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No estar borracho en realidad es muy bueno

En realidad no me encanta emborracharme. Me enferma y me pone ansiosa y triste. Nunca fui una gran tomadora de alcohol.
Image via Flickr user andrew_mc_d

No hubo un evento específico que me hiciera ser una (casi) no-bebedora. En realidad no me encanta emborracharme. Me enferma y me pone ansiosa y triste. Nunca fui una gran tomadora de alcohol, incluso en la universidad, porque soy –y siempre lo he sido – un peso liviano total. Dos cervezas y mis fémures se vuelven leche. Pero he aquí lo que he llegado a creer: desarrollar la habilidad de ponerme pasivamente borracho, el poder absorber los dulces humos del etanol que despiden las alegres y rudas personas alrededor tuyo, es una de las mejores habilidades que alguien pueda perfeccionar como ser humano. En verdad puedo ir tan lejos como para decir, que he experimentado los dos tipos de borracheras, y que el emborracharse está sobrestimado.

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¿Por qué? Porque, para mí, y tal vez para un creciente número de personas en el Reino Unido que no se están detonando todos los días, la borrachera pasiva es un plano muy superior al tener que quedarte en una salida de noche o estar fuera de ti. Puedes tomar un par de copas (una si eres como yo), y luego sólo ir con la corriente. Puedes auto convencerte de que los químicos de tu cerebro están cambiando. Por el poder de osmosis, puede pasar: confía en mí. El emborracharte mucho puede reducirte (si, a ti) a un estado de ineptitud de un bebé de ocho meses, tirando palabras a medio formar y profundidad sin sentido sobre ti como un puré de manzana. Pierdes todo el sentido de ti mismo, pensando que suenas inteligente como Will Self. Y todo eso antes de la mañana siguiente, en la que te pones en tus rodillas, con los ojos como una rata recién nacida, despidiendo una sustancia que parece la espuma de mar de Heston Blumenthal en el toilette. En ese punto – estoy por supuesto hablando de mis experiencias personales pasadas luego de locuras de dos o tres Coronas – la tierra gira en un axis diferente. Rota suavemente fuera de tiempo, trayendo cada decisión que has tomado en tu vida arrastrándose como una asquerosa arañita en tu mente, recordándote que eres, fundamentalmente, una persona horrible.

Si, dichas pesadillas puede que sean temporales, y si, las resacas no duran, tú dirás, pero si pudieras evitar las complicadas crisis existenciales que el alcohol trae, bueno, ¿por qué no la harías? Tanta gente que conozco cree que esa salida a la noche no fue buena o divertida sino puede ser luego descrita como "una gran fiesta" o "un completo desastre" y no puedo evitar pensar: ¿no tienes miedo de perderme?

Pero tal vez esa es la parte que no entiendo, la cosa que me hace parecer como una aburrida total a esos que sí quieren emborracharse, la cosa es que aún, luego de todos estos años de ser una no bebedora que no da sermones, tengo amigos que me dicen "dale no seas una ñoña y tómate una" a las 11 pm, cuando todo el mundo está empezando y yo ya estoy lista para irme a casa y mirar La Buena Esposa en mi cama. Aunque mi propia experiencia con el alcohol y los narcóticos – a veces buena, raramente genial – no me puede hacer olvidar del placer que olvido y la pérdida del tiempo le da placer a algunas personas. El mundo está jodido, y si no podemos tomar algo para olvidar lo que pasa, ¿qué vamos a hacer?

Pero todo lo que veo entre los tomadores compulsivos que conozco ahora – y hay todavía muchos – luego de cerca de tres décadas de mi vida, es el arrepentimiento. Solía ser noches salvajes seguida de abandono y graciosos mensajes en la mañana. Ahora es simplemente el desolador arrepentimiento.

El arrepentimiento puede que llegue luego de una noche de risas aturdidoras, besos con lengua y tambaleo en el pavimento con tu pareja – vieja o nueva – que llega al clímax con una ronda de sexo nebuloso y sin rumbo fermentado por el aliento a nicotina, pero siempre llega. El día después de la borrachera quiere salirse de sus mentes otra vez. Aunque ahora quieren salirse de ese pozo de deshidratación y arrepentimiento. Pero nunca le puedes decir nada a esta gente. No puedes sugerirles que tal vez en cierto punto deberían parar de pretender que se graduaron ayer y que viven en un espacio industrial manteniéndose con su salario de pasante y la capacidad de absorber el alcohol que una persona de la edad de los pasantes tiene. Sin importar como lo pongas, siempre suena como si jugaras a ser mamá.

Parte de mi también piensa que una porción de la ansiedad de la primera parte de la noche que puede fácilmente despejarse con un par de tragos, está bien. – hay mucho para decir sobre el ser capaz de de nutrir las raíces de una amistad sin un poco de mareo. Mucha gente que lea esto va a pensar: joder que aburrida es, o tranquilízate un poco, perra, nadie se va a morir, pero honestamente, me alegra ser aburrida. La gente puede hacer lo que quiera, y yo puedo intentar y ser una persona divertida que les sigue el ritmo en un bar hasta cierto punto. Y mientras esté muerta de cansancio en mi vuelta a casa cuando los demás están recién empezando la noche, me molestaba, ahora el mirar a Julianna Margulies patearle el trasero en la corte a alguien en la pantalla de mi laptop es el punto alto de mi noche de viernes. Y para mí eso es aprovechar tiempo.