Planeé todas mis comidas durante un mes y reduje los gastos a la mitad

Requirió mucho tiempo, pero me ayudó a mejorar mi relación con la comida.
Niccolò Carradori
Florence, IT
15.12.20
COLLAGE DE VICE. EL RESTO DE LAS FOTOS DEL AUTOR
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Este artículo se publicó originalmente en VICE Italia.

Nunca he sido una persona moderada. Medir, economizar, racionar: estos conceptos nunca me han dado bien. Y esa falta de disciplina es especialmente evidente cuando se trata de la comida.

Muchas veces preparo un paquete entero de espaguetis para cenar, me bebo tres capuchinos para desayunar o engullo un paquete entero de galletas por la tarde. Es tanto así que un otoño engordé 20 kilos.

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Pero no solo tenía problemas para controlar lo que comía, sino también lo que compraba. Siempre acabo llenando el carro con bastante más de lo que voy a consumir. Aunque me da vergüenza admitirlo, muchas veces he tenido que tirar cosas podridas del refrigerador mientras pido comida a domicilio. Era una situación terrible para el cuerpo, la mente y la cuenta bancaria.

Probé dietas y funcionaron. Pero una vez que dejaba de seguirlas, todos esos impulsos volvían de nuevo. Necesitaba trazar unos límites. Cuando estaba en modo automático, podía comprar tranquilamente un paquete de refrescos y dos kilos de queso sin darme cuenta, pero era un hábito que tenía que cambiar.

Por esta razón, decidí probar un régimen estricto de planificación de comidas, para ver si era capaz de ahorrar dinero y disgustos. Durante 30 días, planifiqué cinco comidas al día (desayuno, comida, cena y dos aperitivos) con una hoja de cálculos y gráficos. A continuación, te cuento lo que descubrí.

Más variedad

Para empezar, abrí el calendario y apunté diferentes platos. Para hacer el experimento más accesible a todos los tipos de bolsillos, decidí prescindir de restaurantes y comida a domicilio. Gracias a que medía y pesaba toda la fruta, verdura, carne, huevos y pescados que necesitaba, en vez de comprar a granel, empecé a ahorrar con la compra.

LA COMPRA DE UNA SEMANA

LA COMPRA DE UNA SEMANA

Normalmente, solía comer carne tres o cuatro veces a la semana. Pero cuando empecé a planear las comidas, añadí carne solo cinco veces en todo el mes. No fue una decisión a conciencia, pero había muchas otras cosas que quería comer que nunca se me ocurrían cuando hacía la compra en el último momento. Cosa como legumbres, patatas, ricota o requesón, tempe, setas, calabaza, tortellini y repollo. Cuando planificas las comidas, dejas de comer la misma mierda todas las noches.

Mejores platos por menos dinero

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En general, organizar las comidas me ayudó a ahorrar mucho dinero. Compraba solo un par de calabacines o tomates, en vez de bolsas enteras. Esto suponía ir a la frutería y carnicería en vez de al supermercado, pero sin pagar de más. Unos 200 g de atún cuesta alrededor de 7 dólares en la pescadería de mi barrio, lo mismo que las dos o tres latas de atún de mala calidad que solía comprar en el supermercado.

Además, empecé a dejar de picotear cosas que no debía entre comidas. Nada de patatas fritas, refrescos o trozos de pizza que compraba en un arrebato de ansia mientras volvía a casa. En vez de eso, comía fruta, frutos secos o tostadas de aguacate.

MÁS COMPRAS SEMANALES

MÁS COMPRAS SEMANALES

Mi meta inicial era ahorrar alrededor de 100 dólares de los 300 que solía gastar en la compra. Al final, aunque compré mejor comida, gasté unos 150 dólares en total, ahorrando la mitad. A pesar de toda la planificación, también conseguí ahorrar tiempo. Cuando iba al supermercado sin pensar en lo que quería comprar, daba vueltas, hipnotizado por todos los tipos diferentes de pan. Con mi nuevo método, entraba, compraba y me iba.

Los pros y contras de tener un horario de comidas

Al final de la primera semana, empecé a ver algunas de las desventajas. Muchos comemos emocionalmente y nos sentimos restringidos cuando no podemos hacerlo compulsivamente según nuestros sentimientos. Una tarde, por ejemplo, había planeado cenar calabaza al horno, pero en realidad lo único que me apetecía era pedir pizza. Nunca sabes cómo te vas a sentir por la noche y restringirse no es fácil.

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Hubo muchas ocasiones en las que algunos alimentos se volvían innecesarios porque prácticamente no los usaba. Por ejemplo, no tenía sentido comprar un bote entero de salsa tártara si en mi plan ponía que solo la iba a usar una vez para un pan plano. Así que empecé a quitarme todos esos lujos; aunque me encanta la salsa tártara.

POLLO AL CURRI. ESTABA MUCHO MÁS RICO DE LO QUE PARECE. FOTO DEL AUTOR

POLLO AL CURRI. ESTABA MUCHO MÁS RICO DE LO QUE PARECE. FOTO DEL AUTOR

Por un lado, planear me permitía gestionar mejor el tiempo de preparación y cocinaba cosas mucho más elaboradas, ricas y nutritivas que antes, como unos tortellinis en caldo casero, unos pimientos rellenos o muslos de pollo al horno con patatas.

Mi novia sabía que era un experimento temporal, pero puedo imaginarme que seguir un plan tan estricto puede convertirse en un problema para una pareja. Lo mismo ocurría con las cenas con los amigos: no vas a dejar de ir con ellos a un restaurante solo porque un mes antes habías planeado cenar berenjena asada.

Pero según pasaron los días, los beneficios físicos y mentales comenzaron a ser obvios. Tomaba mucho menos azúcar, pedía menos comida basura y me sentía menos culpable porque no tiraba tanta comida.

Puede parecer algo trivial, pero me hizo pensar en mis hábitos y retomar el control. Voy a seguir planeando las comidas, pero quizás con un régimen algo más flexible. Si tú tienes el mismo problema que yo, pruébalo, aunque tengas que renunciar a la salsa tártara.

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