Sebastiana Cottón Vásquez y  Marllory Chacón Rossell. Ilustración de Michelle Urra para VICE World News
Sebastiana Cottón Vásquez y Marllory Chacón Rossell. Ilustración de Michelle Urra para VICE World News

Cómo una madre soltera se convirtió en jefa del narco en Guatemala

Tres mujeres trabajaron juntas para llevar cocaína de Colombia a Estados Unidos.
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ilustración de Michelle Urra
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traducido por Álvaro García

Artículo publicado originalmente por VICE en inglés.

ZACAPA, Guatemala - Sebastiana Cottón Vásquez había entrado a la casa por voluntad propia, acompañada de algunos de sus aliados más cercanos. Pero ahora se encontraba superada en número y en armas por sus socios narcotraficantes.

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Era 2008 y Cottón Vásquez estaba en el rancho de Waldemar Lorenzana, uno de los narcotraficantes más poderosos de Guatemala en aquel entonces, para desatar su furia por los 3 millones de dólares que sabía que él le había robado. Le había entregado a Don Walde, como ella lo llamaba, el pago por 400 kilos de cocaína. Pero la droga nunca apareció y ahora Cottón Vásquez estaba lívida. Después de gritarse por teléfono, Don Walde le había dicho que fuera a su casa para discutirlo.

Tan pronto como entró a su casona amarilla en el pequeño pueblo de La Reforma, al sureste de Guatemala, Cottón Vásquez —quien relató el incidente durante su testimonio ante una corte de Washington D.C.— supo que había cometido un error. Había cerca de 100 hombres armados en la casa de Don Walde, esparcidos en el jardín alrededor del pórtico donde se encontraban. Un helicóptero sobrevolaba en círculos.

Según Cottón Vásquez, llegó con solo cuatro de sus aliados más cercanos: su primo Max, su hijo Antonio, un socio mexicano llamado Lucas y otro empleado llamado Rudy. Cuando se sentaron en una mesa en el pórtico, los hombres armados se acercaron y los rodearon.

Ella era la única mujer allí.

Don Walde y su colega Don Juancho arrojaron sus armas sobre la mesa y señalaron a Cottón Vásquez y Lucas, respectivamente. Luego comenzaron a gritar y manotear, aparentemente indignados por la acusación del robo. En cambio, argumentaron, le habían enviado la cocaína en compartimentos ocultos en camiones.

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“Cada vez que me movía, ya fuera para ponerme más cómoda en la silla, Don Juancho [un traficante guatemalteco] tocaba su arma”, dijo Cottón Vásquez.

Se levantó brevemente para ir al baño y tratar de que las cosas se calmaran, pero cuando regresó, su primo Max la apartó de la reunión. “Doña Tana, salgamos de aquí”, dijo. (Tana es una abreviatura de Sebastiana).

“Las cosas se han puesto feas”, dijo Max. “Don Juancho me dijo que si haces algún movimiento, cualquier cosa, te va a disparar”. Don Walde y Rudy se gritaban el uno al otro y cuando Cottón Vásquez volvió a sentarse a la mesa, Lucas comenzó a patearle el pie debajo de la mesa. Él le lanzó una mirada y dijo: “¡Vámonos! ¡Vámonos!”. Las cosas se estaban saliendo de control.

Cottón Vásquez, quien raras veces se mostraba alterada, se puso de pie con calma. “El pez grande se ha comido al pez pequeño y lo voy a solucionar”, dijo a los hombres que la rodeaban. “Ya descubriré cómo pagar ese dinero”.

Como intermediaria entre el comprador en México y Don Walde, ahora le debía a su contacto mexicano los 3 millones de dólares que había pagado por las drogas. Los hombres se callaron y la tensión se disipó. Cottón Vásquez y su pequeño grupo se pusieron de pie y salieron ilesos de la casa de Waldemar. Nunca aparecieron ni la cocaína ni el dinero.

La siguiente vez que Doña Tana vio a Don Walde, fuera de la sala de la corte de Washington donde testificó en su contra, fue en la casa del hermano de Don Walde, Eliu, otro poderoso narcotraficante. Cuando Waldemar la vio allí, entró en pánico, recordó Cottón Vásquez.

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“Mire, doña Tana, si me va a hacer algo, hágalo cara a cara porque no voy a quedarme esperando. Veremos cómo nos salen las cosas”, le dijo.

Durante su testimonio en la corte años después, Cottón Vásquez dijo que no se inmutó. “Entonces le sonreí y le pregunté: ‘¿Estás loco o qué?’”.

Pero esa sonrisa era todo menos reconfortante. Una foto de Cottón Vásquez en la corte muestra a una mujer mucho más compleja, con una sonrisa amenazante, burlona y segura, en lugar de alegre. Tenía un toque de violencia. La sonrisa de Cottón Vásquez sugería que no debías hacerla enojar.

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La sonrisa de Cottón Vásquez sugería que no debías hacerla enojar

Una vida curtida con hombres curtidos

Cottón Vásquez no nació en la dinastía del narcotráfico que ayudó a dirigir y eventualmente ayudó a derrocar. Comenzó su vida como una campesina empobrecida en el pueblo de Malacatán en la frontera de Guatemala con México. Vivía en lo que el fiscal antinarcóticos de Guatemala, Gerson Alegría, describió como “un punto estratégico clave” en el narcotráfico internacional: un importante punto de entrada terrestre a México y una ruta marítima vital del Pacífico hacia el oeste.

Su vida estaba curtida, así como los hombres que la rodeaban. Dejó la escuela después del segundo grado, pero evitaba pasar tiempo en su hogar.

“Mi padre abusaba de mi madre delante de mí todo el tiempo. [Él] era alcohólico y no mantenía a nuestra familia”, dijo Cottón Vásquez a la jueza Marcia Cooke durante una de sus audiencias de sentencia en Miami en 2015.

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Cuando tenía 18 años, dijo Cottón Vásquez a la corte, fue secuestrada por un hombre que finalmente se convirtió en su esposo y padre de sus cinco hijos. “[Él] era un hombre muy colérico, violento y dominante. Viví con miedo el tiempo que estuvo cerca”, dijo.

Cuando finalmente la abandonó, Cottón Vásquez comenzó a vender mercancía de contrabando para alimentar a sus hijos. Poco después, se volvió a casar, esta vez con un narcotraficante local. Cuando lo mataron, ella tomó las riendas, según una fuente de una organización rival que habló con VICE World News bajo condición de anonimato. La misma fuente también llamó a Cottón Vásquez una mujer exaltada y violenta. Pero su abogado defensor, William Clay, argumentó ante un juez estadounidense que la geografía, más que el matrimonio o el temperamento, fue la principal dinámica que la llevó al mundo del narcotráfico.

“Solo quiero que lo entiendan”, dijo el abogado a la corte. “Madre soltera, todos estos problemas, una sensación de inseguridad económica y física, por haber sido violada en un país que el Departamento de Estado considera uno de los países más peligrosos de Centroamérica... Es el entorno en el que se encontraba, en una zona rural, dominada por hombres muy machistas, malos, violentos”.

A lo largo de los años, desarrolló una reputación letal en la región. Cottón Vásquez tenía conexiones con el cartel de Digna Valle en Honduras y otras potencias del narcotráfico hacia el sur, en Colombia y hacia el norte, en México. Era un rostro frecuente en Culiacán, donde trabajó con el Cártel de Sinaloa de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

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“Se trata de alguien que era conocida en Guatemala, conocida en México, como una mujer a quien debías temer porque tenía la capacidad de hacer que sucedieran muchas cosas”, dijo la fiscal estadounidense Monique Botero durante la sentencia de Cottón Vásquez.

En México, Cottón Vásquez fue arrestada por las fuerzas federales de seguridad —y posteriormente liberada por razones desconocidas— varias veces, según medios locales. Al igual que la cocaína que traficaba, se movía con fluidez entre San Marcos, en Guatemala, y Chiapas, el estado fronterizo del lado mexicano. Su rol era muy activo y estaba en la vanguardia del negocio del narcotráfico. Almacenaba toneladas de cocaína en su territorio y luego las trasladaba al otro lado de la frontera para sus clientes.

Pero ella solo era un nodo en una red de mujeres en Latinoamérica. Sus aliadas más cercanas eran Marllory Chacón Rossell en la ciudad de Guatemala y Yaneth Vergara Hernández en Colombia. Mantenían una comunicación constante y los mensajes de texto de Cottón Vásquez y Vergara Hernández eventualmente ayudarían a las autoridades de Estados Unidos a derribarlas.

Un problema de 8 millones de dólares

Chacón Rossell, “una de las narcotraficantes más prolíficas de Centroamérica”, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, era la antítesis de Cottón Vásquez. Era tan sofisticada como Cottón Vásquez era humilde y tan estratégica como ella era violenta.

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Años antes de la desafortunada reunión de Cottón Vásquez con Don Walde en el pueblo de La Reforma, Chacón Rossell tuvo su propio encuentro con la familia Lorenzana. Pero si bien el encuentro de Cottón Vásquez significó un momento difícil en su relación de negocios con los hermanos, cuando Chacón Rossell los conoció, marcó el comienzo de una relación hermosa, aunque relativamente efímera.

La primera noche que conoció a Don Walde y su hermano menor, Eliu Lorenzana, Chacón Rossell tenía un problema de 8 millones de dólares esperando en la frontera con Honduras en forma de una tonelada de cocaína.

Las drogas pertenecían a Vergara Hernández en Colombia, pero el trato con el comprador se había venido abajo. Vergara Hernández y Chacón Rossell necesitaban un nuevo inversionista, con rapidez, para volver a comerciar el producto. Chacón Rossell era originalmente una hábil blanqueadora de dinero, pero este era su primer gran negocio de drogas y un primo suyo la había puesto en contacto con algunas de las pocas personas que podían ayudarla. En abril de 2004, Chacón Rossell y su esposo fueron invitados a una finca en el departamento guatemalteco de Izabal (un corredor crucial para la cocaína proveniente de Honduras), en el pequeño pueblo de Playitas.

Fueron recibidos por Eliu y su esposa, a quien se hace referencia simplemente como “Tavi” en los documentos judiciales. Don Walde también estaba allí.

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“Hablamos sobre la logística necesaria para recolectar la cocaína [en Honduras] y entregar los dólares y sobre el precio de la cocaína”, recordó Chacón Rossell años después en la corte.

Mientras Chacón Rossell hablaba aquella noche en la cena, Eliu la evaluó. Su rostro regordete y su cabello con entradas ocultaban su poder como uno de los jefes del narcotráfico más poderosos del país y no estaba acostumbrado a hacer negocios con mujeres. En los círculos de los Lorenzana, las mujeres eran generalmente esposas o novias de hombres poderosos, pero durante aquel encuentro las cosas habían cambiado. Chacón Rossell, sentada junto a su esposo, Jorge, era quien llevaba la conversación. Con poco más de 30 años, cabello largo color castaño claro y tez clara, estaba a un mundo de distancia de los hombres con quienes Eliu solía negociar.

“No te conozco, pero al mirarte a los ojos puedo decir que puedo confiar en ti”, le dijo Eliu a Chacón Rossell. El trato estaba en marcha.

Años más tarde, los habitantes locales aún recuerdan a Chacón Rossell, quien se convirtió en una presencia habitual en los pueblos de Zacapa y Reforma, al sur de Guatemala, haciendo negocios. “Era una mujer con una gran presencia y muy intimidante por el tipo de gente que la rodeaba y la cantidad de personas”, contó Juan, un antiguo miembro de la mafia Lorenzana, a VICE World News durante una visita realizada en Zacapa en marzo de 2021. Juan pidió que no usáramos su nombre real por temor a las consecuencias de hablar sobre sus antiguos jefes.

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“[Chacón Rossell] se movía con seguridad por todas partes. Siempre había alguien en la puerta”, dijo Juan.

La protección de la que disfrutaba Chacón Rossell en Guatemala venía desde arriba: el gobierno guatemalteco.

“Marllory estaba resguardada por la Policía Nacional”, dijo el antiguo miembro del cártel. “La acompañaban tres o cuatro automóviles del Ministerio de Gobernación; era seguridad que le habían asignado”.

Según los reportes, Chacón Rossell tenía una relación muy estrecha con Mauricio López Bonilla, quien fue ministro de Gobernación de Guatemala entre 2012 y 2015. López Bonilla dio luz verde a la protección estatal para Chacón Rossell mientras ella se movía por el país. Incluso se reunieron en una ocasión en la casa de Chacón Rossell a principios de 2013, según los reportes, donde supuestamente le ofreció dinero a López Bonilla para proteger a otros narcotraficantes.

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El rostro de Chacón Rossell no era el rostro habitual con el que los narcos de Guatemala solían negociar. Ilustración de Michelle Urra para VICE World News

No está claro por qué López Bonilla la protegió. Alrededor de la época en que asumió el poder, Chacón Rossell ya había comenzado a colaborar con la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) después de haber sido sancionada en ese país. En aquel entonces, López Bonilla era el contacto de seguridad más importante de Estados Unidos en Guatemala en materia de seguridad y antinarcóticos. Podría haberla protegido en nombre de la DEA, pero no está claro cuándo supo realmente que ella era una colaboradora. Es probable que la DEA no le haya informado a López Bonilla sobre su relación con Chacón Rossell porque ella eventualmente brindó información sobre otra aliada cercana a López Bonilla: la exvicepresidenta Roxana Baldetti.

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Tanto Baldetti como López Bonilla se encuentran ahora en prisión en Guatemala por cargos de corrupción, y una vez que terminen sus condenas, es probable que sean extraditados a Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico. López Bonilla inicialmente aceptó una entrevista con VICE World News a los efectos de este artículo, pero cuando llegué a la prisión militar a las afueras de la Ciudad de Guatemala, había cambiado de opinión.

Chacón Rossell tenía más en común con Baldetti y Bonilla que con los Lorenzana o Cottón Vásquez. Aunque tenía familia en la zona rural de Chiquimula, en el fondo era una chica de ciudad de clase media. Después de terminar la preparatoria, estudió psicología durante unos años antes de abandonar la carrera y comenzar algunos pequeños negocios. Tenía cabeza para los números y antes de dedicarse a la logística del narcotráfico, lavaba dinero mediante la distribución de las ganancias en efectivo de los tratos de drogas por la región.

“Marllory era una persona muy inteligente y brillante con algunas habilidades empresariales de muy alto nivel”, recordó Steve Fraga, quien fue agente de la DEA durante 30 años y pasó gran parte de su tiempo investigando el narcotráfico en Centroamérica. “Creo que fue una persona que vio algunas oportunidades y las aprovechó con éxito. Tenía una mentalidad orientada a los negocios”.

En el apogeo de su carrera, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos la acusó de lavar mensualmente 10 millones dólares de ganancias por narcotráfico. “Las actividades de narcotráfico de Marllory Chacón y sus vínculos con los cárteles mexicanos la convierten en una figura crítica en el narcotráfico”, dijo el director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, Adam J. Szubin, en 2012, cuando Chacón Rossell fue sancionada.

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Su portentosa cena con los hermanos Lorenzana aquella noche se produjo después de que Vergara Hernández, en Medellín, se le acercara en busca de ayuda cuando se vino abajo el trato con el comprador original de la cocaína. Vergara Hernández, el tercer eslabón de la red femenina, es casi invisible. Parece que trabajó de manera independiente de las principales organizaciones de narcotráfico en Colombia cuando estaba en el negocio, pero se sabe poco sobre su vida antes de eso.

Fue Chacón Rossell, después de vender las drogas de Vergara Hernández a los Lorenzana esa noche, quien posteriormente juntó a Vergara Hernández y a Cottón Vásquez. Las tres mujeres se reunieron para discutir un negocio de cocaína que finalmente llevó al arresto de Vergara Hernández y Cottón Vásquez a manos de la DEA en 2014. Chacón Rossell se entregó ese mismo año. Las tres mujeres se declararon culpables y demostraron ser testigos fundamentales en la caída de varios importantes narcotraficantes masculinos, incluidos sus antiguos socios, los Lorenzana en Guatemala.

Falta de respeto masculina

Incluso en la sala de la corte, Don Walde no mostró el respeto que Cottón Vásquez pensó que merecía. Incluso cuando dio su testimonio en marzo de 2016 —testimonio que, según los observadores, fue fundamental para establecer la naturaleza violenta de los hermanos Lorenzana—, Waldemar se burló de ella desde su asiento en la corte mientras hablaba. Estaba tan distraída por el suceso que se quejó ante el juez de que se estaba riendo de ella. El juez la respaldó y acalló las burlas de Waldemar.

Cottón Vásquez sería la última en reír. Su testimonio y el de Chacón Rossell ayudaron a encerrar de por vida a los hermanos Lorenzana. Ambas mujeres salieron de prisión en 2019. Vergara Hernández, quien también se declaró culpable, fue sentenciada a 110 meses de prisión y cinco años de libertad supervisada en junio de 2019. Actualmente está pidiendo su libertad por compasión.

Después de su liberación, Chacón Rossell nunca regresó a casa. Pero las opciones de Cottón Vásquez eran más limitadas y algunas fuentes en Guatemala sugieren que está de regreso en Malacatán.

“Si no regresa a lo mismo, ¿qué más va a hacer?” dijo un antiguo miembro de un cártel rival. “Ella no conoce nada más”.

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Julie López contribuyó con el reportaje para este artículo.

Este reportaje contó con el respaldo de la International Women’s Media Foundation.

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