medio ambiente

Presidente Santos: ¡cumpla con su compromiso de detener la deforestación!

OPINIÓN | Un grupo de 25 niños, niñas y jóvenes de todo el país, nos unimos para interponer una tutela contra el Gobierno, porque no está haciendo lo suficiente.
29.1.18
Veinticinco demandantes, conformados por niños y jóvenes, entablaron una acción de tutela contra el cambio climático, encabezada por César Rodríguez (centro), director de Dejusticia. | Cortesía: Dejusticia.

¿El agua que consumimos en Bogotá depende de los bosques de la Amazonía? ¿Cómo así?

Ese fue uno de los primeros descubrimientos que hicimos cuando empezamos a estudiar la deforestación en el bosque amazónico y los efectos que tenía para todos los colombianos. Encontramos que el páramo de Chingaza, del que bebemos agua el 70% de los bogotanos, se alimenta de las lluvias que viajan desde los bosques del sur del país. Ese simple hallazgo hizo que, por primera vez, tuviera sentido eso que nos enseñaron desde el colegio: que los ecosistemas están interconectados y que lo que ocurre en uno afecta las dinámicas de todos los demás.

Publicidad

Hace casi un año empezamos a buscar la manera de hacer algo contundente en contra de uno de los peores males que deberá enfrentar nuestra generación (y las que se vienen): el cambio climático. Sabíamos que la peor parte de este fenómeno nos tocaría a nosotras y queríamos encontrar una manera de aportar. Así nació la primera tutela sobre cambio climático y generaciones futuras de América Latina, firmada por veinticinco niños, niñas y jóvenes de diferentes partes del país.

Al seguir investigando nos dimos cuenta de que el problema iba mucho más allá del agua. Aprendimos que el principal motor de cambio climático en el país es la deforestación, y que la región donde más se deforesta es la Amazonía, que es también “el pulmón del mundo”. Tan grave es el tema, que en el 2016 se deforestaron en Colombia casi tantas hectáreas como el tamaño del departamento del Quindío.

Las veinticinco personas que hacemos parte de esta tutela compartimos una misma inquietud: ¿qué podemos hacer como generaciones futuras para frenar el cambio climático? Cada uno de nosotros trata de reducir su huella ambiental con pequeñas acciones en su vida diaria: José Daniel, de Leticia, hace parte del grupo ecológico de su colegio; Félix, su hermano, estudia zootecnia para trabajar con las diferentes especies de la Amazonía; Acxan, de Buenaventura, acompaña a su mamá a un programa pedagógico sobre reciclaje; Antoine, en Cali, y Ariadna, en Cartagena, participan en debates escolares sobre cambio climático.

Desde Florencia Yuli desarrolla proyectos de protección ambiental; Yurshell y Violeta, de San Andrés, estudian ingeniería ambiental y biología para proteger la tercera barrera arrecifal más larga del mundo; Pablo se ha recorrido la mitad de los páramos del país y comparte con sus amigos los aprendizajes de esas experiencias; Jesús usa la bici como principal medio de transporte en Bogotá. Y nosotras, las mayores del grupo, dedicamos nuestro trabajo a la justicia ambiental.

Publicidad

Éstas son decisiones que tomamos en nuestra vida diaria para enfrentar algo que es mucho más grande que nosotros: el cambio climático. Sin embargo, desde el año pasado, empezamos a sentir que estas pequeñas acciones no eran suficientes. Nos alarmamos al saber que mientras usted ve un partido de fútbol se habrán deforestado 24,5 hectáreas de bosque. Es decir, en 90 minutos se talan 34 estadios El Campín.

Decidimos recurrir a una tutela, apoyada por Dejusticia, porque desde el 2013 el Gobierno Nacional se comprometió, ante el mundo, a reducir a cero la tasa de deforestación en la Amazonía colombiana para el año 2020. Pero, ¿cómo piensa cumplir si la tala de bosques sigue aumentando? En 2016, que es el último dato oficial, la deforestación creció 44%. Y a este ritmo Colombia tampoco podrá cumplir con otro compromiso que hizo hace dos años en la Cumbre del Clima de París: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que son los principales causantes del cambio climático. No podrá hacerlo porque la deforestación y la liberación de gases de efecto invernadero van de la mano.

Optamos por una tutela porque la deforestación no solo vulnera nuestro derecho a gozar de un ambiente sano sino que también amenaza nuestros derechos a la vida, a la salud, a la alimentación y al agua. Nos fuimos por la tutela porque somos la generación que va a tener que enfrentar los efectos del cambio climático y necesitamos una respuesta rápida

Nos alarmamos al saber que mientras usted ve un partido de fútbol se habrán deforestado 24,5 hectáreas de bosque. Es decir, en 90 minutos se talan 34 estadios El Campín.

Los veinticinco niños, niñas y jóvenes que nos pusimos de acuerdo en que queríamos tomar este camino, nos reunimos en Bogotá para conocernos. Fue increíble ver cómo un árbol talado en el Amazonas nos afecta a todos nosotros que, cuando seamos adultos, viviremos en un país 1,6°C más caliente y que para 2100 tendremos que soportar una temperatura 2,14°C más alta. Ese es el mundo en el que vivirán nuestros hijos, si decidimos tenerlos. Eso quiere decir que nuestro derecho a la vida digna, sí o sí, se verá amenazado. Esto va a afectar a Victoria (Palmira), Aymara (Itagüí) y Laura (Envigado), que viven en grandes ciudades donde las olas de calor aumentarán. También a Rolando, de Caquetá, quien estará en riesgo por los desastres naturales que puedan ocurrir en lo alto del pie de monte.

En la tutela decimos que también está amenazado nuestro derecho a la salud, porque con el cambio climático las enfermedades tropicales, como el dengue y el zika, se expandirán. Candelaria y Juan, que viven en Quibdó y Neiva, se enfrentarán a esto. Y Adrián Santiago y Valentina, de Cubarral, vivirán en un territorio donde las plagas en la agricultura aumentarán, viendo amenazado su derecho a la alimentación.

Publicidad

Nuestro derecho al agua también está en riesgo. Andrés Mauricio, de Floridablanca, verá cómo disminuye este recurso en su región. Y Claudia, de Arauca, será testigo de la disminución del río del que ella, su familia y todos sus vecinos se abastecen de agua. Además, quienes vivimos en Bogotá, como Camila y nosotras, podremos ver en riesgo a nuestros páramos. Pero no solo eso, el país como lo conocemos cambiará: Carmen, de Cartagena, verá desaparecer playas y Catalina, de Manizales, contemplará cómo el Nevado del Ruiz termina de derretirse.

Nos dimos cuenta de lo importante que era hacer algo como jóvenes. Le apostamos a interponer la primera tutela de cambio climático y generaciones futuras en América Latina porque, aunque no tenemos el poder de decisión de un ministro o un presidente, y no somos quienes están decidiendo qué hacer para frenar la deforestación y el cambio climático, sí somos los que tendremos que enfrentar las consecuencias. Entonces, lo que sí está en nuestras manos, es exigirle al Gobierno que cumpla sus compromisos. Y decirle que aquí estamos nosotros, vigilantes y propositivos.

Todos se pueden sumar a este llamado firmando nuestra petición “Primera Tutela sobre Cambio Climático y Generaciones Futuras” en Change.org


Esta es una columna de opinión y, por tanto, no representa la línea editorial de VICE Media Inc.