Politică

Ahora Madrid se ha convertido en el Uber de la política

¿Ha reducido Manuela Carmena a los partidos de izquierdas a una comparsa que maquilla su imagen?
20.11.18
Manuela Carmena y Pablo Iglesias
Manuela Carmena y Pablo Iglesias. Fotografía por Andrea Comas/Reuters

Noche del 24 de mayo de 2015. Una multitud abarrota la cuesta de Moyano, un pequeño paseo madrileño donde se venden libros viejos que comunica la zona de Atocha con el Retiro. Dos figuras hacen de rogar su presencia en el escenario, calentando a la gente como si de un concierto se tratara. Una es Pablo Iglesias, líder indiscutible en ese momento de una formación política que aspira a todo. La otra es Manuela Carmena, una exjueza desconocida por la mayoría hasta hacía unas semanas. Han sido las elecciones municipales y el espacio de confluencia Ahora Madrid ha quedado segundo en la noche electoral, abriendo la puerta a poder desalojar a un PP acosado por la crisis y la corrupción que lleva gobernando la capital ininterrumpidamente desde 1991.

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¿Qué ha pasado para que en tres años aquel júbilo y esperanza llamado cambio se transforme en una situación cuando menos hostil entre sus protagonistas? Acompáñenos en un viaje alucinante a las catacumbas de la política contemporánea para averiguarlo. La situación madrileña es la radiografía definitiva de nuestro momento.


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La dirección provincial de Podemos en Madrid, controlada por Ramón Espinar y Julio Rodríguez, hombres de confianza de Pablo Iglesias, presentó el domingo 11 de noviembre la lista de candidatos para las primarias del partido al ayuntamiento. Esa misma noche seis concejales de Ahora Madrid pertenecientes a Podemos deciden retirarse de esa lista considerando que se les ha relegado a posiciones demasiado bajas. Entre los más relevantes se encuentran Rita Maestre, portavoz municipal, Jorge García Castaño, concejal de Economía y Hacienda y Jose Manuel Calvo, concejal de Urbanismo. La crisis pública está servida.

Desde las filas de los concejales díscolos afines a Carmena se filtra que existía un pacto con Podemos para integrar a Julio Rodríguez, pero que la dirección de su formación en Madrid lo incumple alterando las listas en el último momento y dando prioridad a otras personas por encima de las del equipo municipal. Públicamente, el lunes 12 de noviembre, los concejales sacan un comunicado donde dicen mantener su compromiso con Podemos pero donde reiteran su cercanía a la alcaldesa y a su proyecto, donde sería ella la última responsable de la lista electoral.

Más allá de las declaraciones públicas, las filtraciones, los estatutos y las listas electorales en las elecciones municipales de Madrid se dirimirá, en gran medida, el futuro de Podemos y de eso que se dio en llamar nueva política

En Podemos primero responde ese lunes Pablo Echenique, secretario de organización a nivel nacional, situando fuera del partido a los concejales al incumplir los estatutos que les obligan a presentarse a primarias. El martes 13 se confirma la suspensión de militancia de Rita Maestre y compañía, que la noche anterior ya ha sido filtrada a la prensa. El partido morado considera internamente que la decisión de los concejales es un boicot impulsado por Carmena a su liderazgo en Madrid.

Pablo Iglesias rompe su silencio el miércoles 14, asaltado por los reporteros en un simulacro de incendio del el Congreso de los diputados —la realidad suele ser paródica cuando vienen mal dadas para un líder—, afirmando que los ciudadanos están hartos de que los problemas internos se diriman delante de los medios de comunicación y que todos los miembros de su partido están obligados a cumplir el código ético.

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La alcaldesa habló el jueves tras finalizar un acto con la Policía Municipal reiterando algo en lo que, por otra parte, lleva insistiendo en los tres años de su mandato: ella no es de Podemos y no tiene nada que hablar con Iglesias. Carmena dejó en el aire la incorporación de Julio Rodríguez a la próxima candidatura, aumentando aún más la tensión de quien se supone que es la apuesta de la dirección nacional de los morados para Madrid.

Cuando juegas al juego de tronos, o ganas o mueres

Más allá de las declaraciones públicas, las filtraciones, los estatutos y las listas electorales en las elecciones municipales de Madrid se dirimirá, en gran medida, el futuro de Podemos y de eso que se dio en llamar nueva política.

Podemos ha querido plantear un pulso a Carmena por una razón que todo el mundo comenta en los círculos de la izquierda madrileña: aunque la alcaldesa vaya a repetir encabezando las listas probablemente no llegará al final de la legislatura por una cuestión de edad. Dándola por amortizada lo que se busca es tener el control del grupo municipal tras la salida de la exjueza.

El problema es que la dirección madrileña de Podemos ha sido demasiado brusca y tajante en la confección última de esas listas de primarias internas, a pesar de que, objetivamente, tenía toda la capacidad para ordenarlas a su antojo. Si, como ha insistido Carmena, ella va a ser quien tenga la última palabra a la hora de elegir quién le acompañará en las elecciones, parece que la batalla se ha planteado torpemente antes de tiempo.

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Sin primarias la situación hubiera sido diferente, probablemente la de la negociación en despacho de esas listas. Algo muy parecido a lo que ocurre precisamente con las primarias pero sin necesidad de exponer públicamente las cartas meses antes de que el proyecto unilateral de Carmena tome cuerpo.

Carmena quiere ser quien tenga la última palabra a la hora de elegir quién le acompañará en las elecciones

Carmena fue desvinculándose progresivamente de Ahora Madrid desde el inicio de la legislatura, dando un portazo en 2015 a la mesa de coordinación de partidos que conformaban la coalición. La tensión no es nueva, la diferencia es la correlación de debilidades que se ha hecho patente tras un tiempo en el que Podemos, si bien resiste en las encuestas de política nacional, tampoco parece ampliar su espacio tras la llegada al Gobierno de Pedro Sánchez.

Si las batallas dentro de Podemos Madrid se habían librado entre el pablismo y el errejonismo hasta el segundo congreso de Vistalegre, ahora la decisión de los concejales en el fondo lo que demuestra es que hay personas de relevancia vinculadas a Podemos que dan al experimento morado por finiquitado y que prefieren situarse al margen de la formación ya que la ven más como un lastre que como una oportunidad.

Justo a la inversa de lo sucedido en la anteriores elecciones municipales, donde Podemos impulso estas marcas blancas temeroso de que los primeros compases de la política municipal le fueran a dar más disgustos que alegrías, vinculándose así a las mismas pero manteniendo la suficiente distancia para concurrir a las elecciones generales de diciembre 2015 sin tener que responder ante posibles problemas de estas confluencias. El tiempo ha demostrado que la decisión fue catastrófica para Podemos.

Sin embargo Carmena tampoco las tiene todas consigo. Se sabe imprescindible para revalidar victoria en Madrid, pero carece por completo de una organización real que la apoye. Es, en términos militares, un general con carros de combate pero sin nadie que los conduzca, con fusiles pero sin infantería. La decisión de sus concejales, a todas luces consensuada debido a la enorme cercanía del grupo expulsado, ha conseguido en un primer momento lo que se pretendía: liberar de la disciplina de Podemos a los “transfugas” internos y situarlos tan sólo bajo el ala protectora de Carmena, pero ha destapado la división con demasiada crudeza.

Aunque tanto el carmenismo, que pretende sobrevivir a la propia alcaldesa, como Podemos se necesitan mutuamente, la pregunta que nadie quiere hacerse empieza a flotar en el ambiente tras la escenificación de un desencuentro que a todos parece que se les ha ido de las manos, ¿se puede llegar a una ruptura total y a dos candidaturas simultáneas? Todo dependerá de quien decida retirarse del pulso antes de que los dos contendientes se rompan el brazo, si Carmena asumiendo que por sí sola no tiene estructura para encarar un proceso electoral o Podemos admitiendo que sería una decisión incomprensible por el electorado, resultando un duro golpe que podría poner en peligro a todo el partido.

La batalla por las listas electorales en Madrid no es más que el enésimo capítulo de unas formas de actuar y organizarse que parecieron las óptimas hace tan sólo unos cinco años pero que hoy prometen llevarse por medio a los partidos de la izquierda

Mientras Errejón calla, consciente de que el desgaste lo están sufriendo sus adversarios internos, pero también conocedor de que sus posibilidades de obtener un buen resultado decrecen si su partido es incapaz de conformar una candidatura unitaria en la capital de la comunidad que aspira a presidir.

Izquierda Unida, que es el tercer pilar de Ahora Madrid, no sin sufrir un duro proceso de disolución de su antigua federación madrileña, al negarse esta a participar en la convergencia y estar algunos de sus dirigentes salpicados por casos de corrupción, asiste al espectáculo con abnegación. Aunque ideológicamente se sitúan en posiciones mucho más a la izquierda que Carmena, su relación con la alcaldesa no es del todo negativa al entender esta que son una organización cohesionada con la que puede llegar a acuerdos y que arrastra en la capital un granero de votos imprescindible para la viabilidad última de su proyecto.

La vuelta de Mary Shelley y su criatura

Si la literatura gótica del s. XIX nos enseña algo es que hay que tener cuidado con los monstruos que uno crea. Frankenstein o el moderno Prometeo, la novela escrita por Mary Shelley en 1816, cuando la brutal erupción de un volcán indonesio sumió al hemisferio norte en un año sin verano, nos advertía de los peligros de la separación de la ética y las capacidades científicas, del hecho de que la posibilidad técnica de lograr un avance no le resta riesgo al mismo. Que el doctor suizo pudiera devolver a la vida a un cadáver fragmentado mediante la electricidad, no implicaba que la criatura no acabara por tener sus propias inclinaciones y volverse en su contra.

La batalla por las listas electorales en Madrid no es más que el enésimo capítulo —y por supuesto no el último— de unas formas de actuar y organizarse que parecieron las óptimas hace tan sólo unos cinco años pero que hoy prometen llevarse por medio a los partidos de la izquierda.

La nueva plataforma de Carmena es el sueño de la economía californiana importado a la política española

De todas las declaraciones de este episodio, las más interesantes, fueron las que Carmena hizo en Berlín al iniciarse el conflicto, no por sí mismas, sino por lo que guardan dentro de sí: “La idea es que sea una plataforma no de partidos políticos, aunque por supuesto si con afiliaciones a los partidos políticos, pero no un acuerdo entre partidos. Así no tendremos que andar con estas cosas, que yo creo que no son positivas, eso de las cuotas y no digamos de los acuerdos internos de partidos. Una plataforma que esté integrada por ciudadanos activos en sus profesiones y dispuestos a una pausa de cuatro o cinco años en política, haciendo una labor solidaria".

Ahora Madrid fue una respuesta exitosa a un momento de incertidumbre, un collage más basado en lo procedimental que en el programa, más centrado en la imagen que en el fondo, que planteaba tres líneas claras: el reconocimiento de la pluralidad de la izquierda en Madrid, al integrar desde el Partido Comunista hasta sectores activistas procedentes del autonomismo; la elección de las listas mediante primarias, como espectacularización de la participación ciudadana; y lo que se llamó el asalto institucional, o la necesidad de entrar en la política reglada del Régimen del 78 para crear contradicciones que ayudaran a superarlo. De las naturaleza inicial del proyecto hoy no queda nada o queda bien poco.

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Sin embargo, lo que sí quedó fue la figura de Carmena, una creación de marketing político que la ciudadanía abrazó gustosa después de años del gobierno del PP y de su enfrentamiento con la némesis Aguirre. Alguien que no era nadie y que fue aupada para que lo fuera todo, alguien que, efectivamente, era mucho más que una simpática y venerable anciana. Carmena, al plantear su nueva plataforma, asesta un golpe mortal a la política de izquierdas entendida como un esfuerzo común en una organización estable regido por una ideología fuerte.

La nueva plataforma de Carmena es el sueño de la economía californiana importado a España, paradójicamente por quien se supone que había venido a cambiarla en líneas alternativas a lo neoliberal. Es la uberización de la política, su mutación en un modelo en que una figura carismática, carente de partido —no de ideología— elige a una serie de individualidades notables que la acompañen como si de una start-up se tratara.

Si el modelo de partidos de izquierda podía resultar anquilosado, al menos existían unas estructuras de participación estables, una militancia permanente y una dirección responsable de sus decisiones. Mañana la única participación posible será elegir en un Tinder electoral donde el éxito dependerá de la capacidad de lobby y recursos para poder optar a un buen puesto de salida en la primarias.

Ahora Madrid, bajo el mandato cesarista de Carmena, ha obtenido buenos resultados en su gestión, unos buenos resultados dentro de unas líneas de respeto al régimen político y sus estructuras económicas, algo perfectamente asimilable a un partido como el PSOE con el que la alcaldesa mantiene unas excelentes relaciones. La operación Chamartín, hoy ya Madrid Nuevo Norte, concuerda a la perfección con los intereses del BBVA y los constructores, apostando por un modelo de ciudad en el que la actividad del ayuntamiento es la de mediar con los intereses especulativos, nunca confrontarlos. Una “labor solidaria”, que diría Carmena.

Aquello que prometía horizontalidad y participación ha acabado reducido a un bonapartismo de diseño

El cambio político en Madrid, efectivamente, se ha dado, pero no en la líneas que sus impulsores originales pretendían. La mayoría de la ciudadanía progresista siente una enorme simpatía por Carmena, o mejor dicho, por su reflejo espectacular y mediático. Los partidos de izquierdas han sido reducidos a una comparsa que se mira con desconfianza, casi como algo que manchara. El mito de la gestión neutra se hace más fuerte, tachando de meras decisiones técnicas lo que no son más que acciones profundamente ideológicas neoliberales. Aquello que prometía horizontalidad y participación ha acabado reducido a un bonapartismo de diseño, es decir, a la toma de decisiones de forma tan autoritaria como populista.

Las criaturas siempre acaban liberándose de sus creadores. E incluso acabando con las manos que les dieron la vida.

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