Crisis

Hablamos con adultos a los que todavía les dan la paga sus padres

Recibir una asignación de tus padres siendo adulto era algo propio de la gente adinerada. Hoy día, es más común de lo que crees.
03 Febrero 2020, 4:55am
adults who get allowance
Foto: VICE Staff 

Joe* (26 años) estaba en casa de su novia, cuando empezaron a hablar de sus experiencias en la universidad. Ella había trabajado durante toda la carrera para poder costeársela y se preguntaba cómo se podía él permitir un grado de Derecho en la Universidad de Birming ham, y menos aún un máster de casi 20 000 euros en Londres, donde vivía de alquiler. Fue entonces cuando Joe le confesó que sus padres le echaban un cable dándole dinero.

“Se quedó muy sorprendida”, me cuenta Joe. “Me dijo que no tenía ni idea de que viniera de una familia tan rica y que sentía envidia porque también quería hacer un máster pero no se lo podía permitir. Me supo muy mal que no pudiera hacer lo que quería por culpa del dinero”.



Joe es uno de los muchos millennials a los que sus padres ayudan económicamente pasada la edad a la que se suelen dar asignaciones a los hijos. Un estudio de 2017 llevado a cabo en Reino Unido reveló que el 42 por ciento de los padres siguen dando dinero a sus hijos después de los 18. En otro estudio de 2019, se señalaba que el 58 por ciento de las personas entre 25 y 35 años había recibido de sus padres “préstamos” por un importe medio de 2258 libras (2671 euros). Los jóvenes británicos tienen el mayor coste de vida de toda Europa, con alquileres desorbitados y sin perspectivas de llegar a ser propietarios en algún punto de sus vidas. Con este panorama, no es de extrañar que también les cueste alcanzar la independencia económica plena.

Joe ya está graduado y tiene un trabajo bastante bien pagado y, pese a ello, sus padres siguen enviándole dinero anualmente. “Desde que terminé el posgrado”, me cuenta, “ya no necesito ayuda, pero mi padre me ingresa 1500 libras (1770 euros) al año para echarme una mano”.

“No lo voy anunciando a bombo y platillo”, añade, “pero tampoco lo escondo, porque a mis amigos sus padres también les ayudan”.

"Cuando estudiaba, no me administré bien el dinero y gasté tanto que tengo un descubierto que me va a costar cubrir"

Pero después de hablar con su novia, Joe se dio cuenta de lo ventajoso que podía llegar a ser ese empujón económico. “Creo que la puso un poco triste; estuvimos un rato hablando de lo mucho que tenía que trabajar y lo duro que era para ella”, explica Joe. “Creo que esa fue la primera vez que hablé del tema con alguien cercano”.

Daisy Moloney (23 años) acaba de graduarse de un curso de Dramaturgia y no le parece raro que sus padres le den dinero. “No me dan una paga fija, ni yo tampoco la llamo ‘paga’, pero sí es verdad que mis padres me ayudan bastante”, me cuenta por teléfono. “Me acabo de graduar y ahora mismo tengo una deuda importante. Cuando estudiaba, no me administré bien el dinero y gasté tanto que tengo un descubierto que me va a costar cubrir. Les estoy muy agradecida, porque no es nada fácil ser autosuficiente a los veintipocos en esta profesión”.

Ahora, Daisy vive con sus padres, quienes le dan entre 10 euros para salir una noche y 200 o 300 para toda la semana. “Pero en la uni era como: ‘Aquí tienes 60 euros para comprar comida’”, me dice. “Ahora diría que es más frecuente porque vivo con ellos y ven lo que cobro”.

¿Habla de ello con la gente? “Con mis amigos, que se cachondean de mí”, dice Daisy. “A veces me dicen que estoy muy mal acostumbrada”.

Sally Francis-Miles, portavoz de MoneySuperMarket, cree que cada vez es más necesario que los padres den una asignación a sus hijos pasada la mayoría de edad: “El coste de la vida sigue subiendo, lo que significa que cada vez son más los jóvenes adultos que siguen viviendo con sus padres y recibiendo ayuda económica”, me dice por email. “Para quienes están estudiando, muchas veces esta ayuda es imprescindible para cubrir la deuda que dejan los préstamos universitarios y poder afrontar los gastos básicos”.

“El coste de la vida sigue subiendo, lo que significa que cada vez son más los jóvenes adultos que siguen viviendo con sus padres y recibiendo ayuda económica”

Entonces, ¿estamos hablando de un privilegio o una necesidad universal de una generación que debe hacer frente a un elevado coste de la vida, alquileres desorbitados y pocas posibilidades de hipotecarse para comprar una vivienda?

Kristina Korbelova (25 años) recibe una paga mensual de sus padres desde que estaba en secundaria, pero viniendo de Eslovaquia, se convirtió en una ayuda imprescindible cuando se fue a vivir a Londres al terminar la carrera. “Mi madre empezó a enviarme dinero cuando iba al instituto”, explica. “Eran 160 euros, lo justo para sobrevivir, pero desde entonces no ha dejado de enviármelo”.

Durante la carrera, Kristina usaba la mensualidad y lo que ganaba en Deliveroo y otros trabajos para salir adelante. Después de graduarse, consiguió trabajo en una empresa emergente grande, pero su madre siguió enviándole dinero. “No me llega el sueldo para vivir y no debería ser así”, me explica por teléfono. “No puedo ahorrar. Las facturas me dejan sin blanca. Cuando me enteré de que el impuesto municipal era el doble de lo que pensaba, casi me da algo. Todo va sumando, y no me veo capaz de decirle a mi madre que deje de darme dinero cada mes porque me hace falta”.

Pero no siempre es fácil. “Me da un poco de vergüenza hablar de mis dificultades y luego confesar que mi madre me echa una mano”, admite Kristina. “Soy consciente de que mucha gente ni siquiera recibe esa ayuda”.

Antiguamente, lo habitual era que, al llegar a la edad adulta, fueras tú el que ayudara a tus padres, pero esa dinámica ha cambiado. La proliferación de los contratos de cero horas y la precarización laboral en general han contribuido a que seamos la primera generación en décadas con menos poder adquisitivo que la precedente. Si tus padres son mínimamente pudientes, seguramente la situación no te afecte demasiado, pero para quienes nunca imaginaron verse en la necesidad de pedir dinero a sus padres, puede ser una pesada losa.

“En Eslovaquia tenemos una historia cuya moraleja es: durante la infancia, tus padres te ayudan y te lo pagan todo, y cuando tú eres adulto y ellos ya son mayores, eres tú quien les ayuda”, cuenta Kristina. “Cada vez que tenía que pedir dinero a mis padres lo veía como un fracaso, porque se supone que no debería pasar. Debería ser yo quien tuviera trabajo y ganar un buen sueldo. Me siento como un parásito.

*Se han cambiado algunos nombres.