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Como chico repartidor atendí a muertos, infieles y famosos

Todos están emocionados por estos arreglos, pero gracias a los encargos, me entero de muchos detalles personales.

por Autor anónimo; tal y como se lo contó a Becky Hughes; traducido por Elvira Rosales
19 Julio 2017, 9:00pm
Bienvenidos una vez más a Confesiones de Restaurante , donde hablamos con las voces no escuchadas de la industria restaurantera, tanto del servicio como de la cocina, acerca de lo que realmente ocurre detrás de escena en tus establecimientos favoritos.

Trabajé tres años como repartidor de estos arreglos frutales. Era genial; tenía entregas los días que yo escogía, conducía una camioneta y básicamente podía hacer lo que quisiera siempre y cuando los arreglos llegasen.

Al final del día, siempre había un cliente dispuesto a maldecirme. Recibíamos muchos pedidos de chicos que acosaban mujeres en internet. Les llamaba para decirles, "Lo siento, no tienes la dirección correcta; quizá se burló de ti o te bloqueó". No era mi responsabilidad encontrar el amor perdido de algún freaky.

Muchos chicos usaban los pedidos para coquetear con mujeres. Escribían notas, "Te vi en el antro la otra noche, me dijiste dónde trabajas…" Me decían que fuera a tiendas de ropa o qué sé yo, que buscara a una tal Raquel, pelo negro, piel blanca. Hacía un buen trabajo encontrando personas con descripciones muy pobres. A veces no incluían el nombre de la persona a la que iba dirigido el arreglo, pero decía algo así: "Su nombre es 'Hermosa', dile 'Hermosa' cuando la encuentres". Así que tuve que rastrear a muchas personas.

Recibimos muchos pedidos de chicos que acosan a mujeres por internet.

Un tipo ordenó un par de bouquets "Lo siento" el mismo día, uno para cada novia. Supongo que se descubrieron la una a la otra y el chico decidió mandar un regalo a las dos para ver qué sucedía. Una de sus novias vino a recoger su arreglo en persona; pensé en contarle que había otro bouquet para alguien más, pero me lo guardé. Tuve que guardar muchos secretos.

Una vez descubrimos que una chica mentía acerca de asistir a la universidad, en realidad estaba trabajando en un cine. Su padre le envió un bouquet —estaba orgulloso de ella y sus logros académicos—, pero cuando lo entregué, me dijo que le había estado mintiendo a su papá.

También entregué muchos arreglos en asilos de ancianos deprimentes. Caminaba entre espacios reducidos y los cuidadores solo me decían, "¡No deje que los abuelos entren al elevador! ¡No deje que lo sigan hasta la salida!", sin siquiera voltear a verme. Todos esos ancianos estaban tratando de escapar, siempre pensé en cómo podía ayudarlos a escapar.

Una persona murió, literal, antes de que llegara con un arreglo "Que te mejores pronto". Lo mandaron a un hospicio y la tarjeta tenía una cita de la Biblia. Llegué con el regalo y las enfermeras buscaron al destinatario durante un rato hasta que se dieron cuenta de que la persona ya estaba muerta.

En otra ocasión, le entregué un arreglo a una mujer mayor y cuando estaba colocando el bouquet donde me indicó, ella se estaba acomodando en el sillón, pero se cayó y se rompió el hombro. Tuve que llamar a una ambulancia y la esperé a su lado. Incluso llamé a su familia para contarles lo que había sucedido. Fue muy dulce; me llamó al día siguiente para agradecerme.

Fue algo aterrador, entregar un arreglo póstumo fue todo un dilema moral.

Una vez hice una entrega para un chico llamado Justin y la tarjeta había sido escrita por su madre. Cuando llegué a la oficina del destinatario, pregunté por él y su compañero me dijo, "Justin se tomó el día… Su madre acaba de morir". Fue algo aterrador, entregar un arreglo póstumo fue todo un dilema moral.

No siempre fue tan macabro. Alguna vez utilicé un arreglo para entrar gratis a un festival musical. Busqué el acto principal, encontré el nombre del vocalista y escribí una tarjeta falsa para un bouquet.

Cuando llegué con una torre masiva de frutas, la gente de seguridad me dejó pasar detrás del escenario y se lo entregué a los miembros de la banda. Me quedé un rato en la zona VIP y pude mirar varias bandas y famosos.

En la compañía teníamos una broma local, decíamos que podíamos invadir un país con arreglos comestibles. Solo necesitamos un ejército de chicos repartidores, es como el pase automático universal.

Es una experiencia trabajar como repartidor, me enteré de muchos detalles personales.


Este artículo fue originalmente publicado en MUNCHIES en noviembre de 2016.