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Noisey

Música electrónica, geografía y política. Entrevistamos a Elysia Crampton

Conoce a Elysia Crampton, uno de los nombres más interesantes de la música electrónica actual.

por Yann S. Mazy
11 Noviembre 2016, 12:01pm
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A los fans de la música electrónica no les pilla por sorpresa la importancia de los nuevos artistas latinoamericanos en la escena. No sólo en términos de techno, house o cualquier género, sino en el uso de recursos provenientes de la música tradicional de los pueblos latinoamericanos. Hemos hablado ya en varias ocasiones sobre colectivos como NAAFI o Salviatek, pero también encontramos productores que van por libre, gente que utiliza la música electrónica como un vehículo para plasmar su filosofía personal, su forma de percibir el mundo, como una manera de mostrar su interpretación no sólo de problemáticas externas sino también internas.

Elysia Crampton captó mi atención justo por eso, por su manera comunicar su forma de entender el mundo a partir de sus experiencias, algo que puede escucharse en su música y en su discurso. Una vez leí en una entrevista en la que se le planteaba cómo en los entornos artísticos latinoamericanos que trabajan en el extranjero, se puede ver reflejada toda esta ansiedad inconsciente de querer pertenecer y no lograrlo.

Sin embargo esto no se ve en Elysia en ningún momento. Más allá del hecho de haber vivido en distintos lugares durante su crecimiento, creo que esto está más relacionado con un tema de personalidad más que de convicción y de perseverancia (aunque éstos también pueden incidir en menor manera). En una fuerza que nada tiene que ver con la física, sino en una fuerza espiritual que articula su imaginario personal y su manera de relacionarse con todo lo que la rodea; es por eso que quise entrevistarla, para saber más respecto a su manera de pensar y repasar con ella su nuevo disco "Demon City", que estará presentando este sábado en el festival MIRA de Barcelona.

NOISEY: Sé que tus primeros acercamientos a la cumbia se dieron cuando estabas viviendo en Nuevo León; esa noción fue posteriormente permeada por música boliviana, que se convirtió en una influencia recurrente en tu trabajo. Dejando de lado el vínculo emocional en términos de raíces, ¿cuál fue el motivo que te hizo elegir experimentar con esas narrativas que formaban parte de tu vida de una u otra manera?

Elysia Crampton: Hay algo real y ancestral que me empuja, lo mismo que me constituye en un plano material; supongo que es una manifestación en mi intento de navegar por la ansiedad de vivir y sobrevivir a este mundo construido para nosotros por los grandes poderes gobernantes. He llegado a reconocer que es algo antiguo en mí, algo que fue impartido en mi familia como un vehículo para llevar nuestra historia y nuestra verdad, nuestra forma de contacto, nuestro modo de ser en este mundo de paradojas, como cheje: este universo colonial y capitalista que nos dice que no hay nada afuera (o que construye un falso exterior a través de términos como "la madre naturaleza" o "pachamama" -más medios para dominar-) y al mismo tiempo nos avergüenza a menudo hasta el punto que no se tiene más remedio que ceder a sus términos de supervivencia.

Háblame sobre tus experiencias de cuando vivías en Montemorelos, ¿qué tipo de música recuerdas de ese período de tu vida? ¿Hay algún recuerdo en particular ligado a esos días, que haya tenido impacto en ti en términos de influencias? ¿Crees que todos los lugares en los que has vivido te han marcado de la misma manera?

Recuerdo que vivir en Montemorelos era bastante tranquilo al menos en comparación con ciudades más grandes que visitábamos, como Monterrey o la Ciudad de México. Esta quietud perfora mi memoria, como un halo de luz moribundo, resonando a través de la hierba. Una especie de frecuencia que aparece y se mantiene. Desde el principio, mis padres tenían un tocadiscos. Siendo muy religiosa en ese entonces, dentro de la poca variedad de música secular que nos permitían escuchar estaba Michael Jackson, quien sigue siendo una gran influencia debido a eso. Me criaron principalmente con himnos en español y enseñaron a memorizarlos en una edad temprana. Recuerdo que mi madre solía cantar algunos de estos himnos como canciones de cuna cuando tenía pesadillas.


Tu trabajo refleja partes de un abandono cultural que se produce en el territorio norteamericano, donde problemáticas como la de los inmigrantes, la violencia y las limitaciones políticas dialogan entre sí; estos son temas que podemos ver materializados no sólo en E.U., sino también en América Latina, y prácticamente en todas partes, ¿cómo percibes todo esto, habiendo vivido en varios lugares distintos y visto esto desde diferentes perspectivas?

Mi perspectiva está en constante cambio, cambia drásticamente conforme crezco, y me abrazo a esto, incluso si es difícil y contradictorio, siempre comprometida, aislando a veces la relación con mi familia. Mi propia experiencia vivida me dice más de lo que soy capaz de comunicar acerca de (y para) el mundo, y que el excedente de los datos incomunicables es a la vez aterrador y fecundo; maravilloso.

La estructura de la hegemonía es tal, que la mayoría de la lengua (o el espacio de diálogo) que tenemos disponible para comunicar aspectos como la raza, la violencia y la división de clases, es un propósito limitado e inadecuado desde el inicio. Siempre repito esto, pero es importante recordar que tanto en los E.U. como en Perú, los primeros diccionarios se formaron como actos de regulación genocida. Tal vez, usar sonidos sea una forma de hacer frente a tales limitaciones impuestas; una falla en la comunicación de mi realidad con esas herramientas del lenguaje, esas formas de expresión tan defectuosas o comprometidas como otros métodos (como la música, por ejemplo) podrían serlo.


Ahora que no estás viviendo en los E.U., ¿sientes que esas perspectivas han cambiado de alguna manera, la forma en que te relacionas con tus propios procesos de inspiración?

El hecho de perder mis documentos mientras viajaba a principios de este año, hicieron que terminara en el norte de California, lo que me permitió encontrar más trabajo en los E.U. y Europa este año.

Nací en el Inland Empire, en Riverside CA (no Bolivia) Una ciudad con una larga historia de lucha y resistencia queer en ámbitos de la raza morena y afroamericana, una historia que me creó. Espero volver a vivir en La Paz con el tiempo, tal vez cuando tenga más opciones de dinero o de trabajo, pero he oído que es parte de la forma paceño: viajar lejos para trabajar, o navegar por un sistema que fue construido para ser inhóspito... extraño Bolivia. Extraño la forma en que era aceptada y bienvenida ahí y extraño a mi familia y mis amigos. Me gustaría utilizar esta plataforma para reconocer el trabajo que han estado haciendo para la problemática y la justicia queer indígena (Apoyo a Familia Galán, RED TREBOL, TLGB).

Es una de mis metas, que un día los pueda conectar con grupos en E.U., tales como SRLP, Familia: TQLM, y SONG.

Háblame acerca de la transición que tuvo lugar entre E+E y el presente proyecto, ¿cómo fue esto no sólo en un plano creativo, sino en un nivel espiritual e intelectual? ¿Esta transición estuvo ligada a una respuesta emocional de cualquier tipo?

¡Me han preguntado esto muchas veces! Si hubo alguna transición, ¿quizás fue el nacimiento la transición? Todavía hago edits.


En American Drift se escuchan narrativas permeado por tus raíces, pero que a su vez están vinculadas a una exploración de la historia y el paisaje de Virginia. Quiero saber, ¿cómo decidiste estudiar esta perspectiva particular? ¿En Demon City hubo algún proceso similar, en términos de un extenso estudio de la experiencia en un territorio? ¿Hay algún lugar que no está atado a tu pasado en el que te gustaría hacer lo mismo?

Como un registro de mi experiencia particular con el cuerpo y la Geografía — la memoria de mi cuerpo va más allá incluso de mi propia conciencia y su asumida o supuesta 'posesión'—. El álbum también está ligado a una determinada "mirada" hegemónica o umbral, ya que nace en contra, pero dentro de su horizonte —atada a un razonamiento específicamente colonial/excluyente, un soberano analista experto que se coloca a sí mismo en una posición distanciada del objeto cultivado de su análisis—. Una forma de ver, que incluye con la intención de excluir, un modo de contacto que he tratado de eliminar mi familia y que todavía busca activamente silenciar y reprimir a gente como yo, desde adentro hacia afuera y desde afuera hacia adentro.

Parte de la implementación de algo como una narrativa a través de mi música, es un ataque con la anulación histórica y todas las paradojas que vienen con el intento de preservar esas historias, esas voces, esos ruidos, pero también como un intento de dar sentido a cómo se puede sobrevivir a un sistema construido sobre tanto genocidio y aniquilamiento en curso.

No te pierdas a Elysia Crampton este fin de semana en el Mira. Consulta la programación completa en su página web.

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