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más disfrutar y menos criticar

No arreglemos los play-offs de la NBA si no están rotos

Los play-offs de la NBA no son racionales, y es por ello que los Spurs y los Clippers se han enfrentado en la primera ronda. Si esto te molesta, sin embargo, quizás te estés preocupando por lo que no toca.
12.5.15
Jayne Kamin-Oncea

A pesar de toda su majestad, tras el poderoso estruendo de la de la magnífica serie entre San Antonio Spurs y Los Angeles Clippers en los play-offs de la NBA podía oírse un murmullo agraviado en el entorno de la mejor liga de baloncesto del mundo. Es increíble que alguien, incluso en la locura colectiva que es Internet, pueda encontrar un aspecto de ese maravilloso combate de siete partidos por el que quejarse, pero así es el deporte (y así es Internet): los debates irrelevantes vienen de serie. El argumento es el siguiente: lo que estaba mal de la eliminatoria entre Clippers y Spurs es que tuvo lugar demasiado pronto.

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Es sencillamente injusto que estos dos equipos magníficos tuvieran que enfrentarse en la primera ronda, cuando deberían haberse encontrado o bien en la segunda o bien directamente en las finales de la Conferencia Oeste. Esto es culpa de la anticuada estructura de la NBA, que por alguna razón absurda premia a los equipos que quedan primeros de sus divisiones aunque en realidad a nadie le importe. Los Spurs, si miramos únicamente las cifras totales, deberían haberse cruzado con los Grizzlies; y si nos ponemos radicales, los texanos tendrían que haber jugado contra los Raptors en un torneo sin estructura de conferencias. En otras palabras, el sistema falló: asignó a los Clippers y a los Spurs unos rivales más difíciles de lo que les correspondería. Si la NBA hubiese configurado sus play-offs de una forma más lógica, probablemente los dos equipos estarían aún compitiendo por el título ahora mismo.

Esta línea argumental es ciertamente válida, aunque hay un contraargumento igualmente válido: en este caso, el sistema falló a la perfección. El emparejamiento nos dio la que posiblemente será la mejor serie de todos los play-offs, y focalizar el debate en la estructura de la competición en vez de en la grandeza de un enfrentamiento con Chris Paul, Tim Duncan, Blake Griffin y Kawhi Leonard de protagonistas… bueno, quizás tenga algún mérito abstracto en el mundo de las ideas de Platón, pero en la Tierra es una idiotez mayúscula. Equivaldría a quejarse de la conexión ineficiente de un altavoz concreto en pleno Tomorrowland: es aburrido, mata la diversión y solo sirve para intentar que la gente crea que está consumiendo un producto defectuoso cuando en realidad no es en absoluto cierto. La serie Clippers-Spurs fue excelente. Preocuparse por cómo y cuándo llegó a ser en vez de disfrutarla es un error del tamaño de un portaaviones.

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Por otro lado, lo que han condicionado para mal estos play-offs no son los errores estructurales de un sistema anticuado —sino las lesiones. A pesar de todos los hombros dislocados, las muñecas destrozadas y las caras rotas, la segunda ronda es un espectáculo más que decente. Todas las series están siendo igualadas; a pesar de que todos los equipos participantes, exceptuando los Warriors, parecen batallones sacados de una trinchera de la Primera Guerra Mundial, los partidos en general han sido competitivos e interesantes.

"Oh Dios mío, Betty, salimos por televisión con toda esta gente. ¡Qué promiscuidad!". Foto de Kyle Terada, USA Today.

Estos play-offs, además, ofrecen buenos relatos y choques de estilos. LeBron está atrapado en lo que parece la ronda número 97 de su particular historia personal con los Bulls. Parecía que los Grizzlies iban a deshacerse como un azucarillo ante los espectaculares Warriors, y en cambio los amigos de Marc Gasol les están dando una buena dosis de cera a Curry y compañía. La serie entre Clippers y Rockets está sirviendo de lienzo a Blake Griffin para que exponga libremente su indomable potencia, pero el equipo de Kevin McHale parece más juguetón de lo que podría parecer si tenemos en cuenta que su segunda unidad depende en gran medida del rendimiento de Jason Terry y Pablo Prigioni. Incluso el duelo Hawks-Wizards ha sido entretenido —aunque un poco caótico— a pesar de las infinitas lesiones del pobre John Wall.

Lo que debe arreglarse en estos play-offs es exactamente lo mismo que debe arreglarse en los cuerpos humanos: que como tales son frágiles y se rompen en momentos inoportunos. Que Adam Silver reformara la estructura de la competición no cambiaría este hecho. Para ello alguien necesitaría inventarse, qué sé yo, una armadura roja que convirtiera a su poseedor en un ser imposible de lesionar. Eso de paso también ayudaría a Robert Downey Jr. a la hora de filmar sus películas, así que mataríamos dos pájaros de un tiro.

Los play-offs, pues, no necesitan ningún cambio. Este sistema ha ofrecido cruces estelares y seguirá ofreciendo más. De hecho, puede que los emparejamientos vistos hayan sido los mejores posibles: si las eliminatorias hubieran sido completamente puras según el récord de victorias y derrotas, el cuadro habría sido algo similar a esto. Como veréis, un choque Spurs-Clippers no habría sido posible hasta las finales.

El sistema podría mejorar, sí: podría ser más igualitario. Sin embargo, la estructura actual nos ofrece baloncesto de calidad, y si la cuestión es elegir entre gozar de lo que tenemos delante o quejarnos amargamente por lo que podría ser, creo que cualquier fan de este deporte tendrá muy clara su preferencia. La igualdad y la estructura son preocupaciones completamente secundarias en los play-offs: en ese momento del año, disfrutar es lo más importante. Hagámoslo.