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Cultură

Por los números

Es muy sencillo ver qué es lo que le molesta al movimiento Occupy Wall Street y a sus tantos seguidores.
23.1.12

No fue sorpresa cuando le pedimos a nuestra red global de contribuyentes que investigara acerca del movimiento Occupy Wall Street y sus franquicias internacionales; muchos expresaron apoyo a su misión de castigar a los banqueros y dormir al aire libre. ¿Quién podría oponerse a estos representantes idealistas, agitadores en nombre de, según sus cantos, el 99 por ciento? Mucha gente, según parece. Encuestas recientes sugieren que un gran porcentaje de estadounidenses no cree en esos llamados a sacar el capitalismo y cambiar a una economía libre de banqueros. Nos preguntamos quién le daría voz a ese 45 por ciento, según el sondeo de Public Policy Polling, con opinión desfavorable ante el movimiento. Sabíamos que si le preguntábamos a Richar A. Epstein, profesor en la escuela de leyes de NYU, asociado en el instituto Hoover de Stanford y libertario verdadero, encontraríamos al Kalle Lasn (el tipo de Adbusters) del movimiento en contra. El libro más reciente de Epstein es Design for Liberty: Private Property, Public Administration and the Rule of Law de Harvard University Press. Cómprenlo, pinches hippies huevones.

Es muy sencillo ver qué es lo que le molesta al movimiento Occupy Wall Street y a sus tantos seguidores. El declive del estándar de vida en los Estados Unidos, las altas tasas de desempleo, y la percepción de que sólo uno por ciento ha sido librado de sus obligaciones, permitiéndoles salir sin daños en este clima económico.

Lo errado del movimiento es que confunde la percepción del mal de la nación con un entendimiento de las fuentes de su declive. Es difícil ver las causas económicas y sociales de prosperidad social e, igualmente, declive social. Se necesita teoría para entender lo que está errado. El movimiento OWS carece de esa teoría, que cuando se entiende correctamente, apunta en dirección opuesta. La economía norteamericana sufre de golpes seguidos, de los cuales no es sencillo escapar. En el fondo, hay una extensiva regulación gubernamental de actividades económicas primarias, principalmente laborales y de bienes raíces. Esta extensiva -y siempre en aumento- interacción con el gobierno ha dejado sin vida a los mercados, y más regulación sólo llevará a mayores tasas de desempleo y un constante declive en los precios de la vivienda. Aumentar la productividad requiere abrogaciones, no más observancia al actual régimen de regulaciones. Las leyes laborales sobre sindicatos, discriminación y salarios mínimos debe ser mínima, si es que no eliminada. El rechazo a permitir embargos y desahucios como normalmente se llevan a cabo, sólo perjudicará los mercados nuevos y viejos de bienes raíces. Del lado macro, no es posible financiar todo un sistema al pedirle contribuciones cada vez más grandes al sector rico. Los impuestos ya son progresivos. Las reservas de capital para invertir se reducen con los altos aranceles. OWS piensa que es posible que se hagan programas de redistribución masiva para una base productiva muy reducida. Eso no es posible.