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Furia travesti

¿Si usted no quiere tener sexo con una trans es transfóbico?

OPINIÓN // Las decisiones que usted toma a la hora de escoger con quién se mete a la cama pueden no ser tan inocentes.

En la típica escena de amor de las películas gringas dos personas se chocan, se les caen sus cosas y al agacharse para recogerlas hay un roce de manos o una mirada profunda. El mensaje es que el amor y el sexo ocurren por accidente, que es el destino lo que une a la gente. Pero el sexo y el amor no son esos los eventos fortuitos que nos venden, sino la consecuencia de procesos sociales y políticos más complejos. Elizabeth F. Emens en su artículo Discriminación Íntima: El Papel Del Estado En Los Accidentes Del Sexo Y El Amor, utiliza el término "discriminación íntima" para hablar de las diferenciaciones que hacen las personas con base en el sexo, la raza o la discapacidad a la hora de escoger a sus parejas. Específicamente, en las relaciones sexuales, el amor y el matrimonio. La autora dice que el concepto de discriminación íntima no supone una connotación negativa, sino que es una categoría meramente descriptiva. La discriminación íntima hace referencia, por un lado, a la forma en la cual la discriminación estructural de algunos grupos afecta la forma en la que nos relacionamos y, por otro lado, a la diferenciación que las personas hacen a nivel individual sobre lo que les gusta y lo que no les gusta. A nivel estructural, el gobierno y sus leyes determinan "los accidentes del sexo y el amor, porque controlan la infraestructura de nuestras vidas—nuestros vecindarios, escuelas, lugares de trabajo, espacios públicos y más— en formas que afectan las asociaciones de acuerdo al sexo, la raza y la discapacidad". Por ejemplo, muchas veces las personas trans, al estar excluidas de todas partes, ven en el trabajo sexual una forma de supervivencia. En varias ciudades el trabajo sexual sólo puede ejercerse en ciertas zonas y esto disminuye la probabilidad de que las trabajadoras sexuales trans conozcan a otras personas que no frecuentan las mismas zonas. La discriminación íntima ha sido exigida de forma explícita por los gobiernos a lo largo de la historia. En Estados Unidos, se impuso la discriminación íntima de acuerdo a la raza con leyes anti-mestizaje que prohibían los matrimonios "interraciales", promoviendo el sexo entre personas de la misma raza. Cuando los países no reconocen el matrimonio entre parejas del mismo sexo, favorecen y fomentan el sexo entre personas de diferente sexo. Otro ejemplo es la forma en que han desexualizado y excluido de la posibilidad de tener sexo a las personas con discapacidad. Mediante un proceso legal llamado interdicción, a las personas con discapacidad en Colombia se les puede quitar su derecho a tomar decisiones y nombrarles un tutor que no está obligado a consultarles nada. Dentro de esas decisiones se incluye la posibilidad de casarse. Adicionalmente, según lo explica Elizabeth, las personas con discapacidad, estadísticamente, tienen menos oportunidades en el sexo que las personas que no tienen discapacidades. La autora dice que el matrimonio es la forma más obvia de hablar de discriminación íntima porque la ley ha sido explícita, pero sugiere que también hay que pensar en cómo los Estados afectan de forma implícita y estructural "los cálculos racionales en el mercado de las citas". Los Estados deciden cómo organizan las ciudades, reparten oportunidades educativas y laborales y distribuyen riqueza. Eso determina uno con quién se junta, con quién trabaja, a qué fiestas va, qué espacios ocupa y a quién se come, aumentando o disminuyendo las posibilidades del tipo de accidentes del sexo y del amor. Si llevamos la misma lógica a las relaciones de las personas trans, podríamos preguntarnos si la desigualdad y la exclusión afectan la forma en la cual las personas trans follamos y nos enamoramos. Esto problematiza la idea de que el deseo de las personas simplemente es un deseo natural porque implica reconocer que todas las decisiones, incluidas las del corazón y las del culo, están filtradas por una serie de factores sociales, culturales, políticos y legales. Por un lado, las personas son entrenadas para creer que no les deben gustar las personas trans, se les dice que no es natural o normal que nos deseen porque somos feas o porque somos hombres que se visten de mujer. Cuando alguien que no ha compartido nada con nosotras pregunta: "¿usted se comería una travesti?", en realidad están preguntando si tendría sexo con el estereotipo negativo que ha conocido de nosotras. La simple existencia de esa pregunta evidencia que somos vistas como algo exótico y diferente, la pregunta divide entre lo que se considera normal a la hora de tener sexo y lo que no. Por otra parte, los lugares físicos donde las personas se conocen como los colegios, universidades, lugares formales de trabajo, bares y discotecas han sido espacios de los cuales las personas trans han sido históricamente expulsadas, reduciendo las probabilidades de que ocurran los "accidentes del sexo y del amor". O, al menos, hace que ocurran de forma diferente. Si aceptamos que la discriminación íntima es un problema legal, sería responsabilidad de los Estados evitarla y erradicarla por ser una consecuencia de la desigualdad en la sociedad. Pero la pregunta más difícil es: ¿cuál es —o cuál debería ser— el papel del Estado en la discriminación íntima que se ejerce a nivel individual? Por ejemplo, si una persona dice que le gustan las mujeres pero no las mujeres trans. Para Elizabeth, las intenciones de la discriminación íntima deben ser una "zona libre de litigios", que "debe tener en cuenta su papel en la discriminación íntima a nivel estructural y trabajar para eliminar cargas y prejuicios que actualmente configuran quién tiene acceso a las relaciones íntimas y en qué términos". No obstante, agrega: "No quieres que el gobierno o sus leyes se metan en tu vida privada, lo que haces a puerta cerrada es asunto personal, etc. Pero, por supuesto, esto no significa que no haya una relación entre yo a quién deseo y a quién contrataré, o entre a quién deseo que mis hijos deseen y a quién contrato". En otras palabras, las leyes no pueden entrar a regular esas relaciones tan personales, pero al mismo tiempo no deben desconocer que lo que el gobierno regula en otras áreas afecta lo que pasa en las camas y en los corazones de la gente. Si bien es cierto que no queremos policías del gobierno juzgando nuestra intimidad, también es cierto que nuestra intimidad no es un espacio políticamente neutral. Riley J. Dennis, una YouTuber trans, en su video Tus "Preferencias" En Las Citas Son Discriminatorias dice que es discriminatorio que una persona diga que no se metería con alguien por el hecho de ser gorda, negra o trans. El argumento principal es que la orientación sexual es diferente de las preferencias sexuales. La orientación sexual hace referencia al género por el cual uno se siente atraído, mientras que las preferencias hacen referencia al resto de cosas que a uno le gustan —o no le gustan— diferentes al género de otra persona. La orientación sexual no puede cambiarse porque no es una enfermedad, pero las preferencias sexuales muchas veces están influenciadas por nuestros prejuicios. Es decir, a uno puede gustarle o no gustarle un género (eso no es lo que está en discusión) pero la pornografía, los medios de comunicación y los estereotipos de género nos hacen creer que ese género que nos gusta debe cumplir ciertas características. Nos hace creer que las mujeres blancas, sin discapacidad, tetonas, culonas y rubias son más lindas que las demás. Lo mismo ocurre con las mujeres trans porque detrás de la pregunta de si se comería una travesti está el estereotipo de que las mujeres trans, por nuestros genitales, no somos mujeres del todo. Cuando alguien responde que no tendría sexo con una mujer trans, vale la pena escuchar la justificación con detenimiento porque esa preferencia podría ser el resultado de un prejuicio. Claro, también es posible que a uno simplemente no le gusten ciertos genitales y ya. Por la misma razón, ser consciente de los prejuicios es clave para conocerse mejor, para tener claro lo que a uno le gusta y para poder vivir el sexo y el amor de una forma más libre. Hay que poner cuidado a la hora de diferenciar entre los prejuicios y lo que a uno le gusta para evitar perder oportunidades en los accidentes del sexo y del amor ¿Qué tal que por confundir lo uno con lo otro se desaprovechara un buen polvo, se dejara de vivir una aventura de amor corta pero intensa o se renunciara a la posibilidad de una folli-amiga? ¿Qué tal que por un prejuicio se esté tirando a un precipicio la posibilidad de enamorarse de una persona bien bacana?

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*** Mati es la travesti peligrosa de la que tanto te advirtieron, síguela en su Twitter: @matigonzalezgil