Publicidad
deporte y cambio climático

Arriesgando la piel en el Ártico: la historia de la carrera más solidaria hacia el Polo Norte

La Mamont Cup es algo más que una competición con el Ártico como telón de fondo: también es un intento de promover la investigación y concienciar al mundo sobre el cambio climático. Y la patrocina una marca de vodka.

por Nick Davidson
27 Abril 2015, 5:40pm

All photos by Alex Buisse

Sigue a VICE Sports en Facebook para descubrir qué hay más allá del juego:

El pasado 15 de abril, cuatro equipos de aventureros árticos iniciaron la primera Mamont Cup, una carrera internacional de esquí de travesía hacia el Polo Norte: 96 kilómetros de nieve, hielo, aguas abiertas y vientos... digamos, notablemente fuertes. Atados a trineos cargados con sus equipos, los 20 corredores compitieron durante tres días recorriendo el espacio que separa el paralelo 89 del punto más septentrional de la Tierra.

La Fundación Mamont —cuyo fundador, Frederik Paulsen, también compitió en la carrera con el Team Baltic— patrocinó la Mamont Cup con el fin de promover la cooperación internacional para la exploración polar y la investigación para combatir el cambio climático. Financiando eventos como este, la fundación espera poder inspirar a la gente para que se interese por la situación crítica de los polos... y actúe.

Más deportes: Bienvenidos a Múnich, la meca del surf en el río

El primer equipo que llegó al Polo Norte al final del tercer día fue el Team UK, compuesto en su totalidad por militares británicos que habían sufrido algún tipo de herida en acto de servicio. El líder del grupo era David Hempleman-Adams, la primera persona en llegar a todos los polos magnéticos y geográficos del planeta y en subir a los siete picos más altos del mundo. Las cuatro escuadras que participaron tuvieron a famosos aventureros polares como líderes, y todas terminaron a pocas horas del tiempo marcado por el Team UK.

"Necesitas mucha suerte en el Ártico", asegura Hemplemen-Adams. "Es un entorno hostil con aguas abiertas y muchos escombros. Pero teníamos una estrategia bastante buena. Así que llegamos, nos pusimos en marcha; no queríamos quedarnos parados demasiado tiempo".

Es bastante recomendable no caerse al agua a menos que uno quiera empezar una nueva carrera profesional como cubito de hielo. Foto de Alex Buisse.

El Team UK, el único grupo que tenía experiencia previa como equipo, inicialmente logró sacar casi un día de ventaja a sus competidores dado que estos últimos preferían esperar a tener el sol detrás para usarlo para orientarse. Hempleman-Adams entrenó a dos de sus compañeros para alternarse en el puesto de guías y ahorrar energía. La cooperación (y las condiciones meteorológicas favorables) les permitieron marchar cada día de 6 AM a 7 PM, sumando así diez horas diarias de travesía.

"Realmente no esperábamos ganar", asegura el capitán Adam Crookshank del Team UK. "Para nosotros el objetivo principal era terminar. Compartíamos la competición algunos individuos magníficos".

El éxito del Team UK también les convierte en el primer grupo de soldados activos lisiados, todos miembros de la compañía de los Royal Dragoon Guards, que alcanzan ambos polos. Como ya sabían de una expedición previa al Polo Sur, el frío agravó sus heridas. La cicatriz facial de un soldado se abrió y requirió tratamiento. Otro expedicionario realizó la travesía a pesar del dolor provocado por una lesión en el tobillo, y un tercero sufrió para utilizar los palos de esquí debido a un hombro dañado. Todos sufrieron sus heridas combatiendo en Afganistán.

"No se quejaron ni una sola vez", afirma Hempleman-Adams. "Simplemente lo soportaron. Si no lo sabías no lo notabas. Solo te dabas cuenta de que sufrían cuando tomaban analgésicos por las noches".

A pesar de que el ritmo de la carrera terminó siendo más alto de lo esperado, los otros equipos sufrieron el habitual drama ártico con contratiempos desde el primer minuto. Al Team Arctic, un equipo formado exclusivamente por mujeres procedentes de Dinamarca, Ucrania, Suiza, los Estados Unidos y Canadá, se le estropearon los dos fogones y quedaron sin la posibilidad de calentar agua o comida: no tuvieron más remedio que pedir que les llevaran en helicóptero hasta la posición del Team Europa, que les ayudó a reparar el material. Dos días más tarde, la estadounidense Christine Dennison, también del Team Arctic, tuvo que ser evacuada debido a una lesión en el tobillo.

No queda claro si la persona de espaldas va a ponerse a cocinar o a pinchar un disco. Foto de Alex Buisse.

Los cuatro equipos compartieron un trago de vodka Mamont al llegar finalmente al Polo Norte. Inmediatamente después tuvieron que aguantar una brutal tormenta ártica antes de volar de vuelta al campamento Barneo del que habían partido cuatro días antes.

Hempleman-Adams describió el espíritu que acompañó la expedición como algo "brillante": "Antes de la carrera empezara, todos los equipos se ayudaron a preparar el equipo y se dieron consejos. Fue una auténtica colaboración internacional".

Hempleman-Adams cree que la demostración de compañerismo ayudó a elevar aún más el nivel de la competición y dio lustre a sus resultados, especialmente dado el significado medioambiental de las regiones polares. Desde la primera vez que pisó el hielo ártico en 1983, el explorador británico ha sido testigo de un cambio drástico en la zona. A través de su compañía Cold Climate Expeditions, Hempleman-Adams continúa llevando a los aventureros a la descubierta de la región.

"Somos unos privilegiados por poder viajar a esos lugares, y creo que es nuestra obligación el explicar al resto del mundo lo que le estamos haciendo al planeta", asegura. "El Ártico es como un canario en la mina: el cambio climático tiene un efecto adverso en toda la Tierra, pero en el Ártico y en la Antártida estos efectos son mucho más dramáticos".