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Fotos de una de las bandas más sangrientas y antiguas del mundo

El fotógrafo Luke Daniel tuvo acceso a The Number, un grupo conocido en Sudáfrica por hacer respetar sus normas mediante la sodomía.

por Fareed Kaviani; traducido por Mario Abad
21 Noviembre 2018, 4:45am

Todas las fotografías por Luke Daniel 

A simple vista, sus tatuajes son como los de cualquier otro presidiario. Sin embargo, un ojo experto verá en ellos referencias a The Number, una banda de convictos sudafricanos cuyo código de silencio hacen respetar con extrema violencia.

Con una historia que se remonta a finales de la década de 1800, The Number es una de las bandas más antiguas del mundo y se ha mantenido gracias a una compleja jerarquía que se extiende por tres facciones: los 26, los 27 y los 28. Los 26 son los encargados de introducir dinero, tabaco y drogas en la prisión, los 27, los más temidos de todos, hacen cumplir la ley y los 28 defienden los derechos de los prisioneros.

El fotoperiodista Luke Daniel aprovechó su amistad con uno de los miembros de alto rango de la banda para fotografiar a otros componentes y sus tatuajes. Daniel dedicó dos años a este proyecto, documentando lo que él considera una subcultura sudafricana única. Nadie había hecho esto anteriormente, por lo que sentimos mucha curiosidad por saber cómo el fotógrafo logró un acceso tan cercano a la banda, qué aprendió con ellos y cómo es pasar tiempo con los delincuentes más crueles de Sudáfrica.

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VICE: Hola, Luke. Empecemos por arriba. ¿Cómo convenciste a estos tipos para que te dejaran entrar?
Luke Daniel: Desde que era muy joven me han interesado los tatuajes y solía pasar tiempo en varios estudios de dudosa reputación en la parte “chunga” de la ciudad, echando una mano. Por tanto, mi introducción al mundo de los tatuajes ha estado marcada por un elemento criminal. Además, desde siempre me han gustado los tatuajes carcelarios por su simplicidad, su ingenuidad y cómo están hechos.

Tuve la suerte de pasar mucho tiempo con un pandillero de alto rango que había estado 20 años en la cárcel. Nos hicimos amigos; él intentaba retomar su vida después de una condena tan larga, pero por culpa de los tatuajes le estaba costando mucho encontrar trabajo y reintegrarse en la comunidad. Ahí se me ocurrió que podría contratarlo como una especie de “cazatalentos” para que me ayudara con mi proyecto buscándome a gente en una situación similar.

"La historia de The Number y su legado se remontan a cientos de años, en una época en la que los jóvenes negros se veían obligados a abandonar sus aldeas rurales para buscar trabajo en las minas"

Todas las personas que retraté eran o siguen siendo miembros activos de la banda, ya sea desde dentro de prisión como parte de The Number (en realidad, nunca abandonas la banda), o desde fuera como parte de alguna infame banda callejera.

Hacia el final del proyecto, recibía llamadas de los gánsteres que me decían “Oye, que me he enterado de que estás haciendo fotos a presos tatuados. ¡Sácame una a mí!”.

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Háblanos de la banda The Number. ¿Cómo se formó, quiénes son y cómo son?
A decir verdad, no tengo la libertad de hablar de la banda con mucho detalle. Sí te puedo decir que lo mejor de The Number es la mitología y el folclore tan ricos que tiene. En gran medida, este acervo ha permanecido restringido a la banda, cuyos miembros, en teoría, hacen el juramento de no revelar los entresijos de la organización.

The Number tiene, con diferencia, el trasfondo histórico más complejo del que he oído hablar con respecto a otras bandas de convictos. Su historia y su legado se remontan a cientos de años, en una época en la que los jóvenes negros se veían obligados a abandonar sus aldeas rurales para buscar trabajo en las minas del centro de Sudáfrica y de la bahía de Delagoa (lo que hoy es Maputo, en Mozambique).

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¿Qué estatus tienen en la sociedad de Ciudad del Cabo?

Históricamente, su influencia estaba limitada a los confines de la prisión; las bandas callejeras dominaban el mundo exterior y The Number era la fuerza omnipotente entre los muros de la cárcel. La situación cambió a finales de la década de 1980, cuando los narcotraficantes de Cape Flats empezaron a ganar mucho dinero con la venta de mandrax.

Básicamente, lo que ocurrió es que, una vez entraban en la cárcel, los líderes de las bandas callejeras compraban su porción de influencia en The Number, evitando así tener que someterse a su cruel ritual de iniciación. Pagando una cuota, los líderes de las bandas de fuera compraban su “seguridad” en prisión si tener que ensuciarse demasiado las manos.

Esto, sin embargo, alteró el equilibrio de las cosas, ya que The Number extendió su influencia en el “mundo libre” formando firmes relaciones con otras bandas. En el exterior, los señores de la droga tenían el dinero, mientras que dentro, los miembros de The Number tenían el poder.

Los capos de la droga prometieron trabajo a los miembros de The Number para cuando los pusieran en libertad ,y esto llevó a un tremendo repunte de la violencia en Cape Flats, una situación que todavía hoy continúa.

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¿Puedes hablarme de algunos de los miembros que conociste?
Gerald “Horings”, mi amigo y contacto, es sin duda el sujeto más destacable. Se gana la vida como gorrilla y recogiendo chatarra. Como ocurre con casi todos los sujetos a los que he fotografiado para este proyecto, no son malas personas por naturaleza, sino que han nacido en la pobreza extrema y han sufrido traumas y abusos toda su vida, lo que les ha llevado a tomar muy malas decisiones.

Muchos de los sujetos a los que fotografié habían sido condenados por crímenes violentos como homicidios y asesinatos. En prisión, como parte de los ritos iniciáticos de The Number, cometían más actos violentos contra otros presos o funcionarios. Algunos de los presos, que tenían condenas de unos pocos años en la cárcel, acabaron cumpliendo 30 años por su dedicación a la banda.

"No son malas personas por naturaleza, sino que han nacido en la pobreza extrema y han sufrido traumas y abusos toda su vida, lo que les ha llevado a tomar muy malas decisiones"

Un tipo, que se hace llamar Mandown, robó una rebanada de pan en 1978. Lo encerraron con un alto miembro de la banda, lo reclutaron y, como cometió otros crímenes en nombre de The Numer estando en prisión, estuvo cumpliendo condena hasta 2003.

Todas las historias hablan de tristeza, violencia y locura transitoria.

¿Qué equipo usaban para tatuar?
Por lo general usan una cuerda de guitarra afilada como aguja. Para la tinta usan goma quemada, convertida en ceniza y mezclada con agua para formar una pasta. Hasta hace muy poco, todos los tatuajes que se hacían en prisión estaban hechos a mano.

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Háblanos de la simbología, la iconografía y el significado de los distintos motivos que usan en sus tatuajes.
Hay varios elementos fundamentales en la banda que es importante entender en el contexto de la simbología.

Los 26 tienen la tarea de obtener la divisa dentro de la cárcel, ya sea en forma de dinero o de contrabando, drogas, tabaco, cosas así. Son unos maestros del contrabando y la manipulación. Se dice que trabajan desde que sale el sol, de ahí que el término sonop (amanecer) sea un saludo común y un motivo presente en muchos tatuajes. También usan la palabra zulú Pumalanga, otro término para referirse al amanecer.

Los 27 son los responsables de hacer que se cumpla la ley de The Number y son los miembros más entregados y temidos de la banda. Sus motivos a menudo incluyen armas, alfanjes cruzados y versos relacionados con las leyes de la banda.


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Los 28 tiene la tarea de defender los derechos de los presos, normalmente mediante el uso de la fuerza, por ejemplo, atacando a los funcionarios de prisiones si los miembros de la banda no reciben un trato adecuado por parte de las autoridades. También tiene bajo su mando a subordinados y miembros de otras bandas a los que someten mediante agresiones sexuales. Entre sus motivos hay escenas sexuales violentas y penes. A diferencia de los 26, esta facción trabaja de noche, por lo que a menudo sus tatuajes muestran las palabras sonsak o Shonalanga, las variantes en afrikáans y zulú, respectivamente, para referirse a la puesta de sol.

Lo que me llamó la atención fue esa yuxtaposición de la figura de estos delincuentes tan curtidos y el uso de imágenes cómicas de dibujos animados. Muchos de los hombres a los que retraté habían cometido crímenes horribles y, sin embargo, mostraban alegres tatuajes de personajes de dibujos animados. Según me dijeron, esto se debe a que con frecuencia, las imágenes a las que tenían acceso los presos se limitaba a las tiras cómicas que aparecen en los periódicos.

Otra cosa que me fascinó era que había muchos tatuajes con texto. Algunos tipos tenían toda la espalda cubierta con cientos de palabras, la mayoría en un inglés malo y pese a que casi todos los presos y tatuadores hablaban solo afrikáans. Esos textos cuentan historias sobre las adversidades de la vida, la cultura de la banda y el aislamiento autoimpuesto.

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¿Hubo algún tatuaje que te llamara especialmente la atención?
Los tatuajes de penes que llevan los 28 son muy emblemáticos. También resultan interesantes, aunque de una forma repulsiva, la mezcla de escenas de violaciones y asesinatos con personajes de cómics.

El tatuaje más importante para mí es una frase que me regaló Gerald “Horings”, que dice: “Go tell it to the birds” (Ve y cuéntaselo a los pájaros). Para mí es la más significativa. Me la tatuaron en el cuello.

Los tatuajes están intrínsecamente vinculados a la personalidad de quien los lleva, pero tienen más que ver con los crímenes que han cometido y las condenas consiguientes y no tanto con su vida, sus sueño o aspiraciones.

"La mayoría de los hombres que fotografié se sienten orgullosos de sus tatuajes, a pesar del dolor y el trauma que simbolizan esas marcas"

En las prisiones de Sudáfrica, como seguramente pase en casi cualquier otra parte del mundo, los presos se hacen muchos tatuajes para mostrar una imagen más intimidante y mostrar aun más su rechazo a las normas sociales. Son comunes los tatuajes de cara con frases obscenas que demuestran una compleja mezcla de ego y autodestrucción. Con estos tatuajes se granjean respeto y notoriedad en la cárcel y a la vez reducen la posibilidad de volver a integrarse en la sociedad. Nadie quiere contratar a un tipo que lleva escrito “Jódete” en la frente, pero en la cárcel, ese tipo de actitud nihilista antisistema está bien valorada.

La mayoría de los hombres que fotografié se sienten orgullosos de sus tatuajes, a pesar del dolor y el trauma que simbolizan esas marcas. En muchos casos los consideran una especie de cicatrices de guerra.

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Ahora ya has terminado el proyecto. ¿Ha cambiado tu tesis con respecto a la que sostenías al empezar?
Mira, yo elegí documentar esos tatuajes por su estética sudafricana única pero, a medida que avanzaba el proyecto, el foco se desplazaba al proceso de hacer tatuajes en prisión, los motivos representados y el aislamiento social y la discriminación que sufrían los convictos. Con el paso del tiempo se iba haciendo patente la lucha por la reintegración en la comunidad una vez puestos en libertad.

Los tatuajes simbolizan a los proscritos y lucirlos tiene un coste muy alto. A eso añádele la mitología de la banda The Number, que lleva un siglo imponiendo su dominio en el sistema penitenciario sudafricano, y tienes una narrativa en estado puro.

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Fotos de Luke Daniel.