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Salud

Qué se siente al contagiarle el herpes a tu pareja

No es lo mejor que te puede pasar.

por Sarit Luban
03 Abril 2017, 4:00am

Estábamos sentados del mismo lado de la mesa en nuestro restaurante de pizzas favorito cuando Dan*, mi pareja, me habló de su reciente visita a la clínica. "El médico me dijo que parece herpes", me explicó. "Pero no lo saben con seguridad".

Varios días antes, me había enseñado una mancha roja que le salió en la piel. "¿Te duele?", le pregunté. Me dijo que no. "¿Te pica?" Tampoco. No sentía nada, simplemente estaba ahí.

No se parecía nada a la constelación de llagas abiertas, cuya punzante aparición entre mis piernas me llevó a visitar el centro de salud de mi universidad hace cuatro años. Ahí, una enfermera, con tan solo un vistazo, me dijo que por los síntomas podría tratarse de un herpes. Tomó una muestra de la zona afectada y más tarde, por teléfono, me confirmó el diagnóstico. No había duda: tenía herpes genital. Y desde entonces, siempre supe que podría transmitírselo a alguien involuntariamente.

No me sorprendió que a mi pareja de tres años le saliera un punto raro en el pene. A pesar de que usábamos condón, que puede reducir a la mitad el riesgo de contagio de herpes, los dos sabíamos que nada puede prevenir por completo que el virus se contagie durante el sexo. Juntos habíamos decidido aceptarlo como parte de nuestra relación. Estaba en paz conmigo misma y tenía cierta experiencia en hablar de salud sexual, por lo que empecé a ver la posibilidad de la transmisión como un puente que cruzaríamos juntos cuando fuera necesario. Sin embargo, no estaba segura de cómo nos sentiríamos si ese fuera el caso.

Nuestra primera conversación fue cero dramática. Acordamos que debíamos pedir cita con el médico para tener una opinión profesional y hacernos las pruebas necesarias. Él parecía estar igual de tranquilo la siguiente vez que hablamos del asunto, a pesar de no tener su diagnostico claro. La idea de haberse contagiado de herpes no parecía asustarlo; sabía el riesgo que corría. Además, no cambiaría mucho nuestra relación. Seguiríamos usando condones, porque yo prefería eso a otros anticonceptivos, y él también lo prefería pero porque le daba más miedo dejarme embarazada que contagiarse de algo. Mientras hablábamos entre bocados de pizza y sorbos de refresco, me sentía orgullosa de nosotros.

Pero en mi mente, cuestionaba mi tranquilidad. Una parte de mí se sentía obligada a disculparse. Y por otra parte sabía que pedir disculpas significaría asumir la culpa por la decisión de Dan de estar conmigo. Me di cuenta de que ninguno de los dos había hecho algo "malo", que nuestra vida sexual compartida constituía una responsabilidad compartida. Aun así, no podía evitar escuchar la vocecita en mi cabeza que me decía que me tenía que sentir horrible. Probablemente él también se sentía mal.

Y eso es porque el herpes todavía está fuertemente estigmatizado. Muchas personas te dirán que lo más doloroso es el estigma, no la enfermedad en sí. Al tener herpes, no solo tienes que aprender a vivir con el hecho de que la sociedad lo ve como algo "malo", sino que también tienes que lidiar con el riesgo de transmisión. Es una carga con la que la mayoría de la gente preferiría no vivir.

Por supuesto, la ironía es que no saber que tienes una enfermedad hace que sea más difícil que tomes medidas para prevenir la transmisión. "Hemos llegado a un punto en el que la gente cree que es mejor no saber", dice Peter Leone, profesor de medicina en la Universidad de Carolina del Norte. "Piensan, Bueno, no se cura, y es algo que debo hablar. Entonces si no me molesta, y si no sé que lo tengo y se lo contagio a alguien, no es mi culpa porque no lo sabía. Mejor no me entero y fin del problema". Y de hecho muchas personas no saben que están infectadas. "Entre el 80 y el 85 por ciento de las personas con herpes genital en Estados Unidos no saben que lo tienen", afirma Leone. "Mucha gente te dará explicaciones de lo que ellos creen tener en lugar de reconocer que tienen una ETS". También muchos son portadores del virus sin experimentar ningún síntoma.

Sin embargo, cuando el herpes entró en mi vida, no lo pude negar, así que opté por reaccionar adecuadamente: se lo dije a mis parejas. Los convencí de hacerse pruebas. Aprendí todo sobre el virus y también compartí con mis parejas lo que aprendí, y en el proceso descubrí lo poco que sabían de las enfermedades de transmisión sexual. Consiente de que las personas que contagian el herpes son consideradas egoístas, mentirosas y despiadadas, traté de hacer todo lo contrario. Me daba miedo que me vieran como el tipo de persona que transmite sin importarle las consecuencias.

"Lo siento", le dije.

"No hay nada que perdonar", me contestó Dan. "O sea, no me importa. Y ni siquiera sé si lo tengo".

La doctora no pudo saber nada basándose en la prueba que realizó, y la prueba de hisopo que le hicieron dio negativo, lo que podría significar que la manchita en el pene de Dan no era una herida de herpes, o que la herida había sanado antes de la detección viral", explicó. "Básicamente me estaban diciendo que mi suposición era tan buena como la suya", Dan me cuenta ahora.

Estuvo cerca de una respuesta definitiva cuando su analítica de sangre dio positiva en el virus de herpes simple tipo 1. Pero eso no sería suficiente para identificar con certeza la mancha misteriosa. ¿Cuál es el problema? Los análisis de sangre no pueden determinar dónde se ubica la infección. Mientras que el HSV-1 se suele asociar al herpes oral, las cifras actuales muestran que aproximadamente la mitad de las nuevas infecciones genitales (una vez atribuible casi exclusivamente al HSV-2, una cepa similar pero distinta) ahora son causadas por el tipo 1, dice Leone. El herpes oral, por su parte, es común y afecta a la mitad o a dos tercios de la población estadounidense. En otras palabras, la prueba de sangre de Dan pudo haber detectado una infección oral igual de fácil que una infección genital.

Basándose únicamente en la prueba de sangre, la doctora no pudo confirmar si la infección de Dan era nueva, si ya la tenía desde hace tiempo, o si ya la tenía antes de conocerme. Además, Dan no se había hecho pruebas para el herpes antes. Como muchas personas, creyó equivocadamente que este tipo de comprobaciones se incluían en las analíticas estándar para comprobar la existencia de ETS. "Los pacientes realmente no saben qué pruebas hacerse", dice Terri Warren, enfermera especializada en el virus del herpes simple y propietaria del Westover Research Group. "La gente supone que si va a hacerse la prueba de enfermedades de transmisión sexual, ahí saldría si tiene cualquiera de las enfermedades comunes, pero muchas veces no es así".

Las pruebas de herpes son caras, señala Warren. Y la tecnología no es muy buena. "Hay falsos positivos en la prueba del HSV-2, y la prueba HSV-1 falla en el 30 por ciento de las infecciones", explica. "Estas pruebas deben mejorar mucho todavía".

Para Warren, la detección del herpes no siempre es realista ni está garantizada. Sin embargo, "estás cometiendo un gran error si no haces pruebas o no comunicas a los pacientes que no estás haciendo pruebas específicas para el herpes", dice. "Es cuestión de comunicar lo que estás haciendo, por qué lo haces y por qué no lo haces."

Pero no todos los centros de atención sanitaria están tan informados sobre el herpes como deberían. "Los médicos ordenan las pruebas equivocadas y no están al tanto de las investigaciones más recientes", dice Warren. "Solo se centran en aspectos más interesantes a nivel médico que a nivel psicológico, como el herpes".

Yo misma me he topado con esto. En múltiples ocasiones, los doctores me dijeron que no necesitaba saber las respuestas a las preguntas que me planteaba sobre mi salud. Y algunos médicos rechazaron mis solicitudes para un análisis de sangre específico, alegando que no me darían información significativa. Al final me rendí; si a los médicos no les importaba qué clase de herpes tenía, ¿quién era yo para discutir?

"Todo comienza a partir de un diagnóstico preciso", afirma Warren (y eso incluye comprobar el tipo de herpes cuando se realizan pruebas de laboratorio), dice en The Herpes Handbook, una de sus extensas guías para entender el herpes. "La gente necesita ver más allá del que se lo contagia". Desafortunadamente, yo había tirado la toalla con los servicios de salud. Por eso, cuando la salió la prueba de Dan, no pude usar mi propio tipo de herpes como una pista para descubrir nuestros respectivos virus.

Las pruebas adicionales siguen siendo una opción que me interesa para nosotros. Pero nunca sabremos si yo le contagié el herpes a Dan, y creo que está bien. Porque el propósito de mi franqueza, de compartir lo que queremos y nuestras necesidades, no ha sido únicamente prevenir la transmisión, sino darle la oportunidad de elegir si quería estar conmigo. Para darnos a los dos esa opción. Y para estar preparados para esto. Consolidamos nuestra confianza para que pudiéramos ser vulnerables el uno con el otro, no solo con nuestros cuerpos.

*Se ha cambiado el nombre.