FYI.

This story is over 5 years old.

del futbol a la religión

La fe del jugador que cambió los zapatos de futbol por la sotana de sacerdote

Chase Hilgenbrinck rompió barreras al retirarse prematuramente del futbol con un futuro brillante para atender el llamado de la religión.
Foto: MLS

Su deporte, el futbol, su amor, la religión. Es el caso de Chase Hilgenbrinck, defensa estadounidense que cambió los tacos de futbol por las sotanas, las conferencias de prensa por la oficialización de la misa y el ruido de un estadio por la oración en una iglesia.

Su caso es diferente. Un futbolista cuyo amor por el futbol lo llevó a intentar una y otra vez esa dura pelea por encontrar un sitio en el profesionalismo. Y cuando había logrado al fin estabilizarse, hacerse de un nombre y augurar un gran futuro en el futbol, decidió retirarse a una edad temprana para seguir la voz de la religión.

Publicidad

Chase Hilgenbrinck nació un 2 de abril en Illinois, Estados Unidos. Debido a su estatura y su fuerza, decidió ingresar al futbol dejando de lado otros deportes mucho más populares de su país como el basquetbol, el futbol americano o el beisbol.

Su posición favorita era la de defensa. Desde ese lugar comandaba a su equipo, de atrás para adelante ordenaba y mandaba, con voz fuerte y sensata. Metía la pierna y de vez en cuando metía goles. De hecho, en el instante más importante de su carrera, se volvió en un zaguero que veía muy seguido la oportunidad de celebrar una anotación.

Como cualquier otro futbolista, Hilgenbrinck se persignaba antes de jugar, levantaba las manos al cielo cuando marcaba un gol y elevaba una plegaria en son de agradecimiento cuando el encuentro terminaba. Ese sentimiento de amor al creador iba más allá de un simple encuentro de futbol, era una vida de servicio hacia la religión la cual era callada y estaba guardada.

"No es que esté listo para dejar el fútbol, todavía tengo gran pasión por el deporte. Pero no dejaría el fútbol por ningún otro trabajo. Me cambio al Señor, quiero ponerme a su mando y hacer lo que él quiera para mí".

El estadounidense buscó encontrar su lugar en el balompié. Lo intentó en la MLS pero nadie le dio una oportunidad de mostrar su talento. Triste pero no derrotado, viajó a Chile para encontrar una oportunidad en un futbol que dicho sea de paso, es mucho más competitivo que la Primera División de los Estados Unidos.

Publicidad

En un inicio fue igual de complicado encontrar quién le daría una oportunidad. ¿Un 'gringo' en Chile, sin experiencia y sin nombre? Aquello no parecía tener un final feliz para Chase Hilgenbrinck. Sin embargo, la religión dice que la fe mueve montañas, y que ésta, debe ser la última que se pierde. Así, tras firmar con Huachipato y posteriormente ser cedido al Deportes Naval, el estadounidense acabó en casa del Ñublense, club que en ese instante se mantenía en la Segunda División del futbol chileno.

Decir que Hilgenbrinck era un futbolista cualquiera en el club es una mentira. Poco a poco su nivel se fue incrementando producto de la competencia y la oportunidad de la que gozaba. De un momento a otro se volvió en titular de equipo y uno de los consentidos de la afición gracias a su buen trabajo defensivo, y sobre todo, a su eficacia en ataque la cual le había dado el chance de celebrar varios goles.

Ahí, en el Ñublense empezó a dar de qué hablar y su equipo, también comenzó a dar un golpe sobre la mesa para buscar el liderato, cuestión que acabaron obteniendo. Al fin, después de varios tumbos y tropiezos, aquel defensa de los Estados Unidos estaba a tan solo un paso de llegar a la Primera División.

Luego de varios años en Chile y luego que su padre fue diagnosticado con cáncer, Chase Hilgenbrinck decidió volver a los Estados Unidos para estar a lado de él y de su familia en esos momentos complicados.

Publicidad

Por segunda ocasión en su vida, tocó puertas de la MLS. El Colorado Rapids le dio una oportunidad pero los resultados no fueron buenos. Finalmente, la tercera sería la vencida y el New England Revolution su destino para que al fin, pudiera mostrar su calidad en los Estados Unidos.

En la MLS se labró su camino con espíritu. Poco a poco su nombre emergió y empezó a sonar como un personaje probable para llegar en algún instante a la selección de su país. Y de repente, algo pasó.

"Sentí el llamado de algo más grande. En un momento pensé que mi destino era ser jugador de fútbol, pero en los últimos años descubrí que mi alma tenía hambre de algo más".

Chase Hilgenbrinck decidió decir adiós al futbol y decir hola a su verdadera pasión. Dejó de ir a los entrenamientos del Revolution para ingresar a los seminarios para convertirse en sacerdote.

A los 26 años de edad, para muchos la mejor de un futbolista, Hilgenbrinck anunció su retiro de las canchas. La decisión se hizo popular y viral rápidamente, más por un tema de morbo y sorpresa que por ser algún tema que generara polémica.

A partir de ese día Hilgenbrinck combinó su pasión con su verdadero amor. En el año de 2014 se recibió como sacerdote manteniéndose en el mundo del deporte con el equipo de su congregación.

El ahora ex jugador escribió una carta la cual fue reproducida por el Catholic Post de Illinois donde explica un poco mejor el motivo de su decisión.

"Muchos de mis amigos se preguntaban por qué Dios "me apartó del futbol", y lo que haría sin él. Quiero recordarles que nuestro Señor no reniega de los dones que él nos ha dado, sino que nos pide que los utilicemos de una manera diferente. En vez de ser un jugador en un equipo, ahora entreno, dirijo y soy capitán de nuestro equipo de futbol del seminario, que juega en un torneo anual contra otros seminarios en la costa este; sirvo como capellán del equipo de futbol Mount St. Mary de Primera División, y a menudo me piden que dé charlas a los jóvenes atletas sobre la naturaleza complementaria de los deportes y la fe", destacó.

Chase Hilgenbrinck es el mejor ejemplo de cómo la fe puede llevarte a superar el fracaso y encontrar la realización, tanto en el campo como en el terreno de los sueños y los anhelos.