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​Conversores de divisas, anagramas y Westlife: la era gloriosa del euro

Hubo una época en la que el euro, antes de convertirse en el emblema de las desigualdades, la injusticia y la corrupción, molaba.
12.12.16

Todo el dinero vía

Hubo una época, a principios de los 2000, en la que ser europeo molaba. La mayoría de nosotros éramos muy enanos, el tema "Because I Got High" de Afroman no paraba de sonar allá donde fueras y todo el mundo parecía aliviado después de comprobar que el virus del cambio de milenio no había erradicado a la humanidad.

Aquella fue también la década en la que se implantó una moneda única en Europa. El euro se presentaba como una iniciativa económica alucinante y fue acogida con exaltación y escepticismo a partes iguales por los orgullosos pueblos de Europa. A la mayoría les fascinaba la idea de una sola moneda que nos uniera a todos y nos protegiera de los males financieros del exterior. Otros se mostraban más desconfiados y anticipaban un final desastroso en el que los países europeos empezarían a culparse mutuamente en momentos de crisis económica. Al final se ha visto que unos tenían más razón que otros.

¿Quizá ya va siendo hora de que admitamos que todo este tema del euro ha sido una cagada monumental? Pedimos a las distintas redacciones europeas de VICE que rememoraran esa época feliz en la que el euro no era un signo de perdición y tiempos aciagos y se asociaba más a chocolatinas, calculadoras gratis y campañas de marketing vergonzantes.

IRLANDA

El periodo de implantación del euro fue bastante confuso para los irlandeses. Por un lado, todos estábamos supercontentos porque ya no íbamos a salir perdiendo al cambiar dinero para ir a destrozarnos el cuerpo durante las vacaciones en Mallorca. Por otro, nos aterraba la posibilidad de perder nuestra identidad nacional. ¿Qué sucias tretas tendría pensadas la malvada Unión Europea esta vez? Todos habíamos oído hablar horrorizados de su intento de prohibir los plátanos curvos y los postes de bomberos.

Siendo como soy un paleto de las matemáticas, mi principal preocupación se centraba en el hecho de que, de repente, una libra se iba a convertir en 1,27 euros. ¿Significaba eso que tendría que pagar más por una chocolatina Mars simplemente por tener la misma moneda que la gente del continente? ¿Por qué? La irritación inicial pronto se disipó en el momento en que tuvimos las monedas en la mano por primera vez y nos dimos cuenta de que en la de dos euros, Finlandia y Suecia parecían un enorme pene intentando aterrorizar al esto de Europa.

Pero aquí en Irlanda tuvimos la suerte de contar con un anuncio en el que Kian, del grupo Westlife, nos explicaba, mientras jugueteaba con una carátula de CD, cómo funcionaría esta maravilla del euro.

Hoy día no estoy precisamente echando cohetes por tener el euro como moneda, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez que algún país de la Eurozona sufre una crisis, a los grandes les falta tiempo para quejarse de que no paran de chupar del bote. No se ve mucho esa unidad que prometían al principio. ¿De qué sirve estar "todos juntos en esto" si solo es para lo bueno? Esto lo sabemos muy bien los irlandeses. Ian Moore

Países Bajos

En el año 2000, el equipo de marketing al que se le encargó la entonces honorable tarea de acercar el euro a los holandeses creó un acrónimo muy útil para ayudarnos a recordar qué países adoptarían la moneda: DING FLOF BIPS, que vendría a traducirse como COSA FLOF CULO; es decir, algo que no tiene ningún sentido.

La campaña del gobierno para dar a conocer este acrónimo fue muy intensa y tremendamente efectiva. No importaba que fueran tres palabras de lo más tonto: si vivías en los Países Bajos en aquella época, las conocías seguro. El anuncio estaba por todas partes, y los niños incluso jugaban a ver quién era capaz de enumerar todos los países más rápido.

Más tarde, cuando finalmente llegó el euro y otros países empezaron a introducirlo, el acrónimo dejó de ser tan importante. En 2011, bien entrados en la crisis financiera, la Sociedad de la Lengua Neerlandesa consideró apropiado que el pueblo votara para escoger un nuevo anagrama para el euro. De entre los muchos y disparatados candidatos, finalmente ganó, con un 26 por ciento de los votos, SMS FF BONDIGE CLIPS.

Obviamente, cuando se aprobó el anagrama, a todo el mundo se la soplaba bastante. Wiegertje Postma

Italia

En 2002, Italia se corría de gusto con la llegada del euro, seguramente porque nuestra moneda siempre ha sido muy débil comparada con la de los otros países. Los italianos esperábamos hallar una especie de redención en ese vínculo económico con nuestros vecinos.

Recuerdo muy claramente que a mi abuela le aterraba la llegada del euro, la idea de tener que cambiar por completo su concepto de la economía. Por suerte, Berlusconi se tomó un momento para calcular cuánto le costaría en euros una de sus fiestas bunga-bunga y nos envió a todos un "euroconversor" supercutre. Recuerdo que mi abuela estuvo trasteando con él un rato y luego lo guardó en un cajón con el mismo cuidado con el que se guardaría una antigua reliquia. Creo que la pobre estaba convencida de que aquel trasto le salvaría la vida el día menos pensado.

El gobierno también creó un anuncio muy extraño en el que aparecían tres abueletes riéndose y pasándoselo en grande mientras discutían sobre la cotización del euro. Creo que lo que intentaban transmitir era: "Si estos ancianos son capaces de entenderlo, tú también puedes".

Personalmente, creo que el euro le ha venido bien a Italia. Mucha gente lo considera el causante de nuestra situación económica actual, pero la culpa de eso la tiene la crisis. Sin el euro, las cosas podrían haber ido mucho peor. Mattia Salvia

Austria

Mi actitud hacia el dinero era bastante relajada cuando se implementó el euro, probablemente porque tenía diez años y ese tema me la traía bastante al pairo. Recuerdo que mis compañeros de clase y yo estábamos emocionados coleccionando las monedas de los distintos países. Me pregunto cuánto tardé en gastarme mi colección en cerveza barata y condones.

Mis padres me regalaron el "euromonedero", que contenía un ejemplar de cada una de las denominaciones de la moneda. Me dijeron que quizá algún día sería algo muy especial. A juzgar por la crisis que hemos vivido, tal vez tuvieran razón. Por aquel entonces todo el mundo estaba obsesionado con irse al extranjero y comprar cosas simplemente para usar la nueva divisa. A mí me sigue gustando mucho la moneda y la idea de una Europa unida y no me interesa nada volver a nuestros antiguos chelines. Thomas Hoisl

Alemania

Para la mayoría de nosotros la llegada del euro no fue para tanto, aunque la idea de volver de viaje sin llevar en el bolsillo un montón de monedas extranjeras inútiles era bastante atractiva. Ya no tendríamos que hacer cola para cambiarlas. Por otro lado, lo de viajar a países que antes eran más baratos, como Grecia, dejó de ser tan guay.

Para desviar la atención, el gobierno alemán realizó un vídeo proeuro en el que se ponía de manifiesto la multiculturalidad que aportaría la moneda enseñando a una mujer escasamente vestida tocando el violín en unas ruinas de Grecia y a un chaval irlandés tocando la flauta en un prado. El vídeo culminaba con una moneda de 1 euro volando hacia lo que parecía la fiesta de azotea más cutre del mundo.

Había mucha gente emocionada por la noticia. Para los más fanáticos de la nueva divisa, el euromonedero era el artículo de coleccionismo definitivo. Treinta años después, estos kits han dejado de despertar ese entusiasmo inicial. Hoy día, la gente está centrada en los defectos más obvios de la moneda única. Puede que el euro haya supuesto un ligero encarecimiento de las salchichas en Alemania, pero para los griegos ha supuesto un aumento bestial de los precios. Y como impulsores del ideal europeo, deberíamos responsabilizarnos de ello. No se puede iniciar algo tan grande para luego dedicarte a joderlo desde dentro. Bárbara Dabrowska

Francia

Justo antes de la entrada del euro, un día mi hermano llegó a casa con una cesta que le habían dado en el trabajo. En la cesta había 15 euros (unos 100 francos de los antiguos) en varias denominaciones originalmente dispuestos en forma de ramo. A mis once años, pensé que la moneda era bonita, pero mi única preocupación era si mis revistas y chucherías favoritas se verían afectadas por la inflación. Eso y la desaparición del increíble billete de 50 francos, en el que salía el Principito y la serpiente con el elefante dentro.

Yo era demasiado inmaduro como para alegrarme o preocuparme por la supuesta etapa de gloria en la que Europa estaba a punto de entrar, pero estaba entusiasmado con los euros de chocolate que me daban por Navidad, mucho más grandes que los francos. Todo el mundo en mi entorno parecía feliz con la noticia, incluso aunque de vez en cuando tuvieran que pararse un momento a hacer sus cálculos a la hora de pagar en la caja del súper. Pero la persona más entusiasmada con el euro tuvo que ser, sin duda, la señora que cantaba en el anuncio que se hizo en Francia para anunciar su llegada. "Calcular en francos no es difícil, pero es más bonito hacerlo en euros ♪", rezaba la canción. No sé de dónde salió, pero no era nada pegadiza. Julie Le Baron

España

Curiosamente, tengo muy buena memoria para recordar las tonterías. Recuerdo perfectamente la primera vez que saqué euros en un cajero: fue el 1 de enero de 2002 y estaba entusiasmado con lo de tener una nueva moneda. Soy plenamente consciente de lo estúpido que suena ahora, pero en aquel entonces me daba la sensación de estar viviendo un momento histórico, un paso hacia una Europa mayor, más fuerte y más unida. Actualmente, viendo el sufrimiento que el euro ha causado a mi país, me avergüenzo de haber pensado esas cosas.

El anuncio que hizo el gobierno para promocionar la moneda única era bastante patético y estaba basado en la familia española más tópica que uno se pueda imaginar, "los García". Todos los miembros de la familia cantaban y bailaban como si estuvieran en un musical horrible. "El euro nos da estabilidad", decían tres abueletes, y a continuación se ponían a bailar claqué. El vídeo desprende la misma felicidad injustificada que nos llevó a la crisis económica años después. Estoy seguro de que hubo un montón de Garcías que fueron desahuciados durante ese periodo. Cuesta recordar exactamente por qué nos hacía tanta ilusión toda esa historia, y el anuncio hoy causa más lástima que alegría.

Este semana pasé junto al mismo cajero del que saqué mis primeros euros. El banco al que pertenecía ha quebrado y el local ahora está en alquiler. Juanjo Villalba

Grecia

Viendo el anuncio que se hizo en Grecia en el 2000, no dejo de preguntarme qué habrá sido de la niñita que sostenía la moneda gigantesca de euro. No creo que fuera mucho más joven que yo cuando hizo el anuncio, por lo que seguramente los dos habremos vivido la misma experiencia en lo que va de mes: me pregunto si su padre habrá aumentado la dosis de las pastillas para la tensión, nervioso por el referéndum de Grecia, o si su abuela fue una de las personas que tuvo que hacer cola en el banco, con 32 grados de temperatura, para sacar dinero, o si ha podido dormir tranquila durante todo este tiempo. ¿Cómo puede mantener su integridad mientras se queda de brazos cruzados viendo la tele?

"Una moneda potente es sinónimo de un futuro cierto", dice la voz en off del anuncio. Toma zasca en toda la boca. Me pregunto si esa niña también se despertaba todos los días del pasado mes de julio sin saber qué le deparaba el futuro ese día; si tiene miedo, siente vergüenza, paranoia o culpa.

La verdad es que es imposible describir lo que el mes pasado ha supuesto para los griegos. La única comparación que se me ocurre es la de una relación que se ha estrellado contra las rocas: Europa es ese chico del que te enamoras hasta las trancas pero que lleva demasiado tiempo haciendo el capullo. Grecia es esa novia que una vez fue muy interesante pero que ahora no sabes por dónde coger: ¿lo suyo es excentricismo o simplemente locura?

"Nuestra moneda común es tan estable como la Unión Europea misma", entona una voz en el anuncio en lo que casi parece una de esas cartas de amor que se envía la gente que empieza a salir. No tiene ningún sentido, si lo piensas ahora, así que no vale la pena ni analizarlo. Solo espero que esa chica tenga un novio que esté bueno y la trate bien. Elektra Kotsoni

Traducción por Mario Abad.