La estrella belga del cine de acción de finales de los 80 y gran parte de los 90, Jean-Claude Van Damme, perdió a varios fans —y probablemente se ganó la simpatía de otros también— hace unos días por sus declaraciones en torno a la carrera por la presidencia de los Estados Unidos entre Donald Trump y Hillary Clinton.El protagonista de Kickboxer y Soldado Universal de 56 años fue entrevistado por un reportero del entrometido sitio TMZ.com, para dar su opinión sobre el reciente ataque cibernético que afectó a sitios como Twitter y Spotify, entre otros, y cómo un ataque de este tipo podría afectar el resultado de las elecciones.La respuesta del actor y practicante de artes marciales fue directa, sin rodeos, ni filtros. Comenzó expresando su amor por la Unión Americana para después mencionar que el vecino del norte "Debe ser visto como un negocio, porque ustedes [los estadounidenses] tiene un problema". Hasta aquí no hay mayor controversia, ni un razonamiento al que sólo los genios pueden aspirar: toda nación es precisamente eso, un gran negocio.Sin embargo, Jean-Claude, el ídolo de la niñez de muchas personas que crecieron viendo al belga realizar alucinantes splits y derrotar a asiáticos deshumanizados, metió la pata cuando comenzó a exhibir su carencia de conocimiento en materia de relaciones internacionales y diplomacia, al sugerir la solución más simplista para el conflicto con Rusia: "Es hora de volar a Rusia, tomarse un vodka con el señor Putin, e intentar hacer las paces, porque el resto de los países son débiles, con excepción de Estados Unidos y Rusia".En unas cuantas palabras, Jean-Claude Van Damme borró del mapa a la Organización de las Naciones Unidas, y pasó por alto los miles de crímenes que el presidente ruso ha cometido durante su mandato como si no hubiera pasado nada. Borrón y cuenta nueva.Después intentó suavizar sus declaraciones al expresar su profundo amor por sus "hermanos musulmanes que aman las artes marciales y por todos en el mundo", pero concluyó "en estos momentos, necesitamos a Donald Trump"; el gesto que acompaña su última comentario es para verlo una y otra vez, como si tratara de decir "Déjenme de molestar, no importa lo que suceda votaré por Donald Trump".
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