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el schwarzenegger gaditano

El Porrúo, el gigante que entrena levantando neveras

Juan Carlos Heredia es el hombre más fuerte de España, pero se lamenta que la disciplina de strongman no se valore como un deporte competitivo sino como un espectáculo circense.

por Guille Álvarez
22 Diciembre 2016, 9:40am

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Cuentan que a los vecinos de Los Barrios, una localidad de 23 000 habitantes en Cádiz, no les hace falta alquilar un camión de mudanza. Por fortuna, ellos solo tienen que acercarse al gimnasio municipal de Palmones y preguntar por el hombre más fuerte de España. Allí trabaja y se entrena Juan Carlos Heredia —más conocido como El Porrúo—, un gigante que asombra e impone desde sus 1,92 metros de planta y casi 170 kilos de peso. A pesar de las apariencias, y como buen gaditano que es, nunca pierde la sonrisa y siempre está dispuesto a echar un cable.

"Cuando me vienen a buscar los vecinos ya les pregunto, 'venga, ¿qué hay que mover hoy?'... A ver si me invitan algún día a comer al bar, que en todo el tiempo que llevo aquí todavía no han tenido el detalle", bromea esta mole humana, que llegó a ser el cuarto tipo más forzudo del planeta, algo que ni mucho menos se le ha subido a la cabeza a pesar de que puede arrastrar 35 toneladas y levantar 400 kilos de peso.

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El Porrúo lleva 14 años dedicándose en cuerpo y alma al strongman, un deporte prácticamente invisible en nuestro país. Se trata de una disciplina espectacular y explosiva, que vendría a ser el atletismo de los cachas. "Lo malo de este deporte es que la gente no lo conoce y todavía se duda si lo que hago es en plan show o competición. Yo reivindico lo competitivo pero, como después sale uno que arrastra un camión con el pelo, la gente se confunde", se resigna Juan Carlos durante su conversación con VICE Sports.

El Porrúo, en plena competición en Alemania. Foto vía Facebook

Es normal que parezca un espectáculo, porque hablamos de deportistas que están acostumbrados a calentar, durante las competiciones, arrastrando camiones. "Es de lo más fácil, no es la prueba más dura aunque si muy llamativa. Suele ser la primera, a modo de calentamiento para las que vienen después", comenta el forzudo andaluz, que compagina su trabajo en su gimnasio con la competición al máximo nivel.

Con 43 años, todavía dice que le queda cuerda para rato, aunque regula mejor sus apariciones. En total, ahora se limita a cinco competiciones anuales, pero su trabajo en el gimnasio es metódico y diario. Esto significa que su ritmo de entrenamiento y alimentación sigue siendo incomprensible —e intolerable— para la mayoría de seres humanos.

Su menú completo cuando se acerca una competición podría alimentar a una familia numerosa entera. ¿Qué no? Juan Carlos desayuna un par de veces, y se toma el café en una jarra de cerveza; normalmente lo acompaña con dos bocatas de media barra, uno de jamón serrano y otro de tortilla. "Al menear tantos kilos, necesitamos una dieta hipercalórica, que no quiere decir que no sea limpia. Intentamos reducir al máximo las grasas saturadas y los azúcares" explica.

Entre la comida y la cena, El Porrúo se funde un kilo de arroz y dos de ternera. Fácil. "Fuera de competición como mucha ensalada con pollo, pescado... para variar un poco, porque conozco los riesgos de una dieta así". A nivel articular, y de salud en general, este ritmo de preparación conlleva peligros evidentes. Sus entrenamientos, al tratarse de una competición que combina la fuerza bruta —levantar muchos kilos de peso— con la velocidad —se puntúa según el tiempo que se tarda en completar cada prueba—, son sesiones cortas de una hora.

Juan Carlos Heredia, junto a un mural pintado al lado de su gimnasio. Foto vía Facebook

Los riesgos, evidentemente, son también físicos. "Estamos manejando muchos kilos, así que cualquier movimiento en falso o duda no te produce una tendinitis, que sería lo habitual en otros deportes, sino que te rompes algo seguro", asegura él, que se ha roto los dos bíceps compitiendo. La clave para no cagarla es no improvisar nunca, algo que repite hasta la saciedad a sus pupilos en el gimnasio y en los clínics que imparte. "El problema es que, con la adrenalina que te sale por las orejas, es complicado pensar".

Otros que no piensan, opina El Porrúo, son los tramposos. Como en todos los deportes, el dopaje es una lacra extendida e innegable. "Quien quiera jugar y engañar lo puede conseguir, pero entre nosotros está mal visto", explica sin miedo a pesar de hablar de un tema tabú. "En todo deporte a nivel de élite existe este problema, y yo estoy en contra de ello, porque creo en un deporte limpio". Evidentemente, él defiende que nunca se ha pinchado y cree que en su disciplina las sustancias químicas no son un problema tan común como en otras categorías.

Así, sin nada más que fuerza pura, El Porrúo y el resto de strongmans tienen que superar pruebas que, como mínimo, suenan a tortura: el paseo del granjero, el crucifijo, peso muerto con barriles; o las (relativamente) más convencionales, como el lanzamiento de troncos, el levantamiento de piedras o el arrastre de camiones.

Lo cierto es que el atletismo de fuerza duele, y mucho: "Como suelo decir, me acuesto con mi mujer y la Dolores, porque las articulaciones me duelen todo el día. El estrés diario hace que pocos chavales aguanten nuestro ritmo".

Juan Carlos ha dado la vuelta al mundo gracias a su talento y dedicación. Tiene podios en las competiciones más prestigiosas de Finlandia, Bélgica y otras potencias del strongman, donde dominan sobre todo los países del Este. "Son gente ruda, y el clima les acompaña a hacer más gimnasio. Ahora en Estados Unidos sacan a muchos, pero el Messi de esto es un lituano que se llama Žydrūnas Savickas", comenta el gaditano, que ha competido contra los mejores en la Strongman Champions League. "Lo difícil es vivir como un amateur y competir como un profesional. Tengo mi negocio, mi gimnasio, otras cosas que atender en el día a día".

Su idilio con las pesas y la musculación, y también su apodo, vienen de serie. "Aquí, decir Porrúo es una forma fina de no decirme ceporro, basto o grande. Pesé cinco kilos al nacer, así que ya desde chiquitito aspiraba a ser un tipo grandote", se ríe al recordar sus orígenes. Por su tamaño y altura, Juan Carlos empezó de pívot en el colegio y llegó a ascender a la liga LEB con el Algeciras. Con 25 años decidió cambiar el baloncesto por el gimnasio, y hasta los 30 no se adentró en el mundillo del strongman.

"Creo que a mucha gente de mi quinta le pasó lo mismo.A través de las películas de Arnold Schwarzenegger, me enganché al mundillo de las pesas y los músculos", recuerda. En el gimnasio le echó horas y ganas, y pronto se metió a competir en power. En su primera competición de press de banca ganó el título de España levantando 265 kilos de peso, un récord que sigue vigente. "El tema es que me resultaba aburrido tener que ir a competiciones por el territorio para hacer un solo movimiento y esperar".

Foto de David Drury, Flickr

Cuando El Porrúo vio por televisión a los strongman, supo que estaba destinado a ello. En el 2000, sin tutoriales de Youtube ni una cultura asentada de este deporte, este vecino de Los Barrios se convirtió en pionero de la disciplina. En la actualidad, España tiene unos 20 strongmans de nivel decente pero nadie que le tome el relevo a nivel internacional y mediático. Juan Carlos ha paseado sus habilidades por televisión y cine; le han vestido de Hulk en El Hormiguero, de Hércules en un anuncio y ha participado en películas como Torrente 4.

"La pequeña tiene ocho añitos, y ahora va muy orgullosa diciendo: 'mi papi es el hombre más fuerte del mundo, levanta esto y lo otro'... Los chiquillos le preguntan, 'oye, ¿y tu padre puede levantar un coche?' Ella se pone colorá, y eso me alegra cada día". A pesar del éxito mediático, los vecinos no tienen de qué preocuparse, porque hasta en las competiciones le hacen cargar con frigoríficos y lavadoras. "Lo de ese día parecía una mudanza express, corriendo a piñón con todo eso encima. Para entrenar la prueba no sabía que hacer, porque te pones a levantar la lavadora en casa y tu mujer te envía al carajo".

El Schwarzenegger español, que sueña con arrastrar un avión, tiene una retirada el chef Alberto Chicote, pero está claro que tiene mejor carácter. Campechano, simpático y gaditano, pero a lo grande.

Sigue al autor de este reportaje en Twitter: @GuilleAlvarez41

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