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La muerte, los impuestos y Tom Brady liderando un regreso triunfal

Son las tres certezas que tenemos en la vida.
LC
traducido por Laura Castro

Tom Brady es certeza. Es tu mortalidad. Es una fuerza imparable impulsada por supositorios vitamínicos y aire purificado en un ritual llevado a cabo por un financista desacreditado que se hace pasar por chamán y que ahora vive en su casa con piscina. Él es un ángel exterminador del fútbol cuyo instrumento de muerte es un brazo derecho envuelto en vendaje orgánico neuromuscular disponible en su sitio web por $99.99 dólares el rollo.

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Es hora de dejar de luchar y dejar que la oscuridad se cierna sobre nosotros. Una vez más, no habrá nada que detenga a los Patriotas de Nueva Inglaterra. Somos unos tontos si pensamos lo contrario. El marcador podría ser 28-3 o 20-10 y Brady podría tener 12 puntos de sutura en la mano con la que lanza, o un arpón atravesado en la cabeza y aún así lideraría un regreso que nos haría añorar el dulce abrazo de la muerte.

Aceptemos nuestro destino dos semanas antes de que los Patriotas ganen otro Super Bowl en Minnesota. Resignémonos a no sentir ni siquiera un destello de esperanza si las Águilas de Filadelfia tienen la ventaja en la segunda mitad o incluso una ventaja de dos posesiones del balón. No nos engañemos nunca más con la idea de que Brady perderá. Comencemos el proceso de anestesiarnos para que disminuya el dolor de ver la estúpida sonrisa de Brady cuando levante otro Trofeo Vince Lombardi.

Pensemos en todos los momentos de los Patriotas en el Campeonato de la AFC que hubieran significado el final de la temporada para el resto de los mortales.


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Por ejemplo, cuando el mariscal de campo no tuvo a su receptor favorito, Rob Gronkowski, durante toda la segunda mitad del juego. No importó. Era la tercera oportunidad y 18 yardas por avanzar cuando Brady completó un pase hacia un tipo que podría haber sido reemplazado fácilmente por el fan menos sobrio del Gillette Stadium para conseguir un primer down. Cada receptor en la lista es parte de una apuesta de $1 dólar entre Robert Kraft y Donald Trump para ver si hay algo que pueda detener a Brady. Alerta de spoiler: nada puede.

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Enfrentando a la defensiva número uno de la liga —aunque después de estas últimas dos semanas, ya no estamos muy seguros de que esto sea verdad—, Brady logra anotar dos touchdowns en el último cuarto con la ayuda de la siesta de 15 minutos que tomó en el medio tiempo, usando su pijama mágica.

Cuando Myles Jack recuperó un balón suelto y estuvo a punto de anotar un touchdown que hubiera sellado la victoria para los Jaguars, Brady usó poderes telequinéticos para hacer que un oficial marcara un tiempo fuera antes de que Jack pudiera poner a los Jaguares 17 puntos adelante. Esto sólo fue posible gracias a que Brady se lavó el cabello con un shampoo de sorgo especialmente potente que le vendió por $11,000 dólares un hombre vestido con una toga que vive dentro de una camioneta, quien se llama a sí mismo The Relic y que acaba de ser contratado como nutricionista en el TB12 Sports Therapy Center.

No importa cuán sombría sea la situación, Brady siempre se abre camino. Es tan admirable como nauseabundo. Es un virus al que no podemos matar. Cada vez que tenemos la vacuna que puede salvar a la humanidad, el virus muta y se vuelve aún más mortal, destruyendo todo a su paso. No hay suplicas, oraciones ni Tom Coughlin que pueda detenerlo. Ahora ya tenemos la certeza de esto.


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Brady es un asesino cabeza hueca, un erudito vacuo del fútbol. Él es el Derek Zoolander de la NFL, es el mejor en lo que hace en gran medida debido a esas características. Bill Belichick ha transformado a Brady del mariscal de campo suplente de Michigan al mejor de todos los tiempos al llenar ese cerebro hueco tipo Homero Simpson con tanto conocimiento de fútbol que sólo puede procesar esquemas defensivos y rutas para los receptores. Debido a esto, Brady cree que el agua evita las quemaduras solares y los carbohidratos causan conmociones cerebrales, pero ese intercambio recíproco es el fundamento de una dinastía.

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Pero quizás a pesar de todo esto, aún quieras creer en Nick Foles. Tal vez pasaras las próximas dos semanas convenciéndote de que las Águilas son nuestra salvación, dado que su defensa logró anular a Case Keenum. Tal vez llames a una estación de radio deportiva para presentar la teoría de que LeGarrette Blount todavía tiene acceso a los libros de las jugadas de los Patriotas, y que esa es la ventaja que necesitan las Águilas.

La muerte, los impuestos y los Patriotas son las tres cosas a las que no puedes engañar, además los Patriotas saben todo sobre engaños.

Así de mal me dejó el triunfo de los Patriotas sobre los Jaguares. Ahora estoy preparado para considerar las trampas de los Patriotas como algo encomiable. ¡Son tan buenos en eso! Brady lo domina por completo y ¿desde cuándo no celebramos a los talentos generacionales y sus respectivos talentos? Si tuvieras que ganar un partido de fútbol en este momento, ¿elegirías un excelente mariscal de campo o un excelente mariscal de campo que sea excelente haciendo trampa? Espero que cuando Brady se retire descubramos aún más trampas para que podamos celebrarlas. Él merece el crédito por todo.


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Esta temporada se habló de que la NFL quizás ya no sea una liga de mariscales de campo. Después de todo, esta postemporada tuvo muy pocos mariscales de campo que pudieran considerarse líderes de juego, o eran demasiado jóvenes para alcanzar ese gran éxito y tan rápido o demasiado maduros para ser reemplazados por Colin Kaepernick en agosto. En 2018, el equipo, dicen, es tan importante, si no es que más importante, que el mariscal de campo.

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Quienes dicen esto nos están mintiendo. Quienes dicen esto se mienten a sí mismos. Nos están llenando con la misma falsa esperanza que dejó a Jacksonville en la ruina. Esta es la razón por la cual la gente pasó el domingo apoyando a Blake Bortles en el Gillette Stadium. La esperanza en contra los Patriotas es una enfermedad.

"Brady es sólo un hombre", es seguramente lo que estás pensando. Brady no es más que un mortal, y si Eli Manning puede vencerlo, cualquiera puede vencerlo.

Hay algo de verdad en eso. Un hombre y sólo un hombre tienen el poder de destruir a Brady. Un hombre con una habilidad inigualable para tomar a los mariscales más talentosos y reducirlos a escombros. Un hombre que puede hacer polvo a un mariscal de campo de forma tal que te deja pensando si ese mariscal de campo pertenece siquiera a la liga.

Y ese hombre es Jeff Fisher.

Desafortunadamente, Fisher no es el entrenador de los Patriotas, por lo que no puede hacer nada para evitar que Brady gane otro Super Bowl. Así que felicidades por tu sexto anillo y la inevitable celebración en Mar-a-Lago, idiota.