El partido de fútbol que casi salvó la vida a Bob Marley

El 9 de mayo del 1977 bajo la Tourre Eiffel el padre del reggae tuvo la posibilidad de cambiar su destino con un balón entre los pies.

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23 Enero 2017, 8:50am

Imagen vía Twitter @RevistaElAgora

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Jugando a fútbol 7 con unos amigos hace unas semanas, recibí un pisotón muy heavy y perdí la uña del dedo gordo del pie derecho, la cual ya había recibido otro pisotón unas semanas antes. Al sacarme la zapatilla y ver toda esa sangre salir por el dedo sin uña un tío del otro equipo me dijo: "Oye, espero que no te pase como a Bob Marley, que se murió tras recibir un pisotón en un partido de fútbol donde ya lo habían lastimado" me dijo.

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Son frases que no se deberían pronunciar durante un partido, y lo digo porque lo que me parecieron horas en las cuales me quedé pensando si era posible morir por culpa de un pisotón, fueron en realidad unos segundos, aparentemente infinitos, llenos de miedo e ignorancia.

Amo la música de Bob Marley, no hay confines en sus creaciones, y a pesar del mensaje religioso que se pueda apreciar o no, su música es la única que ha logrado unir a través de un hilo muy delicado y sutil como un cabello del rasta más duro toda la frágil bondad de diferentes mundos y diferentes culturas; por eso, con la uña en la mano, en aquel partido de fútbol 7 que jugué, sentado sobre la hierba sintética pensé que no puede ser que un ser tan inmenso y sagrado a la vez pueda haberse muerto por culpa de dos pisotones a un pie.

Lo cierto es que no era la primera vez que lo escuchaba así que, para quitare el mal rollo del cuerpo, decidí recurrir al única arma capaz de matar al miedo: la información.

A Bob le encantaba escribir canciones por la mañana, decía que "si suena bien por la mañana, suena bien todo el día". Sus desayunos, imagino muy llenos de proteínas, venían justo después de un porro y probablemente se acababan con otro porro, y luego con largos paseos por su maravillosa Jamaica, empezando por el minúsculo pueblo donde nació, Nueve Millas, cerca de Brown City. Todo esto por el contacto con la tierra, todo esto en honor a su cuerpo, considerado un templo según su dios Jah, el único dios del movimiento rastafari.

El fútbol fue el deporte de Bob Marley. Cuando salía para disfrutar de la naturaleza siempre tenía bajo el brazo un balón, inseparable compañero de descanso y jubilo porque como él mismo decía "El fútbol es una habilidad en sí misma; todo un mundo, un universo por sí solo. Yo lo amo, porque debes tener la suficiente destreza para jugarlo. ¡Libertad! ¡El fútbol es libertad!".

¡Maldito ignorante que mi hiciste dudar sobre la pureza del balompié! ¿Por que me dijiste que Bob Marley murió por culpa de un pisotón? Necesito más información. La historia no puede ser tan simple y decepcionante, hablando de Bob tiene que haber algo que se parezca a un milagro.

Marley buscaba continuamente una excusa para jugar a fútbol entre gira y gira, antes de cada concierto, en los estudios de grabación. Hasta llegó a decirle a un periodista que "si de verdad quieres saber quien soy, tienes que jugar al fútbol contra mi y los Wailers". Su amistad con Alan Skill Cole, una de las máximas glorias del fútbol de Jamaica, es una de las amistades más extrañas que el mundo de la música recuerde, y los dos se hicieron tan colegas que el futbolista fue el tour manager de sus giras durante todos los '70, incluida la organización del famoso concierto en Zimbawe para celebrar la independencia del estado africano, y también figura en los créditos de "War". "Él [Alan] amaba la música y yo el fútbol. Era parte del plan divino, es por eso que nos juntamos" dijo Bob.

Que el padre del "reggae", nombre que viene del sonido que la guitarra hacia al taparle las cuerdas tocando un acorde, tuviese una pasión para el fútbol no significa que fuera un buen jugador, de hecho hay muchas opiniones distintas: hay quien dice que habría podido jugar a un nivel profesional si no hubiese dedicado su vida a la música porque "quitarle el balón es imposible", como dijo el distribuidor de Island Record UK Trevor Wyatt. También hubo quien dijo que era malísimo, como el fotógrafo brasileño Mauricio Valladares que después de verle jugar en un partido improvisado donde también jugó Paulo Cesar, miembro del gran Brazil del '70, comentó "menos mal que el partido duró poco, fue muy aburrido y Bob... Bob es muy malo jugando a fútbol".

Una vez le preguntaron porque le gustaba tanto el fútbol. "Será por los genes de la familia de mi padre", dijo Bob refiriéndose al capitán de navío inglés Norval Sinclair Marley. Pero yo no me lo creo, tiene que haber algo más, algo mágico porque la historia no puede ser tan simple como para haber acabado con una leyenda como él.

Una figura gigante de Bob Marley durante el carnaval de Niza de 2015, en honor al "Rey de la música". Foto REUTERS/Eric Gaillard

Al mirar mi calcetín lleno de sangre mezclada con la hierba verde sintética de un campo de fútbol 7, en la anónima y triste periferia industrial de mi ciudad, me acordé de la única información que tenía sobre la muerte de Bob. Recordé haberme puesto muy triste cuando leí que unos días antes de morir abandonó todos los principios en los cuales había creído hasta entonces, y que no hubo ninguna ley o promesa que no intentara infringir para sobrevivir, porque le entró miedo, el miedo a desaparecer.

Experimentó todo lo que pudo para evitar abandonar el mundo tan pronto: apostó por un medico mexicano que le aplicó brujería, un doctor alemán ex S.S. llamado Josef Issels que decían que hacía "milagros", le hicieron inyecciones de líquidos secretos en el estómago y en la espina dorsal, transfusiones de sangre, y más, pero nada, no sobrevivió.

El partido que casi salvó la vida al padre del 'raggae' se jugó el 9 de mayo del 1977, a los pies de la Tour Eiffel entre el Río Sena y el Hotel Hilton. Ese día se enfrentaban los "The Wailers" capitaneados por Bob Marley, el más bajito, y los "Polymusclés" del cantante francés Herbert Léonard y dónde la leyenda dice que jugó como portero un chaval llamado Jean Paul Belmondo.

El periodista Philippe Paringaux, del equipo de los "Polymusclés" contó al periódico francés «Libération» que los "Wailers" se presentaron con restos de porros en la boca y ojos muy rojos, y que en realidad ganaron con mucha facilidad a pesar de que en los primer momento del partido los franceses, entre los que figuraban algunos periodistas de la revista Rock & Folk, pensaron vencer a esos "barbones" con poco esfuerzo. Desgraciadamente para los franceses, Bob y sus colegas jugaron muy bien y Alan "Skill" Cole como delantero no tuvo muchos problemas para meterla cada vez que se le presentaba la ocasión.

A los pocos minutos del partido, Bob tuvo que abandonar el campo por culpa de un pisotón de un defensa de los "Polymusclés". Se dice que al sacarse la zapatilla de deporte, se le cayó al suelo la uña entera del dedo. Ahí, debajo de la Torre Eiffel, y delante de sus compañeros los hermanos Carlton, Aston "Family Man" Barrett, Alan 'Skill' Cole y los demás, Bob llegó a pensar por primera vez que eso podía ser algo más grave de lo que pensaba, y probablemente notó que alguien quería decirle algo. Dos pisotones en el mismo dedo del mismo pie, y con un dolor siempre mayor. Un dedo de un color que ya no es humano. Bob, hazte mirar ese dedo.

Aquí tiene que haber algo más, no puede ser tan simple.

Bob fue trasladado al Hotel Hilton para ser atendido por un médico, quién le inyectó una antitetánica, le limpió la herida, y le aconsejó que un experto le mirase bien ese dedo. Bob dijo que lo haría y volvió al campo a jugar, ya que tenía que llevar a los Wailers a ganar contra esos antipáticos franceses. Unos meses después, durante su visita al médico, descubrió que se le había formado un melanoma acral lentiginoso, una forma muy rara de melanoma y que la lesión de su dedo era típica en ese tipo de cáncer. Le dijeron que debía amputarse el dedo pero su religión no se lo permitía. "Los Rastafaris no debemos permitir que separen una parte de nuestro sagrado cuerpo" comentó. Y siguió adelante, como siempre había hecho en su vida, en nombre de su religión. La información le llegó en forma de balón, pero no la pilló.

En un momento epifánico lleno de inspiración y amor hacia el mundo y sus leyes me di cuenta de que el fútbol fue para Bob otra reencarnación del mismo Yahvé, único dios verdadero para los adeptos al movimiento rastafari, después de Haile Selassie I, de Melquisedec y Jesús; y que lo acompañó durante toda la vida.

¿Por qué? Porque Jah, como nosotros, se había dado cuenta que sacarlo del mundo con 36 años era demasiado pronto y el mensaje rastafari, acompañado por esa dulce y tranquilizante música, por esas baterías palpitantes, por ese bajo denso como un río, y esas letras tan universales, era mucho más potente de lo que se habría podido esperar de un enano como Bob, nacido en uno de los pueblos más olvidados por Dios. Por eso había que hacer algo.

Bob murió en Miami el 11 mayo 1981, con solo 36 años porque no reconoció la información.