Es hora de hablar sobre el futuro incierto de la escena electrónica en Colombia

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Es hora de hablar sobre el futuro incierto de la escena electrónica en Colombia

Editorial // Llegó la hora de preguntarnos qué escena queremos y si nos interesa trascender y vivir dignamente de la música electrónica.

Hace dos semanas, THUMP Colombia reveló en exclusiva que el reconocido Baum Club en la ciudad de Bogotá dejaría de abrir sus puertas cada fin de semana, según ellos, para entregarles experiencias "más selectas" y "mejor curadas" a su público. Por esos mismos días, también en la capital, Video Club desarrolló Espacio XYZ, una iniciativa que, además de tener en su cartel a respetados nombres como Hunee y Dekmantel Soundsystem, también abrió espacios para cine foros, talleres de producción, diseño y hasta una sesión de voguing. Entre tanto en Medellín, el viernes 10 de febrero, los selectores británicos Ben UFO y Joy Orbison se enfrentaron en un B2B, el cual, según cuentan en el Valle de Aburrá, fue una de las noches más épicas que se han vivido en Mansion Club. También a finales del mes pasado, El Leopardo, el nuevo proyecto del vieja guardia Dani Boom, sacó un EP que ya comienza a crear una nueva y anhelada línea sonora: el techno colombiano.

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Han sido días de noticias de alta tensión. Pero de una tensión saludable que se ha sentido dentro de la pista y, más importante, fuera de ella.

Sin embargo, todo esto nos ha puesto a reflexionar en la redacción de THUMP, a pensar sobre el siguiente paso que debe dar la escena en Colombia y sobre la preocupación de un futuro en donde todo se siga limitando al espacio de la fiesta, en donde sigamos copiando lo que se hace en Europa y reduciendo esta cultura a la sencilla drogada chévere del fin de semana. Sentimos que ha llegado la hora de que los diferentes actores del movimiento en el país nos tomemos esto, digamos, con más profesionalismo. Necesitamos un debate con más fondo, pues, de lo contrario, seguiremos redundando en lugares comunes y genéricos que solo nos conducirán hacia una escena superficial.

Como industria, la escena electrónica colombiana ha tenido un crecimiento ágil y considerable en los últimos cinco años. Basta analizar la cantidad de festivales que convocaron a más de 5.000 personas en 2016: festivales como Storyland, Baum Festival, Baum Bark, Freedom y Sónar. O pensar en la cantidad de fiestas que hay cada fin de semana en ciudades como Cali, Medellín y Bogotá.

Están al alza la demanda y la oferta de música electrónica. El género se abre cada vez más paso en la industria global y así también ha convertido en países latinoamericanos, y sobre todo en Colombia, al popular 'chispún' en uno de los ritmos preferidos de la rumba de la gente de estratos medios y altos. Abundan los números y argumentos que dejan claro que los promotores, los clubes, los artistas y el público están en movimiento.

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Pero ojo: el camino hacia una escena sólida, diversa, inclusiva y con identidad propia todavía se encuentra lejos, y ni siquiera está pavimentado. Por eso es que iniciativas que entiendan la fiesta como una declaración social o política, como un espacio transgresor e incluso académico, deben seguir brotando para que el raver colombiano asimile y viva la cultura electrónica con más conciencia y sensibilidad.

La gente se la está pillando. Hoy por hoy aparecen por doquier artistas sin identidad que no exploran preguntas fundamentales, que se toman los decks solo por una efímera sensación de fama y por un repentino amor a la música. Todavía demasiados eventos y promotores siguen apelando a ese concepto de la 'oscuridad' y así se empeñan en imitar la estética y la temática de la última fiesta de moda en Europa o simplemente no conciben realizar un evento sin un DJ internacional. ¡Qué esnobismo! No aceptemos más la paradoja de unos cuantos colombianos (los líderes arribistas de la escena) que nos imponen un colonialismo cultural. Una paradoja triste, pues buena parte del público se encarga de aplaudirlos por hacerlo. No es verdad que lo de afuera sea lo único que aguanta. Tengamos discusiones que nos ayuden seriamente a trascender nuestra cultura electrónica latinoamericana.

Necesitamos espacios como estos por una razón muy sencilla: ¡Nos estamos quedando sin pistas para bailar!

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Para lograr esto no solo basta debatir, sino que hay que tomar acción. Proponemos que lleguen más espacios de discusión y que facilitemos expresiones de resistencia ante las autoridades para proteger y velar por nuestros clubes (vienen más cierres, como el de Latora 4 Brazos), por nuestras pistas de baile en donde, créanlo o no, nos jugamos el futuro de toda una generación. Necesitamos espacios para el drum & bass, que vuelva el trance, queremos más hardcore y menos cóctel, que revivan los verdaderos raves, los que son clandestinos y que por fin entendamos que la cumbia es nuestro ritmo. Necesitamos espacios como estos por una razón muy sencilla: ¡Nos estamos quedando sin pistas para bailar!

Presionemos para que las alcaldías reconozcan y apoyen iniciativas como Échele Cabeza para que estén presentes en cuanto evento sea posible, en aras del consumo consciente y responsable. Ojalá podamos entender que en el dancefloor nadie es nadie, que es necesario amplificar la tolerancia y la inclusión, poder bailar voguing sin ser tildado de marica y hacerle frente al machismo dentro de la escena. Que el país entienda que la pista de baile se debe convertir en uno de los pocos espacios en donde transexuales, andróginos, negros, mestizos y hasta uribistas y santistas pueden parchar y, sobre todo, probar el hedonismo mediante el beat.

La fiesta: un manifiesto de paz

Una escena sostenible y propositiva flota más fácilmente cuando hay una amalgama de medios de comunicación, artistas, promotores, clubes y público. En THUMP estamos dispuestos a ofrecer las herramientas necesarias para avanzar hacia una escena más democrática. Y así queremos hacer un llamado a nuestros aliados más naturales: medios, colectivos y empresas como Shock, Ravers, Páramo, RE.SET, Baum, MedellinStyle, Video Club, Move, entre otras iniciativas: ¡únanse a este debate! Es difícil que todos empujemos hacia el mismo lado, pero las preguntas no dan más espera: ¿Podríamos repartir mejor la torta para poder vivir dignamente de la música electrónica, sea como artistas o promotores? ¿Nos interesa trascender? ¿Qué escena queremos?

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