Los Premios CEC: Más allá de la polémica

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Los Premios CEC: Más allá de la polémica

¿Son un reflejo sensato de la escena electrónica colombiana?

El pasado 17 de octubre salieron al aire los nominados de 16 categorías de la primera edición de los Premios de Cultura Electrónica Colombia (CEC), que pretenden celebrar, sin ánimo de lucro, "la escena de música electrónica dando a conocer la capacidad artística de los DJ's en el panorama musical a nivel nacional y su proyección a nivel internacional", según su descripción de Facebook. La metodología de los premios se dividió en cuatro fases: primero, un proceso de "postulación" en el que, del 12 de septiembre al 12 de octubre,cualquiera podía nominar sus proyectos o los de otros a través de la página web de los premios. El pasado lunes 17, las iniciativas con mayor número de nominaciones fueron publicadas. Teniendo a todos los nominados en todas las categorías, del 15 de octubre al 15 de noviembre se entrará en una fase de votación abierta al público. Los tres nombres por categoría con más votos serán los finalistas que serán evaluados por cuatro jurados, todos hombres: tres DJ's de la vieja escuela colombiana, Fabio Alzate, Ciro Ibáñez, Héctor Carrero; y Carlos Bolívar, empresario samario de bares y clubes . Ellos elegirán los ganadores por categoría que se anunciarán el 23 de noviembre en una ceremonia, aparentemente a criterio de ellos.

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Ahora, ¿cuál es el problema?

A decir verdad, varios:

Si bien celebramos que broten iniciativas nuevas dentro de la escena, e iniciativas que van más allá de la fiesta –incluso recibimos como un halago que la gente nos haya nominado como mejor "website" de música electrónica del país en dichos galardones–, sí resulta preocupante el enfoque que la organización le está dando a dicho certamen.

Y vamos por partes.

Primero, hay que analizar la metodología: ¿deben unos premios de talento responder a las lógicas de un concurso de popularidad, dejando en un limbo criterios determinantes como propuesta, trayectoria e influencia, y anteponiendo a los que más likes, amigos y maquinaria promocional tengan? Si bien el talento también puede asomarse de esta manera, en una escena en desarrollo como la nuestra, a la que muchas veces se le dificulta ver y reconocer lo que existe más allá de lo inmediato, cuidar estos aspectos siempre será necesario. Si dejamos la elección del talento a una votación, el desequilibrio será inminente.

También es relevante observar cuáles son las categorías, quiénes son los nominados y quiénes se quedaron por fuera para obtener una imagen más clara de la narrativa de escena que se presenta. Por ejemplo, fueron seriamente ignoradas las propuestas sonoras calientes, de estirpe colombiana: ¿no cabía acaso un Cero39, que acaba de ser cerrado para presentarse en Glastonbury 2017? ¿Un Mitú o un Frente Cumbiero, cuyos Boiler Room acaparan las vistas del mundo? ¿Un Dany F, presente en todos los escenarios relevantes de este país y alumno de Cómeme? ¿Un W.I.R.E. cuyos temas suenan por el mundo y están siendo pinchados hasta por Donato Dozzy? También se quedaron por fuera géneros como el trance, uno de los más longevos en nuestro país, y aunque lo nieguen, uno de los más influyentes en la electrónica en los últimos veinte años. Claramente las categorías giraron en torno al cánon techno-house, marcadas tendencias de clubbing de cierto sector de Colombia: ritmos fríos de tintes más anglosajones… y sin embargo también resulta arbitraria, por no decir confusa, la manera en que se fusionaron géneros: techno con deep (¿entre otras cosas, qué es "deep"?), electro –que resulta casi imposible de encasillar– con el nuevo tag del big room… en fin. ¿Es esto nuestra escena? ¿Techno house y big room? ¿Refleja esto lo que se baila? ¿Lo "comercial" y lo "subterráneo"?

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Ahora miremos el punto más álgido de todo este meollo: la categoría dedicada a la mejor "DJ Femenina", respecto a la cual diferentes voces han manifestado su descontento. Por ejemplo, la DJ y productora Magdalena pidió ser retirada de los premios, luego de publicar una justa reclamación en su cuenta de Facebook, y NÓTT, colectivo que busca proyectar el sinnúmero de proyectos artísticos de mujeres en Latinoamérica, también publicó una nota titulada "La mujer en la escena como un DJ más", en la que se hace un llamado para que no haya distinción de género en la escena. Y tienen razón de sobra, pues si desglosamos el mismo lenguage que da nombre a la categoría, lo que se entiende literalmente es que se premiará a la DJ que más femenina es, lo cual resulta bastante absurdo. Es grave que, aún hoy, en pleno 2016, siga existiendo una intención de segregar el trabajo de las mujeres sobre los hombres, cuando justamente y entre todos andamos luchando para que no existan diferencias entre géneros.Tristemente, la mayoría de mujeres que participan en la competencia han quedado relegadas a esta esquina, sin siquiera poder competir en los respectivos géneros en los que se desempeñan como artistas. Y es curioso, sabiendo que, si somos consecuentes, el DJ colombiano que más relevancia tiene el mundo en este momento es una mujer. Resulta muy difícil de entender que dentro de otras categorías de géneros, productores o nuevos talentos, no hay mujeres. ¿A qué estamos jugando entonces?

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Según esto, las artistas de esta escena solo tienen un talento que exponer: ser femeninas.

Nos comunicamos con el gestor de la iniciativa Charlie Cuao, ingeniero de sonido, cabeza de la emisora virtual Voltaje FM –espacio que principalmente se enfoca en house, tech house y techno– y quien lleva trabajando más de 20 años como DJ, para conocer las razones por las que cuáles se optó por abrir esta categoría. Según él, los Premios le dan un valor tan especial a la mujer que por eso decidieron darles su propio espacio, justamente para poder resaltar su trabajo: "Lo hicimos como lo hace cualquier arte de expresión. Si usted mira los premios a los actores hay mejor actriz y mejor actor, ¿eso sería excluirlas? No. Simplemente decidimos hacer esa categoría para resaltar en dicho grupo todas las artistas que están trabajando en la escena".

Charlie entiende que en estos tipos de premios es difícil que todos estén contentos. Justamente, lo que lo motivó a realizar estos galardones fue reducir las brechas que hay en el país entre lo comercial y lo underground y traer inclusión a la escena. Pero para reducir brechas hay que saber justamente qué es lo que las ocasiona, no seguir perpetuándolas sabiendo que lo que van a reproducir es mayor división y, en últimas, una visión que no corresponde con lo que pasa por la pista. En su génesis, sin duda los premios tienen una intención honesta y bonita, pero esto no los salva de su ingenuidad y falta de perspectiva.

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Como colombianos, se nos complica mucho entender al otro (y la coyuntura política que vivimos actualmente es la muestra más palpable). Por esto, quizás, el hecho de acercarnos, aceptarnos, investigar, comprender y hasta disfrutar iniciativas que van más allá de nuestros gustos, expresiones de otredad que están lejos de nuestros ojos o que no hacen parte de una tendencia global, debe ser una responsabilidad. Sobre todo cuando buscas reflejar una escena y promover aquello de la inclusión y la diversidad. Por lo mismo, el agua sucia de todo este revuelo no puede caer solamente sobre los Premios CEC. Esta puede ser una buena coyuntura para todos. Para preguntarnos por el tipo de escena que queremos. Para motivar la pregunta, la reflexión y la sensiblidad.

Porque justamente se trata de dar voz. Porque justamente se trata de representar.

Porque de eso, finalmente, se trata todo este cuento de juntarnos para bailar.

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