venganza suturada

Jugador de hockey paró un tiro con la frente y volvió al juego a ser crucial

Paró un tiro con la frente, salió ensangrentado del hielo y volvió para ganar el partido.
19.11.16

Primero que nada, los datos duros, disculpe el chascarrillo:

El disco en el hockey, conocido con el explosivo nombre inglés de puck, está fabricado con hule vulcanizado, mide 25 milímetros de ancho y 76 milímetros de diámetros y tienen un peso de 6 onzas. Con frecuencia se congelan y se mantienen refrigerados para evitar que reboten demasiado sobre la superficie del hielo.

El tiro, el importante, que usted verá en el video a continuación es el conocido como slap shot. Notarán que el defensa de los Rangers de Nueva York no tomó demasiado impulso con el stick, apenas a describió una arco de unos 90 grados. Eso no minimiza la fuerza kinética y la velocidad a la que sale disparado el antes mencionado puck.

Publicidad

El impacto hule contra piel, hueso y demás tejidos orgánicos que verán después del tiro en el video, lastimó a Matt Calvert, once en el sueter, alero izquierdo de los Blue Jackets de Columbus. Por fortuna para jugador y espectadores, el disco no impactó en el ojo sino arriba. La cortada requirió más de 30 puntadas.

Aquí el video. (No dejen de reparar en el espectador a la extrema derecha de la toma, que se alza y se lleva la mano a la boca en espanto.)

Todo sucede a la mitad del segundo periodo.

El jugador, suturado y con un vendaje al estilo de la Revolución francesa y pasada la prueba de conmoción cerebral, volvió al juego, empatado a dos goles. Y es él, según verán en el video subsecuente, quien anota un gol con un jugador menos en el campo, el conocido gol "short-handed", en referencia a que su equipo carecía de un jugador.

Matt Calvert took a slapshot to the face. Matt Calvert returned and scored the — #HockeyFightsCancer (@NHL)19 de noviembre de 2016

Calvert ganó el partido. Hasta aquí los datos duros. Lo que sigue es una exclamación calificativa:

¡Qué impresión! ¡Cómo hizo! ¡Cuidado con las celebraciones, Matt Calvert!