Elecciones 2019

Analizamos el vídeo de VOX que habla de la vida de Santiago Abascal

No sale él, pero aparecen su abuela, su madre y su hermana.
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"Santiago Abascal, 43 años sin rendirse. No hay mejor aval del valor de un político 💪🇪🇸 🎥 Esta es su historia. 📣 Difunde a tus contactos y grupos de Whatsapp para que tus amigos y familiares conozcan quién es realmente Santiago Abascal 😉 Si no deseas recibir más mensajes, envía BAJA". Desde hace meses estoy suscrita al grupo de difusión de Vox España y hoy me han mandado esto.

Esto es "Santiago Abascal, 43 años sin rendirse", una pieza audiovisual con la que el partido quiere dar a conocer quién es realmente su líder y que podría parecer uno de esos vídeos que se hacen con el Movie Maker para regalarle a un colega por su cumpleaños o por su boda en el que aparece gente hablando bien de él. Podría parecerlo si no tratara, de principio a fin, de la condición de víctima de ETA de Santiago Abascal.

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En él aparece su abuela, una señora de pelo cano que cuenta que Santi ha heredado la planta de su abuelo y que desde pequeño siempre ha sido muy decidido. Su madre habla de cuando le ponía el chándal de la selección para ir al colegio y los chavales se metían con él. Su hermana recuerda que ha crecido mirando los bajos del coche cada mañana para cerciorarse de que no había explosivos y rodeada de escoltas.

Aparecen amigos de la familia, imágenes de las pintadas amenazadoras que aparecían en los muros de Amurrio contra los Abascal, de cuando quemaron la tienda familiar y del juicio a los que boicotearon con insultos, empujones y escupitajos la toma de posesión del ahora líder de Vox como concejal del PP en Llodio, allá por 2003. Viéndolas, escuchando los testimonios, pensando en el País Vasco de los 80, 90 y principios de los 2000 es casi inevitable no entender ciertas cosas de su forma de pensar, de cómo funciona su cabeza.

Pero inevitable es, también, pensar en la política contemporánea en general y en la española en particular como en una competición de pleñideras. "Un repaso somero a la actualidad y sus argumentos nos revela que estamos sumidos en una sociedad política del llanto. La lágrima es el verdadero Trono de Hierro. El piscinazo neymariano, por explicarlo en términos futbolísticos, es el modus operandi de la vida pública española. Políticos, periodistas, intelectuales, artistas y agentes sociales, todos gesticulan dolores reales o fingidos ante el árbitro de la opinión pública buscando la aristocracia del pathos, por decirlo de forma pedante", escribía Pedro Vallín en La Vanguardia el pasado mes de enero.

La victimización de la que se había acusado tradicionalmente a la izquierda ahora es patrimonio de todos. La democracia era esto. "La disputa del sufrimiento se ha convertido en la principal lucha de poder, de uno a otro extremo del arco político: de los hombres 'perseguidos' por el feminismo a los 'exiliados' del Procés pasando por los 'secuestrados' por una huelga o los cómicos y periodistas que sufren 'linchamientos' digitales, todos quieren cimentar su legitimidad pertrechados en la autoridad moral de la víctima", reza el encabezamiento del artículo de Vallín, que establece un paralelismo entre lo que ocurre en España y lo que describió el filósofo Pascal Bruckner en el 95 en La tentación de la inocencia: una sociedad ahogada en la victimización y la infantilización que reclama atención constante y que compite por el mayor de los sufrimientos. Es decir, escribe el periodista, "por la mayor acumulación de razón moral. Por la mayor acumulación de poder".

Porque en el fondo las activistas negras que pedían dinero mediante un crowfunding para mudarse de Madrid a Berlín apelando a la reparación histórica temporal y de descanso, los políticos catalanes presos en huelga de hambre y Santiago Abascal haciendo campaña con su condición de víctima del terrorismo etarra no son tan diferentes. Y que todos ellos se tiraran de los pelos ante esta comparación no deja de confirmar las tesis de Bruckner y Vallín: la política en todas sus formas se ha convertido en una competición de plañideras.

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

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