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Randal Levenson: Me interesa la forma en que la gente intenta resolver o adaptarse a los problemas de la vida. He utilizado la cámara como instrumento para adentrarme en entornos con los que de otro modo sería imposible o muy difícil interactuar.
En 1971, viajé desde Ottawa a Fryeburg, Maine, para visitar a un amigo, coincidiendo con la feria de la ciudad. Me pasé los ocho días que duró haciendo fotos del ambiente agrícola y carnavalesco de la feria: el ganado y los feriantes que se ocupaban del funcionamiento del lugar. Luego viajé a Topsham, en Maine, para visitar la última feria de la temporada. Esos días dormía y trabajaba en una vieja tienda de campaña de lona que había montado no lejos de la feria.A raíz de ese primer contacto con las ferias, decidí trabajar en un libro que recogiera imágenes de las gentes y los lugares que encontré durante mis viajes a las ferias. Pronto empecé a centrarme en las personas que trabajaban en esos sitios, y en especial en la parte del negocio que no se ve. La última feria que visité fue la estatal de Tennessee, en 1981. El grueso del trabajo lo realicé entre 1974 y 1978, periodo en que tuve tiempo para viajar gracias, en parte, a un par de becas que me concedieron.
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No hay nada de “circense” en las ferias y, de hecho, en general la gente del circo desdeña a los de las ferias. Por otro lado, los feriantes tampoco se relacionan demasiado con los del circo. Son culturas totalmente diferentes. En un circo casi todo el mundo tiene su nómina, pero en las ferias, a excepción de algunos ayudantes, la gente cobra su sueldo en función de los acuerdos privados a los que haya llegado con el promotor principal de la feria.
Emmet era todo un caballero, una persona muy especial, probablemente la más noble e inteligente que haya conocido. Al principio me costó acercarme a él y rehusaba la idea de ser fotografiado. Con los años llegué a conocerlo mejor y logré que se abriera a mí y compartiera su historia. Hablamos sobre economía y sobre su procedencia. Me dijo que estaba bastante bien, que tenía varios apartamentos en Alabama con los que obtenía un dinero y que lo de los espectáculos lo hacía para sacar un extra. No estoy seguro, pero creo que muchos de ellos también cobran una pensión por discapacidad. Pero eso no quiere decir que su trabajo no sea extremadamente duro. Todos estaban muy cansados de haber pasado tanto tiempo en la carretera.
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Para ellos subirse al escenario no tenía nada de emotivo, se trataba simplemente de subir y mostrarse a la gente.Su segunda vida se desarrollaba al margen de la feria. Debo decir que todos ellos buscaban desesperadamente formar parte de la sociedad y llevar una vida “normal”: tener una casa, familia, etc. Fuera del escenario eran personas normales y la mayoría eran muy inteligentes.
Trabajo con una gran cámara con trípode y una tela oscura. A veces tengo la sensación de estar “inmortalizando” a los que permanecen un tiempo quietos. Diría que Walker Evans ha sido una gran influencia, así como Ansel Adams, con sus libros sobre la técnica de revelado en cuarto oscuro. También Robert Frank, con sus fotografías de la sociedad de EU, y Rembrandt y Goya por las composiciones y la luz de sus obras, y por sus retratos.
¿Lo distinto? Fotografié a esas personas como si fueran gente normal. La mayoría me parecen personas muy nobles. Trabajé con ellos a diario y aprendí a tener conversaciones más profundas y a vivir un poco mejor con mi trabajo en la carretera. También aprendí a usar ejes de coche clavados en el suelo para montar las tiendas de la parte trasera de los escenarios. Eso me lo enseñó Willie “Popeye” Ingram.
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Tuve la oportunidad de pasar un tiempo con los tres últimos espectáculos independientes que quedan: Hall & Christ’s Wondercade, el espectáculo de la familia Wanous, en Alabama, y el espectáculo de Whitey Sutton, dirigido por Elsie Sutton desde la muerte de Whitey. Una vez al año voy a visitar a Hall y Christ y al pequeño Pete Terhune y de vez en cuando hablo por teléfono con un par más de artistas. Supongo que muchos de ellos, como Emmet, ya no están.
Estos espectáculos entretenían mucho a la gente, más que en el teatro o el cine actualmente. A veces había gente entre el público tan atónita que acababa desmayándose. Normalmente eran mujeres, aunque no siempre. A veces dejaban al público acceder a la parte de atrás. El poder del espectáculo era tal que se establecía una especie de conexión. Recuerdo a un tragafuego que tenía mucho encanto y que también trabajaba en la recepción de una oficina de IBM.