Comida

Por qué te enfadas cuando tienes hambre

No es solo por falta de azúcar en la sangre.

por Carson Kessler; traducido por Mario Clavero Ramos
26 Junio 2018, 3:00am

Este mismo año, el Oxford English Dictionary ha añadido finalmente la palabra hangry (una combinación de los términos hungry, “hambriento”, y angry, “enfadado”), que muchas personas utilizan para describir la agresividad que invade tu cuerpo cuando necesitas calorías desesperadamente.

Ese sentimiento de enfado es una de las cosas que provocan un aumento en el uso de palabrotas. La propia hostilidad parece tener el poder de amenazar prácticamente cualquier relación. Aunque muchas personas consideran que no pueden evitar enfadarse cada vez que esperan mucho tiempo para picar entre horas, el hambre no siempre tiene que ir de la mano del enfado. ¿Por qué nos enfadamos? ¿Hay alguna forma de evitarlo, aunque solo sea para conservar nuestras amistades? Un estudio reciente publicado en la revista Emotion puede tener las respuestas.


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Jennifer MacCormack, autora principal del estudio y estudiante de doctorado en el departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, analizó las emociones concretas que experimentamos cuando tenemos hambre y otros factores que contribuyen al sentimiento de enfado.

En una serie de tres experimentos, MacCormack descubrió las claves que determinan si el hambre contribuye a emociones negativas como el enfado: el contexto y la autoconciencia.

"El hambre por sí misma no es lo que nos pone de mal humor", nos cuenta MacCormack. "Si estás en una situación negativa, los estímulos negativos te harán pensar con más facilidad que el hambre te está queriendo decir algo sobre el entorno y lo que está sucediendo a tu alrededor, en lugar de reconocer que la fuente de tu sensación de malestar es el hambre que estás pasando".

En los dos primeros estudios, se mostró a más de 400 participantes una imagen diseñada para inducir sentimientos positivos, neutros o negativos. Esta fase se conoce con el nombre de preparación. Poco después de esa imagen, se mostró a los participantes otra imagen, esta vez ambigua: una pictografía china. Además de informar sobre su nivel de hambre, los participantes calificaron la pictografía en una escala de siete puntos que iba de lo más agradable a lo más desagradable.

Cuanto más hambre tenían los participantes, más probabilidades había de que calificaran la pictografía como negativa, aunque únicamente si la foto de la fase de preparación generaba sentimientos negativos. Las imágenes positivas y neutras no tuvieron efecto alguno sobre la calificación de la pictografía.

"El cerebro no solo depende de estados físicos para descubrir algo", dice MacCormack. "Las experiencias previas, la cultura y el contexto en el que vives tienen importancia a la hora de configurar tu percepción sobre algo, por eso el hambre por sí misma no es suficiente, sino que necesita estas otras cosas que ayudan a configurar nuestra percepción".

Sin embargo, los investigadores también descubrieron que los participantes que eran más conscientes de sus emociones y de que el hambre se manifiesta como una emoción tenían menos probabilidades de enfadarse por tener hambre. ”La conciencia emocional o reconocer ese estado de enfado nos permite romper el vínculo entre el hambre y la emoción”, dice MacCormack.

En el último experimento, los investigadores pidieron a más de 200 participantes que fueran en ayunas o comieran con mucha antelación. Por un lado, se pidió solo a algunos de los participantes que completaran un ejercicio de redacción diseñado para que se centraran en sus emociones y, por otro lado, después todos los participantes completaron un aburridísimo ejercicio de ordenador programado para que fallara continuamente, es decir, su intención era generar frustración en ellos. Más tarde, ambos grupos rellenaron unos cuestionarios sobre sus emociones y sus percepciones acerca del experimento.

Sorprendentemente, las personas hambrientas que no habían realizado primero el ejercicio de autoconciencia presentaban mayores emociones desagradables después de lidiar con el programa de ordenador que fallaba, mientras que aquellos que se habían centrado en sus sentimientos, tanto si tenían hambre como si no, no presentaban estos cambios emocionales.

"En realidad, existen muchas más probabilidades de enfadarse por tener hambre cuando estás totalmente sumergido en el mundo que te rodea y no estás prestando atención a tu mundo interior", declara.

"Recuerdo que un anuncio decía, ‘Cuando tienes hambre, pareces otro’, pero nuestros datos insinúan que, solo con dar un paso atrás en tu situación actual y reconocer tus sentimientos, puedes seguir siendo tú incluso teniendo hambre", declaró MacCormack en un comunicado.

A pesar de que el presente estudio se centra específicamente en el hambre, MacCormack cree que estos resultados apuntan a una fuerte conexión entre el cuerpo y la mente. "Nuestro cuerpo es parte de nuestra mente y, si lo cuidamos, nos ayudará a tener una mejor vida emocional y salud mental", afirma. "El simple hecho de ser consciente de eso y actuar tanto por los demás como por ti puede ser muy importante".

Por lo tanto, la próxima vez que pases demasiado tiempo sin comer, piensa durante un minuto que el hambre que tienes es una emoción en lugar de gritar a la primera persona que veas.

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