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Cultură

¿Qué se supone que hagamos con nuestras vidas ahora que el mundo se está acabando?

No hay muchas opciones.
28.3.14

Collages por Marta Parszeniew.

Se nos ha hecho algo común decir que "no hay futuro". Culpamos a la crisis financiera y al desempleo, culpamos la ineficiencia del gobierno que no quiere ayudar, culpamos a nuestros padres y a los padres de nuestros padres, culpamos a las corporaciones y a quien podamos culpar. Y tenemos derecho a hacerlo.

Todos estos problemas retrasaron a nuestra generación y nos dieron una existencia efímera de la que sólo podemos escapar bebiendo, tragando, metiéndonos todas las drogas que se nos ocurran, y picándole a juegos de celular mierderos. Pero, ¿qué vamos a hacer el día en que de verdad todo se vaya al carajo?

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El fin de los tiempos se ha intentado predecir desde que se invento el tiempo en sí. Dios nos iba a matar. El diablo nos iba a matar. La bomba nuclear nos iba a matar. Y ahora los asteroides, el mar o el calentamiento global es lo que nos va a matar. Pase lo que pase, sabemos que vamos acabar destruyéndonos, y eso es oro molido para los medios. La mayoría de la gente tiene algo de interés en saber cómo es que se va a extinguir su especie, y es por eso que las sectas apocalípticas nunca pasan de moda. En otras palabras, el fin del mundo es el Santo Grial de los medios.

Desafortunadamente, cuando abres el New York Times o lo que sea, no se trata sólo de caricaturas bobas espantadas por el Armagedón, sino de científicos que suenan bastante serios. Esto le da importancia no sólo a los temas como la gripe aviar o la lluvia ácida, sino a la idea de terror en sí, que sugiere que la combinación de nuestra glotonería, estupidez y crueldad han jodido al mundo de modo irreversible, para hacer que el único futuro posible sea algo parecido a una película de Michael Bay.

El último estudio que leí, que fue parcialmente financiado por la NASA, "ha señalado que la civilización industrial en todo el mundo podría colapsar en las próximas décadas por la explotación insostenible de recursos y la creciente desigualdad de ingresos".  En otras palabras, ya valimos madre.

Aunque la pregunta que debería importarnos no es tanto el cómo nos hemos autodestruido, sino qué debemos hacer con esa información. ¿Aún podemos hacer algo, o deberíamos ir al patio con unas chelas y esperar a que llueva fuego y reine el caos? Una cosa es que los ancianos escuchen del fin del mundo y sientan nostalgia, y otra muy diferente que los jóvenes escuchen que su futuro desapareció.

Si tienes 20 años, ya no tiene caso. ¿Para qué tener bebés, carreras profesionales, no fumar, formar una familia, la educación, o cualquier cosa que signifique hacer un poco de esfuerzo? ¿Para qué gastar nuestras jóvenes vidas en buscar la estabilidad material y financiera cuando todo se va a derrumbar en 15 años? ¿Por qué no sólo alocarnos y tener sexo con cualquier persona que se nos cruce?

No me sorprendería que pasara. No me parece que seamos una generación reconocida por afrentar la realidad y solucionar problemas, y por si fuera poco, las generaciones anteriores nos dejaron cartas muy culeras para jugar. La idea de una catástrofe global es tan difícil de imaginar que preferimos no hacerlo y mejor seguimos como si nada estuviera pasando, como un fin de semana eterno.

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Nadie tiene idea de qué hacer para enfrentar las predicciones que ahora hacen las instituciones de investigación más respetadas del mundo. Puede que ya sea muy tarde para detener los efectos del calentamiento global, no es que fuéramos a hacer algo de todas maneras. Las soluciones parecen imposibles. Maldecimos a nuestros padres por jodernos el mundo, pero no recuerdo que maldijéramos cuando nos llevaban en coche a la escuela, cuando cambiábamos a la nueva consola o cuando queríamos un nuevo celular. Nosotros no empezamos el fuego, pero tampoco nos interesó apagarlo.

Por lo tanto vivimos en un mundo en el que todos somos culpables y no hay nada que podamos hacer. Convertimos las noticias del apocalipsis en ajenas, algo que nos pasa desapercibido. ¿Para qué nos dicen todo eso? Hemos sabido que los glaciares se han estado derritiendo por años, pero muy pocos han cambiado algo en sus estilos de vida. Sólo hay que seguir como vamos, y con suerte logremos que nuestra desaparición también nos importe un carajo.

Sin duda ha habido muchas falsas alarmas con respecto al fin del mundo, mucha ciencia ficción y poca ciencia. Pero eso no evita que todos los problemas que se acumulan día con día nos lleven poco a poco a la destrucción.

El problema es que todos prefieren pensar que nada pasa, cuando en realidad nos estamos extinguiendo poco a poco. Si no hay nada que se pueda hacer, mejor hagamos lo que hemos hecho hasta ahora: chateando y emborrachándonos hasta que el sol se oscurezca y los pájaros ya no vuelen.

Si hubiera que definir una emoción para nuestros tiempos sin duda sería la apatía: política, cultural de todo tipo. Y ésta continúa aunque la misma NASA nos diga que estamos a décadas de un colapso social.

Pero no hay que preocuparnos. Aún tenemos Flappy Bird. Tenemos a Drake y a Rihanna. Es más fácil comprar hamburguesas que plantas. Todos vamos a morir. Y no hay nada que podamos hacer al respecto, ¿o sí?