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¿Por qué todas las fotos de comida en Instagram se enfocan desde arriba?

¿Por qué (casi) todas las fotos de comida se enfocan desde arriba? Quizás nos creemos el centro del universo y queremos tener completo control sobre lo que comemos. O no.

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19 Noviembre 2015, 10:30pm

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Pasea un día en una zona restaurantera. Empezarás a sentir que levitas sobre imágenes de comida por todos lados.

Visita una panadería. Verás que los panes y pasteles están empotrados en la vitrina, permitiendo que los pasantes puedan observarlos desde el punto de vista de un pájaro, a pesar de que la disposición de los elementos en la mesa es perpendicular a la perspectiva real de los peatones. Luego pasea por Internet y busca algunas galerías de arte contemporáneo. Quizás te encuentres con las paletas derretidas de Joe Nanashe; el vegetal tempura de Moroyuki Daify; o la pasta marinara de Vik Muniz. Todas las composiciones están diseñadas desde un punto de vista elevado. En el recientemente remodelado museo Cooper Hewitt, echa un vistazo a la exhibición actual, Tools: Extending Our Reach. Te encontrarás que incluso el dúo de diseñadores Charles y Ray James abrieron su film icónico Powers of Ten a un metro de altura desde la Tierra, revoloteando sobre un picnic.

Витрина Добро Пожаловать к столу #NYC

A photo posted by GamEl (@gama775) on

Si curioseas en un quiosco de revistas, mira los nuevos números de tus revistas de comida favoritas. Te darás cuenta de que sus portadas también han sido fotografiadas desde un punto de vista aéreo. Las brillantes páginas despiertan tu apetito y tu dedo índice se va a la aplicación para pedir comida a domicilio desde tu teléfono. La interfaz de esa aplicación te presenta un plato de espagueti fotografiado desde arriba. Eso hace que tu apetito crezca.

El repartidor llega. Le das una buena propina y te comes esa torta de pastor con queso en el escritorio de tu oficina. Entre mordiscos, husmea en tu cuenta de Instagram, solo para encontrarte con un ataque violento de food porn aéreo: los panes recién horneados de @losloosers, los antojos mexicanos de @mexicanfoodporn, las interminables comilonas de @yummmie_app, y las hermosas mesas de @hojasantamag,

La omnipresencia del "foodstagram" visto desde las alturas planta una semilla en las teorías de conspiración. Por ejemplo, hay restaurantes, como Cosme, que diseñan la luz ideal para inspirar un montón de fotos aéreas de comida en Instagram, estelarizadas por su famoso "#huskmeringue" —¡que además tiene su propio hashtag!—. La atracción estética de 'la vista de pájaro' es aparente, pero las fotos hechas desde arriba que solo presentan platos blancos sobre mesas de caoba se vuelven monótonas rápidamente.

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Foto de @munchieses.

La "vista desde los ojos de Dios" de una mesa es común por una razón: el emplear este ángulo es la forma más fácil de obtener una buena foto con un iPhone. Al levantar tus codos a una altura mayor que la usual ganas visión sobre la comida, se crea una ilusión de planicie sobre la perspectiva dominante y voilà!, transformaste tu almuerzo en food porn. Pero esta técnica para fotografiar comida no en una revelación reciente nacida del Tumblr o Instagram. En 1960, el artista suizo Daniel Sooerri construyó sus primeras fotos aéreas. Hacía ensambles de platos, tazas de café y ceniceros pegados a las mesas de restaurantes y espacios domésticos, recreando la disposición exacta en la que los objetos fueron encontrados. Spoerri, que se identifica a sí mismo como un "ensamblador de situaciones encontradas", saca los arreglos de momentos cotidianos. Por ejemplo, cuando su novia Kichka dejó sus platos de desayuno en la cocina una mañana, Spoerri pegó la ya hecha composición de cáscaras de huevo, tazas de café y colillas de cigarrillos, en una tabla de madera. La tituló Desayuno de Kichka I. Con este proceso, Spoerri, convierte la comida en un recuerdo. Cuando Spoerri instala su obra pegada a la pared y mirando hacia afuera, los objetos parecen rectángulos. Así, invitan a los espectadores a acercarse a las piezas como si éstas fueran superficies en dos dimensiones en vez de esculturas. Estas fotos desafiaron al convencionalismo de las fotos tradicionales, notable tanto en Jean-Baptiste-Siméon Chardin como en Wayne Thiebaud, mucho antes de que se inventara el Internet.

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Daniel Spoerri, Hahn's (última) Sopa, 1964. Foto vía Flickr usuario Pavel Flegontov.

Un lenguaje tan ubicuo es probable que influencie tu propia práctica de fotografía con el teléfono. Luego de encontrar este tipo de fotos en los medios impresos y digitales que consumes diariamente, puede que tomes una foto aérea ocasional de tu tostada de mariscos en la tarde, solo para obtener una gratificación estética instantánea y disfrutar de la avalancha de "me gusta" que llega después. Este truco está en las imágenes dispensables que inundan nuestra cultura visual contemporánea y nublan nuestro entendimiento de la leve diferencia entre una fotografía estéticamente agradable y una fotografía irresistible.

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Si esta moda de perspectiva permea al arte contemporáneo, las presentaciones en las tiendas departamentales, los periódicos, los videos musicales, las redes sociales y las interfaces digitales con las que interactuamos cada día, ¿qué sugiere sobre nuestra cultura y su relación con la comida? Considera la posibilidad de que estas imágenes sean más reveladoras, psicológicamente hablando, de lo que aparentan en la superficie.

Si nosotros, como fotógrafos o espectadores, asumimos el "punto de vista de Dios" ("La Nube", o cualquiera que opere en tu sistema de creencias espirituales), exponemos nuestro deseo —escondido— de tener completo control sobre la comida que consumimos. Esta perspectiva entrecortada nos atrae en una escala casi universal, tal vez porque estamos programados para que nos encante cualquier cosa que halague a nuestra gran ambición de ser omnipotentes.

Al emplear la perspectiva generalmente atribuida a una deidad monoteísta (por ejemplo, Dios), puede que estemos afirmando nuestro propio modo de solipsismo —la creencia inherente de que sólo la existencia de nuestra propia mente es certera—. Como escribió una vez David Foster Wallace: "Todo dentro de mi propia experiencia inmediata apoya mi profunda creencia de que soy el absoluto centro del universo, el más real, el más vívido y la más importante persona en existencia. Piénsalo: no hay una sola experiencia que hayas tenido de la que no hayas sido el absoluto centro".

Tal vez las exigencias sean menores y este fenómeno cultural del food porn visto desde arriba no implica nuestros deseos más primitivos de poder, pero en vez, expone nuestra inclinación estética a lo plano, el mismo tipo de dimensión plana que llevó a Andy Warhol a usar Polaroid y a los Millenials a la selfie.

O tal vez nos hemos entrenado a nosotros mismos a consumir la cultura visual desde una perspectiva superior, con nuestros cuellos estirados mientras nuestros ojos permanecen pegado a los teléfonos.