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Diego Levy: A través de Weegee, sus fotos de Nueva York me marcaron. En ese momento yo trabajaba como reportero y me tocaba cubrir noticias policiacas. Decidí comenzar una serie, que luego extendí a Rio de Janeiro, Medellin, y la Ciudad de México.¿En qué momento diste el paso entre el fotoperiodismo y la fotografía de autor?
No es que di un paso, simplemente las circunstancias me fueron llevando. Para mi todo está relacionado con el oficio, los proyectos que llevé a cabo fueron por varias razones, pero la fundamental es que siempre necesito estar con la mente en algo. Algo que me motive, y eso incluye todo: fotografía de autor, fotoperiodismo, vídeos y películas.¿Qué te motivó a hacer CHOQUES?
Me llamaban mucho la atención los choques, y en Buenos Aires tenemos un alto índice de muertes por accidentes. Lo más extraño es que eso se vive como algo ya normal, algo que no se puede modificar y me pareció interesante trabajar sobre eso.En el texto que acompaña esta serie hablas de intentar exorcizar tus miedos, ¿cuáles son?
Miedo al imprevisto, a salir de tu casa a trabajar como todos los días y que la tragedia se te cruce en el camino.

Lo hice durante dos años, entre 2006 y 2008.¿Cómo te enterabas de los choques?
Me levantaba bien temprano y escuchaba en la radio, ahí daban la información de los accidentes. Muchas veces llegaba al lugar y ya habían retirado los autos y otras llegaba a tiempo y podía fotografiar.
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La idea fue hacerlas sin gente, así que antes de hacer la foto, si había alguien por ahí, le pedía amablemente que se moviera.Parece que en las grandes ciudades estamos tan acostumbrados a las situaciones violentas —asaltos, choques, muertes— que pasan inadvertidas, como si fueran casi invisibles, situación que cambia al ponerlas en un contexto diferente como lo es un libro o una galería. ¿Qué esperas de tu público y cuál ha sido la reacción de este?
Espero la reflexión, pero no soy ingenuo. No creo en que la fotografía pueda cambiar nada, por lo menos no en lo inmediato. Pretender modificar conductas en las grandes ciudades con una exhibición o un libro es pedir demasiado, creo que eso va a llevar muchos años, y quizás algunos trabajos puedan aportar algo a ese cambio.

El primer paso que di fue por la tecnología, la misma cámara que usaba para fotografiar grababa video de altísima calidad, así comencé a experimentar en un formato que mezclaba video y fotografías. Luego me junté con mi hermano menor y comenzamos a registrar la vida cotidiana del negocio de nuestro padre, una sedería que vende telas para novias, y de ahí salió nuestra primera película, Novias, Madrinas, 15 años.
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Yo lo vivo de la misma manera. Todo lo que aprendí del oficio lo aplico en mis películas, hay diferencias obvias, pero la mirada y el registro está directamente relacionado con mi manera de fotografiar.¿Cómo ha evolucionado tu trabajo a partir de que comienzas a hacer imagen en movimiento?
Ha evolucionado para bien. Hace mucho tiempo que estaba con ganas de reinventarme y apareció el cine, no le temo a los cambios, sino todo lo contrario, necesito cambiar permanentemente, no podría soportar una vida haciendo siempre lo mismo.¿Cual es el siguiente proyecto?
Estamos trabajando en una nueva película, otra ficción.Lee más en nuestra columna Ojo, mucho ojo.















