Sinéad O'Connor nunca ha sido tímida
Foto vía Noisey Us

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Sinéad O'Connor nunca ha sido tímida

Después de haber subido un par de angustiosos videos la semana pasada, vale la pena recordar que la valentía y la vulnerabilidad siempre han sido centrales para la música de O'Connor, al igual que lo han sido con sus interacciones con el público.

Este artículo fue publicado originalmente en Noisey US*

Sinéad O'Connor, usando sus propias palabras, se está "volviendo loca". Lo hemos visto antes, con Lauryn Hill, Michael Jackson, Kanye West. La prensa se mete y comienza a tirarle a un artista y millones de minions se le unen en redes sociales. El artista –sensible, vulnerable, humano y, como la mayoría de las personas del planeta, susceptible a enfermedades mentales– sufre, y en su caso públicamente. La intimidación se intensifica, el sufrimiento se profundiza, y finalmente, como Sinéad O'Connor hizo la semana pasada, el artista llega a su nadir. "Estoy viviendo en un motel en el culo de Nueva Jersey", dijo en un video que subió a Facebook. "Tengo una condenada piedra en los riñones, estoy sola y no hay nadie en mi vida más allá de mi doctor".

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Habiendo seguido su carrera desde su cover a "Nothing Compares 2 U" de Prince de 1990, el video me pareció angustioso, mas no sorprendente. Sinéad O'Connor siempre ha sido inteligente, sensible y, a diferencia de muchos de sus pares, no tiene un enfoque estratégico, y se niega a auto-censurar sus opiniones y sentimientos. Antes de los ochenta, cuando el control corporativo sobre los artistas era casi absoluto, a un artista se le permitía ser abierto y franco. Hoy en día, la vulnerabilidad, la honestidad y la volatilidad son cualidades que los artistas deben simular, en lugar de encarnarlas genuinamente, y aunque la mayoría de nosotros sufrirá de alguna enfermedad mental en algún momento de nuestras vidas, tales problemas se presentan como anormales, desvíos que deben ser castigados. Como O'Connor dijo en 2012 en el show de Graham Norton, "vivimos en un mundo donde la locura es un término de abuso". En cambio, son la perfección y la pulcritud las que parecen ser requeridas.

En 2013, O'Connor llevó este argumento más allá. "Los medios de comunicación definen lo que es loco y lo que no", dijo en la televisión irlandesa. "En el momento en que empecé a grabar discos… las bandas comenzaron a ser censuradas y los artistas empezaron a ser silenciados a través de todo tipo de astutos mecanismo, y si no podías silenciar a ciertos artistas… lo que había que hacer decir que estaban locos… En ese momento muchos de los músicos eran cantantes de protesta… y cuando apareció el rap, ahí fue cuando todos comenzaron a ser silenciados".

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Un ejemplo del tipo de música a la que se refiere, se puede ver en el segundo álbum de O'Connor, I Do not Want What I Have Got, de 1990, y la canción "Black Boys on Mopeds", escrita en respuesta a la muerte de Colin Roach, un negro de 21 años cuyo asesinato, de acuerdo a ciertos grupos de presión, fue encubierto por la policía. "Margaret Thatcher en la TV / Sorprendida por las muertes que hubo en Beijing / Parece extraño que se ofenda / Las mismas órdenes son dadas por ella", canta. "Inglaterra no es la tierra mítica de Madame George y de las rosas / es la casa de policías que matan a chicos negros en motonetas". [Margaret Thatcher's on TV / Shocked by the deaths that took place in Beijing / It seems strange that she should be offended / The same orders are given by her. England's not the mythical land of Madame George and roses / It's the home of police who kill black boys on mopeds].

Como en canciones posteriores, no separa sus opiniones de las emociones propias, relacionando su situación de madre soltera y joven con la de la madre del hombre asesinado: "Y amo a mi hijo y por eso me voy / No quiero que sepa que hay / Algo como la aflicción y el duelo". [And I love my boy and that's why I'm leaving / I don't want him to be aware that there's / Any such thing as grieving]. Pero incluso entonces, parecía saber que era arriesgado expresar sus opiniones: "Recuerda lo que te dije / Si me odian, te odiarán", canta. "Son días peligrosos / Decir lo que sientes es cavar tu propia tumba". [Remember what I told you / If they hated me they will hate you. These are dangerous days / To say what you feel is to dig your own grave].

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Fue en octubre de 1992, después de su aparición en Saturday Night Live, cuando O'Connor se sintió realmente denigrada. Cantó una versión a capella de "War" de Bob Marley con letras tomadas de un discurso de Haile Selassie sobre el racismo, pero eliminó las ahora anacrónicas líneas sobre Angola y Mozambique, sustituyéndolas con las palabras "abuso infantil, sí" y dichas con rabia y frío escalofriante. Al final de la canción, mientras cantaba la palabra "maldad" en una prolongada línea plana, rompió una foto del Papa Juan Pablo II. "Lucha contra el verdadero enemigo", dijo. Con esto efectivamente terminó su carrera como estrella. Al día siguiente, los manifestantes aplastaron cientos de sus discos fuera del Rockefeller Center, y días más tarde miles la abuchearon en un tributo a Bob Dylan en el Madison Square Garden.

Más tarde ese año, O'Connor aclaró su postura en una entrevista para TIME (quien la describió como "impenitente"). "No es el hombre, obviamente, es la oficina", dijo. "En Irlanda… los sacerdotes han estado insultando niños y han abusado sexualmente de ellos por años". En Kenny Live, un mes después, explicó que esto era parte del proceso colonial: "Los ingleses vinieron a este país y nos impidieron educarnos… y luego la iglesia entró y montó todos los sistemas educativos… y eso nos hizo manifestar el abuso doméstico que vivíamos desde "boys don't cry" hasta violaciones…". Al estrechar la mano al final del programa le dijo al conductor, "gracias por ser amable conmigo", dados los dos meses pasados en que O'Connor había sufrido intimidación y odio casi constante, su castigo por hablar sobre los factores que causaron su propio trauma infantil (la fotografía que rompió pertenecía a su abusiva madre). Parecía que aquella mujer, que parecía estar loca pero era sorprendentemente ruidosa, se negaba a tomar su lugar.

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En efecto, O'Connor sigue estando castigada por protestar contra la pedofilia en la iglesia católica, algo que hoy se siente hasta vago y obvio. Durante 25 años, la prensa ha continuado lanzando artículos como 9 locos momentos de Sinead O'Connor, centrados en la controversia y no en su música, una campaña de medios implacable seguida por una campaña social de bullying que, si no es la causa detrás de sus problemas mentales, definitivamente ha sido un factor que los ha empeorado. Es un peligro que Monica Lewinski, que tuiteo su apoyo hacia O'Connor, conoce demasiado bien, describiendo el public shaming (ridiculización pública) como "un deporte sangriento" y declarando que, "había momentos para mí en que parecía que el suicidio era la única forma de terminar el ridículo".

Un efecto trágico de la "locura" de O'Connor es que su música ha sido efectivamente marginada. Ha lanzado siete discos más desde el incidente de Saturday Night Live hace 25 años, incluyendo su más reciente álbum de 2014, I'm Not Bossy, I'm the Boss y el extraordinario Theology de 2007, un disco doble de himnos exuberantes y enriquecidos por el amor con los que intenta "rescatar a Dios de la religión". A través de su trabajo, somos testigos de su dolor, su vulnerabilidad, su alegría y sus anhelos –en pocas palabras, de su humanidad.

O'Connor ha escrito canciones que llegan casi a lo suicida, como "The State I'm In": "Es un largo camino por recorrer / Para salir de esto / Y parece tan fatal", cantaba. "Porque tal vez no pueda salir, de esto". Sin embargo, en ese mismo álbum, Faith and Courage de 2007, también encontramos canciones como "The Healing Room" en la que canta, "tengo un cuarto para sanar dentro de mí / Los amorosos curanderos me alimentan / Me hacen feliz con su risa / Se besan y me dicen que soy su hija". En uno de sus videos de la semana pasada, Sinéad O'Connor dijo: "La fuerza se está cogiendo a mi espíritu, pero no en mi pinche cuerpo". Si alguna vez necesita pruebas de esa fuerza, está en su música, y hoy hay millones de personas que rezan para que se refugie en esas dos cualidades que abundan a lo largo de sus treinta años de carrera: la fe y el coraje.

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