La isla de las tentaciones

Todos tendríamos que ser como Fani de 'La isla de las tentaciones'

Los malos de 'La Isla De Las Tentaciones' no son ellas sino los pelmazos de sus novios.

por Eva Sebastián
30 Enero 2020, 8:30am

Lo que nos hemos unido como país con ESTEFANIIIAAAAA, o lo que vendría a ser lo mismo, La isla de las tentaciones, hacía tiempo que no se veía. Como mínimo desde el retorno de OT en un ya lejano 2017. Incluso ha conseguido colarse en los Goya de la manera más absurda posible.

La verdad es que en sí el reality tiene una fórmula bastante común: jóvenes que están tribuenos y pasan el día medio desnudos se encuentran aislados de sus parejas en un resort para montar dramas mientras buscan el amor. Ya habíamos visto otros formatos similares como Love Island en el Reino Unido y Alemania o 10 parejas 10, pero nunca despertaron tantas pasiones en nuestro país. Y no es porque en este estemos presenciando como se rompen, se desmenuzas, se hacen trizas de una manera casi cruel a través de los montones de imágenes que tiene Mónica Naranjo —la host del programa, qué fantasía— a los 10 participantes; sino porque la mitad de estos han decidido pasar absolutamente de la dinámica del concurso.

Y es que los tíos se han pasado por el forro hasta bien entrado el programa 6 lo que tenían que hacer. La dinámica es sencilla chicos. Os separan de vuestras novias para que ambos lados de la pareja conozca a otros solteros. Tenéis citas. Os ponéis a prueba a ver hasta dónde queréis llegar (y es que la casa está preparada para que lleguéis a donde queráis) y en la gala final decidís si seguís juntos u os dejan por el paraguayo que baila demasiado bien. Fácil.

Es verdad que cada capítulo tiene un poco el formato que le sale de las narices —puede ser que en uno haya expulsiones, en otro sigan todos los solteros y en otro os paséis el rato oyendo "hay más imágenes"— pero la base siempre es la misma: llevar el tonteo al extremo. Y no, no tiene nada que ver con que ellos son fieles a sus novias, las respetan, las quieren de verdad y creen en esa relación. Nadie que crea en su relación o busque salvarla se mete en un reality que va a ver toda España a ver si, estando encerrados y sin nada que hacer con seres cuyos cuerpos han sido esculpidos por los dioses, les apetece o no un meneo para matar el rato. Lo siento pero no. Christofer y compañía, si os fuisteis a La Isla De Las Tentaciones fue para entrar al trapo.

Ahora mismo nos encontramos en un reality donde ellas se han convertido en algo así como las malas por hacer precisamente lo que habían venido a hacer. Luego podríamos entrar en un debate sobre dónde están los límites del respeto, si el amor es una construcción meramente social o si se están pasando el cuidado emocional de sus parejas por el forro. Y aunque los juicios de moral nos flipen, lo que hemos venido a ver en este programa es el tonteo máximo, el llevar las cosa hasta tal límite que o bien te das una ducha fría o acabas follando con ropa. Y en este caso ellas lo están haciendo de puta madre. ¿Y qué si la Fani ha sentido "palpitaciones en el nabo" de Rubén? Nada de lo que había pasado antes del momento sobredramatizado de empezar a chillar por la playa ESTEFANIAAAA como si alguien hubiera rociado a Christofer con queroseno y le hubiera prendido fuego, no iba más allá de un par de magreos y cuatro besos que también se dan los adolescentes en su discoteca de tardes de confianza. Así que no. No podemos culpar a las chicas de hacer precisamente lo que todos han venido buscando a esa isla.

Por otro lado la dinámica de los chicos se estaba volviendo tan tóxica que parecía porno emocional. No hacer nada con las solteras. Rallarse. Llorar. Decir que nadie piensa en ellos. Casi llorar. Pasarlo mal. Ver imágenes de sus novias pasándolo bien. Llorar. Decir alguna frase sacada de Fotolog sobre relaciones y respeto. Llorar un poco más. Ni en la primera edición de Fama había tanta lágrima por metro cuadrado. Es verdad que en este show hemos tenido la oportunidad de ver chicos de apariencia heteronormativa, los cuales podríamos juzgar de mala manera como “machirulos”, que comparten lo que sienten sin tapujos, apoyarse los unos a los otros, abrazarse y darse mimitos en la hoguera y que, ante todo, no tienen miedo a llorar, sin la necesidad de decir "no homo".

Ver como la masculinidad se va deconstruyendo poco a poco está bien, pero ni tú, ni yo, ni nadie de este país ha venido aquí a por esto. Se han pasado 5 capítulos evitando a las solteras, hablándoles solo para criticar a sus novias y juntándose entre ellos con mantitas al más puro estilo fiesta de pijamas para contarse lo mal que están. Pero vamos a ver, ¿habéis entrado aquí para poner a prueba vuestra relación o porque buscáis un maldito psicólogo? Esto se suponía que eran una vacaciones erótico-festivas y no el remake malo de El Diario de Bridget Jones (sin faltar para nada a la gran obra del cine que es).

Y de esta contraposición de dinámicas nace que ellas parezcan la misma reencarnación de Satanás. Pero imaginad por un momento que ellas hubieran hecho exactamente lo mismo que ellos. Hubieran llegado a la casa, se hubieran sentado en corrillo y hubieran empezado a rajar de sus novios omitiendo a los solteros de su villa. ¿Dónde estaría la gracia? ¿Qué imágenes veríamos?¿Qué haría Monica Naranjo? ¿Qué memes estaríamos utilizando para animar la gala de OT? Deberíamos estar dándoles la gracias a estas mujeres por dar al programa y a sus espectadores lo que merecemos.

No quiero volver a escuchar la excusa de toda España es Christofer. No. Me niego. Claro que a todos nos han hecho sentir como unos parguelas cuando este fin de semana nos hemos quedado mirando en mitad de la muchedumbre de la discoteca a la persona que nos gustaba bailando con alguien que lleva el perreo a otro nivel. Pero yo no me apunté para ver eso. Es que para nada. En cambio Christofer, Alex y todos la pandilla de la llorería sí. Se apuntaron a ver eso y a hacer exactamente lo mismo. No podemos olvidar que esto es un programa de televisión, al cual accedieron a través de unos castings a los que se presentaron voluntariamente.

Por lo tanto, gente que esperamos a cada martes y jueves sentaditos en nuestro sofá mientras que comemos algo que nos aleja un poco más de tener los cuerpos fitness que estamos viendo: no, nosotros no somos Christofer. En todo caso somos las solteras de esa casa que están intentando encontrar el amor entre esos cinco chicos y lo único que encuentran son chapas sin poder hacer nada al respecto porque tienes que poner buena cara y esperar pacientemente a que esta persona esté emocionalmente disponible. Y por emocionalmente disponible en este contexto también puede entenderse que sienta palpitaciones en su miembro, tampoco nos vamos a engañar.

Es cierto que después de "el grito" los chicos se están poniendo las pilas, pero de nuevo ha sido gracias a que las chicas han seguido con lo que venían a hacer. Y yo sinceramente estoy con Fani. Ella sigue enamorada de su Christofer (o eso dice), pero está experimentando, como bien decidieron venir a hacer en este programa. Es la concursante que merecemos. Así que esperemos a ver qué hacen estos cinco supuesto seres fieles ahora que empezamos a verles las orejas al lobo. Si todos hubieran jugado al mismo nivel no habría malas ni mártires, solo personas con una pésima gestión de las relaciones.

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