Comer cabezas humanas como arte
All photos by Paola Guzman.

Comer cabezas humanas como arte

Las cabezas de Simone Mattar no contienen sesos. En su lugar, están rellenas de queso, chocolate y mousse de berenjena, y tienen la intención de que sus comensales reflexionen sobre el sentimiento de no pertenencia.
2.5.16

El ambiente adentro se siente como el de un culto caníbal. En un cuarto oscuro, más de 50 personas observan desde arriba, 35 cabezas humanas iluminadas y colocadas sobre una mesa grande, servidas como un banquete. De pronto, las cabezas comienzan a parpadear, hablar, mirar a los lados. Es en ese momento, los comensales presentes reciben pequeñas cucharas para remover y probar las cabezas.

Aunque la escena podría provocar alguna salivación zombie, las cabezas en cuestión no contienen sesos. En lugar de ello, vienen en cuatro sabores diferentes: mousse de berenjena ahumada, pasta de chile y nueces; chocolate oscuro cremoso, mousse de paçoca (dulce típico brasileño) y cacahuates crujientes; mousse de queso con jitomates rellenos de pesto; y finalmente, maíz dulce cremoso, mermelada de guayaba y praliné de coco crocante.

{©2016, paola guzman photo}

Todas las imágenes son de Paola Guzman.

Estos platillos con forma de cabeza son parte de Thirty-Five Fragments, un espectáculo interactivo hecho por la artista gastronómica Simone Mattar para la feria SP-Arte de Brasil, llevada a cabo en São Paulo este mes.

Las esculturas con forma de cabeza se colocan en puntos específicos sobre una mesa grande cubierta con tela negra. Encima de ellas, Mattar proyecta videos de 35 personas que entrevistó sobre su sentimiento de no pertenencia. Entre ellos está Alexandra Loras, la cónsul francesa en São Paulo, quien habla acerca de ser una mujer negra francesa y madre de un hijo rubio en Brasil, un lugar donde ha notado un racismo fuerte pero velado. Otro es el hijo gay de un político importante de un país árabe, donde la homosexualidad no es aceptada.

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Mattar dice que servir las cabezas como comida, es una forma para que los visitantes reflexionen sobre sus propios sentimientos de no pertenencia en el mundo contemporáneo. "Mientras las cabezas parlantes comparten aspectos importantes de su vida, los visitantes se las comen sin preocuparse de su discurso, sino solo si son dulces o saladas" , dice. "Hay una cita de Clarice Lispector, una famosa escritora brasileña, que cambió mi vida y fue una inspiración para la exhibición. Dice más o menos así: 'La vida te da pizcas de pertenencia, solo para que te des cuenta de que no perteneces a nada'. Es tan profundo, porque de hecho nos sentimos muy poco acogidos".

{©2016, paola guzman photo}

Simone Mattar.

Muchos de los visitantes solo miran las cabezas, mientras algunos, los más aventurados, empiezan a mordisquear sus ojos. Recibo mi cuchara y pruebo el mousse de queso primero. Luego, husmeo en otra frente y pruebo un poco del chocolate cremoso. Ambos saben bien y tienen una textura, que pienso, podría ser como de cerebro humano.

La decisión de trabajar con mousses vino de la necesidad de esculpir platillos en forma de cabeza humana. Con un equipo de casi 70 personas, Mattar tenía suficiente tiempo para convertir sus ideas en recetas que no solo fueran comestibles, sino ricas. Su mano derecha es Naroa Madales, una ingeniera aeroespacial catalana. "Creamos un molde de silicón en 3-D para elaborar las recetas en forma de cabeza. Las cabezas comestibles se guardan en un congelador industrial durante 20 minutos a -42 grados centígrados, y la piel está hecha de agar (gelatina de origen marino) y gellan (gel obtenido de la fermentación de almidón)", explica Madales.

{©2016, paola guzman photo}

Un trabajador con una de las cabezas lisas.

Mattar se llama a sí misma "gastroperformancer", no artista. "Estoy tratando de crear una intersección entre el arte, el diseño y la comida, usando recetas como mi plataforma de expresión", dice. Para ella, la comida usualmente no converge como expresión artística, pero es algo que está intentando cambiar. "Busqué muchas referencias en el Expresionismo, un movimiento artístico que trató de enlazar muchas expresiones, como el teatro o la danza. Me permite sacar mis ideas respecto al acto de comer", agrega.

Desde el 26 de abril al 9 de mayo, Mattar formará parte de otra exhibición en Kiev, Ucrania, en honor a las víctimas del accidente nuclear de Chernóbil, llamada Clouded Lands. Se unirá a 11 artistas de Perú, España, Rusia y otros sitios, del colectivo Food of War, y entre todos intentarán reflexionar acerca del daño que los desastres nucleares provocan en la agricultura o el abastecimiento de comida.

{©2016, paola guzman photo}

Cabeza de la exhibición Thirty-Five Fragments.

Food of War fue creada en 2010 por el artista colombiano Omar Castañeda, que reside en Londres, para reunir a profesionales multidisciplinarios –desde cantantes hasta cineastas– de todo el mundo para concientizar a las personas sobre el impacto de la guerra. Crearon un manifiesto que defiende "la comida como un discurso, como una estrategia, como una declaración, lo que es más, como un menú que represente problemas, desarrolle conceptos, concluya con ideas y estimule el alma dejándola más hambrienta que antes".

"La comida es una gran manera para hacer que la gente interactúe. Tiene un enorme poder, ya sea para unir o separar a las personas", explica Castañeda. "Es por eso que intentamos crear espectáculos artísticos para experimentar con comida y cultura locales, lo que siempre e inevitablemente deja rastros de conflicto en el paladar", agrega. Él es el curador de más de una docena de proyectos de Food of War, como Palestine Pizza, un performance en el cual la pizza se hace en forma de armas usadas en el conflicto actual entre Israel y Palestina; y Food vs Mafia, donde utilizan terrenos y edificios confiscados por la Camorra —la mafia de Nápoles— para cultivar, cocinar y vender productos.

{©2016, paola guzman photo}

Para la exhibición de Kiev, Mattar creó una pieza llamada Dark Cloud, una nube de algodón de azúcar gris gigante esparcida por todo el museo y que los visitantes pueden comer mientras hacen su recorrido. Al igual que las "manzanas envenenadas" distribuidas dentro de la nube.

"Cuando permites que la gente literalmente recoja y coma de la nube radioactiva, experimentan una nueva relación con el horror nuclear sucedido ahí", dice Mattar. "Este es el principal objetivo de mi trabajo: hacer que la gente coma mis reflexiones".