¿Por qué los festivales electrónicos quieren parecerse a parques infantiles?
Insomniac

¿Por qué los festivales electrónicos quieren parecerse a parques infantiles?

"Somos una generación que no está lista, porque se niega a crecer".
23.1.17

Sigue a THUMP México en Facebook


Este artículo se publico originalmente en THUMP Colombia.

En el último par de años, la oferta de festivales electrónicos en nuestro país ha ido en aumento, con diferentes propuestas en términos musicales y de experiencia festivalera. Sin embargo, en algunos a los que hemos asistido hemos encontrado un patrón, un fenómeno interesante: muchos festivales están incluyendo elementos de playgrounds o parques infantiles en sus espacios, mientras la música suena y los DJs tocan en sus escenarios.

Publicidad

No deja de ser curiosa una atracción infantil en medio de un festival de música electrónica, así como lo que esta genera en el público: las filas interminables para montarse ellas, cuya entrada siempre es gratuita (como la del bunjee en el Baum Park, que nos quedamos sin probar) y que esta misma espera obligue a las personas a esquematizar un itinerario para poder turnar su noche entre los DJs que quieren ver y los juegos que quieren probar.

Además, hay algo visualmente mágico en la combinación festival de música/parque de diversiones: ver a a una turba vestida de negro, con gargantillas, maquillajes oscuros y plataformas intimidantes, rompiendo el ambiente aparentemente hostil con una sonrisa de oreja a oreja cuando se tiran a una colorida piscina de pelotas, aferrándose a carcajadas en el toro mecánico y gritando de adrenalina al ser disparados a cinco metros de altura en un bunjee. Muchos de nosotros también hicimos parte del amado ritual de sentarse alrededor de los juegos y burlarse de las víctimas de turno o incitar al pana con más cervezas encima a montarse para reírnos cuando se caiga o, en el peor de los casos, se vomite. No importa a qué bando pertenezcamos, la verdad es que todos consideramos, así fuera por breves segundos, el hecho de probar la experiencia. Y también debemos reconocer que el hecho de pensar e incluir estos elementos a la hora de diseñar la arquitectura es algo relativamente nuevo en los festivales, por lo menos los colombianos.

Fotografía: Julián Gallo.

En nuestro radar de 2016 hubo varios casos. Tuvimos en representación de los rolos al Festival Estéreo Picnic con su tradicional piscina de pelotas y al Baum Park con sus toros mecánicos y su "bunjee jumping"; en el caso de Medellín estuvo el Breakfest, que se realiza de hecho en un parque de diversiones, sus carros chocones y sus ruedas de la fortuna; y en el Valle está The Zoo, un festival que lleva haciéndose desde hace más de dos años, lleno de animales coloridos de madera y una ruda de la fortuna gigante de cocodrilo.

Pero más allá de disfrutar estas atracciones, las mismas nos generan una cantidad de preguntas. Porque si algo es cierto, es que la inclusión de cualquier elemento interactivo dentro del diseño de un espacio implica la aparición de nuevos códigos y dinámicas sociales, que siempre vale la pena analizar y resaltar. En este caso, ¿qué significa que nuestros festivales favoritos de música electrónica estén incluyendo elementos que evocan a nuestros primeros parques infantiles, o a los parques de diversiones que más nos gustaban de chiquitos?

Fotografía: Cesilio.

Podría haber un millón de respuestas. Nosotros nos decidimos por dos: la primera de ellas, es el sentido de estos elementos como instalación artística, y la segunda de ellas es su sentido como fenómeno social. La primera respuesta puede tener su respaldo en un referente de hace años, creado por el estudio de diseño londinense Pearlfisher. El estudio realizó un proyecto llamado "Jump In" donde, en una intento por pensar estos playgrounds como una instalación artística, llenaron un espacio con más de 18,000 pelotas blancas para que los adultos pudieran sumergirse. La intención del estudio era promover el poder transformativo del juego, y fijar la consigna de que donde reside la transformación por medio de la experiencia, también reside el arte.

Somos una generación que no está lista, porque se niega a crecer

¿Pero qué pasa si no se trata de eso y los promotores de estos festivales no se la pensaron tanto, o tenían como objetivo desenterrar memorias infantiles y sentimientos primarios por parte del público? Si se tratara de eso, los juegos harían parte de ese enunciado que ya quedó como una sentencia para la gente de nuestra edad: somos una generación que no está lista, porque se niega a crecer.

Fotografía: Julián Gallo.

Aunque esta no tiene que ser necesariamente nuestra condena. También podríamos verlo de una manera más optimista, y pensar que somos una generación cuya lógica logra armonizar la niñez, la adolescencia y la adultez dentro del mismo paquete. Alan Bryman, ex rector y profesor del departamento de ciencias sociales de la Universidad de Loughborough en el Reino Unido, desarrolló un término sociológico que él denomina la Disneyización, el cual explica como "el proceso en el cual los principios del parque de Disney empiezan a dominar cada vez más sectores de la sociedad americana y el resto del mundo a su vez". Esta explicación se basa en cuatro pilares, y el que podría explicar nuestro actual gusto por las atracciones de nuestra niñez es el que Bryman clasifica como la "tematización", proceso en el cual se ambientan los espacios de tal manera que las personas se sientan identificadas con elementos universales de su infancia. Así, los festivales con estos juegos estarían generando una cohesión inmediata y necesaria de nuestro presente (la música techno) y de nuestro pasado (los parques infantiles).

En fin. Buscarle un sentido al porqué de estas ruedas de la fortuna y toros mecánicos nos puede llevar a una discusión de mil conclusiones. Sin embargo, también es válida la visión inocente de entender los festivales como una experiencia multisensorial, interactiva, en la cual prima la exacerbación de los sentidos y el no limitar la diversión a los discursos de la edad. Al final del día esto nos alegra mucho, porque algo que sí sostenemos es que a la hora de vivir la música, todo se vale, amigos.

Continúa leyendo:

Los mejores momentos desde EDC México 2016

Guía de supervivencia para EDC México

Mira este rave para niños en… ¡1997!