las demás cepas de bacterias como la Vibrio, la E. coli y la Aeromonas hydrophila abundan en aguas de lagos, ríos, mares, piscinas e incluso bañeras. Esas bacterias son muy peligrosas si se alojan debajo de la piel e infectan el tejido. El año pasado, al menos dos personas murieron de FN. Se cree que un californiano, padre de dos hijos, contrajo la infección a través de abrasiones que se hizo en la mano mientras manipulaba peces que había pescado en aguas infectadas.

¿Cómo saber qué aguas debemos evitar?

La portavoz del CDC Candice Hoffman recomienda no bañarse en lagos, ríos o playas que estén cerradas o sobre las que se haya emitido una advertencia por altos niveles de bacterias u otras situaciones como vertidos de aguas residuales o afloramientos de algas dañinas. También recomienda alejarse de los peces u otros animales muertos en las aguas o cerca de ellas, y no entrar en contacto con el agua si esta presenta un color extraño, huele mal o tiene espuma en la superficie.

Afortunadamente, la mayoría de las masas de agua de uso recreativo son analizadas por agencias de protección medioambiental locales, que emiten advertencias públicas cuando los niveles de las bacterias superan determinado umbral. Hace poco, el Departamento de Protección Medioambiental de Nueva Jersey, en EUA, emitió un comunicado en el que advertía de que 47 playas de la zona presentaban niveles altos de bacterias fecales. Una semana después, dos de ellas cerraron por completo tras no superar otro análisis.

Cuando vayas a darte un chapuzón este verano, no estaría de más que te llevaras estas cuatro cosas junto con el bañador y la crema solar: agua embotellada, jabón antibacteriano, agua oxigenada o alcohol y una venda resistente al agua

El nivel de contaminación se debía a las fuertes tormentas que habían azotado la zona, arrastrando aguas torrenciales con altos niveles de bacterias, según Larry Hajna, encargado de prensa del Departamento de Protección Medioambiental de Nueva Jersey. “Se analizaron las aguas de las playas y se emitió el comunicado. Las dos playas que se cerraron eran playas de río que no superaron el test. Cuando se volvieron a analizar y dieron negativo, se reabrieron al público”.

Las playas con los niveles más altos de bacterias suelen tener aguas salobres, esto es, agua salada mezclada con el agua que llega de un río. Todo lo que hubiera corriente arriba (incluidos residuos de animales) es arrastrado hacia la playa. Es importante repetir que el agua salada también puede contener bacterias que provoquen la FN.

¿Cómo te puedes proteger de esta bacteria?

Hoffman señala que la forma más sencilla de protegerse es tratando una herida correctamente, cuando nos la hacemos. “Actuar rápidamente sobre una herida evita que esta se pueda infectar. Siempre que sea posible, lávate las manos con agua y jabón antes y después de curarte una herida”, añade.

Cuando vayas a darte un chapuzón este verano, no estaría de más que te llevaras estas cuatro cosas junto con el bañador y la crema solar: agua embotellada, jabón antibacteriano, agua oxigenada o alcohol y una venda resistente al agua.

Es importante lavar bien la herida y retirar cualquier cuerpo extraño. A continuación, limpia con cuidado la zona con jabón antibacteriano y vuelve a enjuagar la herida con agua. Por último, aplica alcohol o agua oxigenada para desinfectar la herida. Por desgracia, no puedes simplemente ponerte una venda y volver tranquilamente al agua, ya que de ese modo la bacteria podría quedar atrapada en la venda, aumentando las posibilidades de infección. Por tanto, lo mejor es que te quedes fuera del agua tras haberte puesto la venda.

La rapidez con la que trates una herida es muy importante, asegura Hoffman, porque estas bacterias actúan con suma rapidez. Si te rascas, cortas o pinchas la piel mientras estás nadando, límpiala y véndala lo antes posible. No esperes a estar de vuelta en casa o a después de unas cuantas copas. Si limpias la herida como es debido y rápidamente, reducirás la probabilidad de contraer FN.

¿Hasta qué punto debe preocuparte la posibilidad de contraer FN?

En el área metropolitana de Atlanta, donde yo vivo, está el río Chattahoochee. Una de las actividades más populares de los residentes en verano es la de bajar por el río montados en flotadores gigantes con los amigos y la nevera llena de cervezas. Mis amigos y yo lo hacíamos casi cada año. Repartidas por ambas orillas del río hay granjas de vacas, lo que significa que cuando llueve mucho, todas las cacas de vaca son arrastradas hacia el río. Cuando el río deja las afueras y entra en la ciudad, empiezas a ver complejos de apartamentos, lo cual implica que las mierdas de perro de los parques, el aceite de coche, el líquido de los contenedores de basura y cualquier otro desecho humano va a parar también al río.

“Es prácticamente como nadar en una alcantarilla”, señala Kraft, que no deja que sus hijos hagan el descenso del río. Hace poco, una amiga suya se cortó bajando por ese mismo río y acudió a Kraft para saber si debía preocuparse mucho. Kraft le recordó que es muy poco probable que contrajera la FN y le recomendó que vigilara la herida y fuera de inmediato al médico si tenía mala pinta. Kraft también apunta que la mayoría de la gente que esté sana no tiene que preocuparse demasiado por nadar en esas aguas. Las infecciones de FN son más comunes en personas con factores de riesgo como la diabetes, las inmunodeficiencias, otras infecciones recientes o la edad avanzada.

Me quedo algo más tranquilo, aunque a partir de ahora siempre voy a consultar los informes bacteriológicos de las aguas en las que vaya a nadar y procuraré curarme bien cualquier herida que me haga, sin importar cuántas cervezas me haya bebido antes.

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