Combatientes kurdos en irak siria
Combatientes del YPG en el frente de Al-Hawl. Rojava, Siria, 4 de diciembre de 2015. (Foto de Joey Lawrence)
Identidad

Fotografiar la guerra cuando no eres fotógrafo de guerra

Joey Lawrence suele retratar a personas famosas o comunidades muy herméticas de todo el mundo. Esta vez, sin embargo, dirigió el objetivo a los kurdos que combaten contra el Estado Islámico.
Pierre Longeray
Paris, FR
MA
traducido por Mario Abad
23.8.19

Cuando no está retratando los rostros más famosos del mundo, al fotógrafo Joey Lawrence le gusta trabajar en zonas de guerra. En marzo de 2015, el canadiense cogió un vuelo a Solimania, una ciudad de la región septentrional del Kurdistán iraquí, para fotografiar a los combatientes kurdos que luchan contra el Estado islámico. Su intención era capturar el aspecto más humano de estas personas, en lugar de la destrucción que suele mostrarse en la fotografía de guerra.

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Cuatro años y otros tantos viajes después, Lawrence publica We Came From Fire, un compendio de imágenes íntimas de combatientes kurdos a las que acompaña el diario de viaje del fotógrafo. Lo llamé a su casa de Nueva York para que me contara cómo acabó en Irak y Siria y en qué consiste el día a día de los combatientes en primera línea.

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Perwîn, combatiente kurda, en el interior de una iglesia abandonada en Shengal. 11 de noviembre de 2016

VICE: Hola, Joey. ¿Por qué decidiste explicar esta historia?
Joey Lawrence: En 2011, seguí el comienzo del conflicto en Siria como todo el mundo, viendo las noticias e informándome sobre la evolución de la Primavera Árabe. Enseguida me llamó la atención una cosa: era la primera vez que un conflicto de esta envergadura se seguía en tiempo real en Twitter. Muchos periodistas civiles subían publicaciones en redes sociales. Y también grupos yihadistas.

A finales de 2012 vi varios vídeos de combatientes kurdos y empecé a pensar, ¿Quiénes son esas personas que se oponen al Gobierno, los rebeldes y los yihadistas? Mi trabajo siempre ha estado centrado en grupos y culturas con lenguas en peligro de desaparición, y vi ciertas similitudes entre los kurdos y las tribus etíopes con las que he trabajado para algunos proyectos.

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Combatientes kurdos en Makhmur, gobernación de Erbil, 13 de marzo de 2015

¿Qué te empujó a ir?
Decidí ir en 2015, cuando conseguí dar con un buen contacto en la zona. No soy fotógrafo de guerra, por lo que en el primer viaje todo me preocupaba y no sabía en quién podía confiar. Todo lo que sabía lo había aprendido en internet, y cuando llegas al sitio, te das cuenta de que las cosas son muy distintas.

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Al fondo, una estatua erigida en honor de los combatientes mártires de Kobane. Rojava, Siria, 13 de noviembre de 2016.

¿Cómo salvaste el problema de tu falta de experiencia en la fotografía en zonas de guerra?
Mi plan era volar primero a Solimania, una ciudad totalmente segura. Allí me encontraría con mi contacto, conocería a la gente e iría acercándome, poco a poco, paso a paso, a la primera línea del conflicto. El pueblo kurdo es gente en la que puedes confiar, y eso fue de gran ayuda porque me sentía protegido. Cualquier fotógrafo que visite Rojava [una región autónoma del noreste de Siria] vuelve con un sentimiento de gran aprecio por su gente, hasta el punto de que los periodistas acaban adoptando un rol de activistas al defenderlos.

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Unos niños juegan con un tanque después de la escuela. Gobernación de Nínive, Irak, 22 de noviembre de 2015

¿No te resultó difícil acceder a los combatientes kurdos?
Por aquel entonces, era mucho más fácil que ahora. Lo único que necesitabas era un buen contacto al que explicarle tu proyecto y que actuara como “puente cultural”. En mi caso fue distinto porque no trabajaba para ninguna publicación; solo tenía un iPad cargado de proyectos. Mi contacto me presentaba como un fotógrafo cultural y luego les ensañaba mis fotos de tribus africanas. Supongo que para ellos era muy distinto. Me ayudaron mucho y me dejaron ver absolutamente todo lo que quise ver.

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Cudi Serhed, comandante de Operaciones, en el frente, al mando del brazo armado del PKK en Shengal. Gobernación de Nínive, Irak, 22 de noviembre de 2015

Aun así, uno pensaría que estos combatientes kurdos tienen cosas mejores que hacer que posar para un desconocido en plena guerra.
La guerra, en su mayor parte, es aburrida. Solo hay acción cuando efectúan una ofensiva. La imagen que mejor define la guerra es la de un bando a cada lado, mirándose fijamente el uno al otro. Por eso, acceder al frente puede ser fácil si te lo sabes montar. Te sientas con el comandante, le enseñas tu trabajo y le demuestras que sabes qué significa el movimiento que defienden. Si esa persona te da su aprobación, el resto también te la dará, normalmente.

Me viene a la memoria una historia que ilustra esto: fue durante los primeros días de conflicto; yo estaba haciendo retratos individuales de todos los combatientes sobre un fondo. A medida que los fotografiaba, me di cuenta de que los otros se quedaban cerca y observaban. Al acabar, me preguntaron: “¿Podrías hacernos una foto a todos juntos? Queremos una foto en grupo porque somos una unidad, no individuos separados”. Les hice una foto a todos juntos en las trincheras. Esto da una idea de la imagen que tienen los kurdos de ellos mismos, como un cuerpo de combatientes. La razón por la que son tan efectivos es ideológica, pero también se debe a su actitud desinteresada y a que actúan como colectivo.

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Combatientes del PKK posan en las trincheras en Makhmur. Gobernación de Erbil, 4 de marzo de 2015

¿Cómo estaban los ánimos en el frente?
Los combatientes siempre procuran animarse mutuamente; hay mucha camaradería. No son solo camaradas en el campo de batalla, sino amigos, ya que están todo el día juntos. La foto en la que aparecen en el frente, riendo, es real. No se ríen porque un tío raro les esté fotografiando, sino por su actitud ante la vida, que trasciende el propio ser.

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Silava y Berivan riendo en una base abandonada por Estado Islámico en Shengal. Gobernación de Ninive, Irak, el 23 de noviembre de 2015.

¿No es raro hacer este tipo de fotos en una zona de guerra?
El hecho de ver una retahíla interminable de imágenes de guerra tiene un problema: lo que se conoce como fatiga por compasión. Al final, tu mente desconecta porque, como ser humano, no puedes soportarlo. La idea de los retratos sobre un fondo unificado es cambiar eso. Cuando miras la foto, solo ves al combatiente, te puedes centrar en su expresión y en la ropa que lleva.

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Retrato de Sarya en Makhmur. Gobernación de Erbil, Irak, 4 de marzo de 2015

Con la técnica del retrato, vuelves a poner el aspecto humano en el centro del proyecto. ¿Significa eso que el conflicto pasa a un segundo plano?
No, porque en el libro sigue habiendo muchas imágenes de guerra. Este proyecto pone más el foco en la cultura kurda, y una de las mejores formas de apreciarla es fotografiar a los combatientes responsables de su defensa. Cuando luchan en el frente, no lo hacen solo por la tierra, sino para protegerla de fuerzas como el Estado Islámico, que quieren borrarlos de la faz de la tierra. No hay que edulcorar la guerra, pero es cierto que en este proyecto ha quedado en un segundo plano.

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Una familia observa a un grupo de bomberos trabajando en la extinción de un incendio cerca de su hogar en Qayara; gobernación de Nínive, Irak, 26 de octubre de 2016

Este artículo se publicó originalmente en VICE Francia.