Matilda

Las Guerras de Robots podrían reemplazar los deportes sangrientos

Si las Guerras de Robots son la forma aceptable de los antiguos combates de gladiadores, ¿por qué no extender el concepto a la caza de zorros o las corridas de todos?
20.7.16
Photo by Nathan Copelin

Cuando Máximo Décimo Meridio entra a las arenas del Mauretanian en una de las escenas de pelea de la película Gladiador, es provocado por los espectadores y le caen pétalos de rosa del cielo. Es una pieza de dirección característicamente astuta por parte de Ridley Scott, y obliga al espectador a notar el contraste entre la belleza de la naturaleza, el amor y el matrimonio, representado por los pétalos rosas, con la insaciable brutalidad de la condición humana, personificada por el público enloquecido. Máximo mata a varios gladiadores de manera sangrienta antes de lanzarle su espada a los que rociaban vino desde el balcón de la arena, que básicamente es básicamente el equivalente a un palco en el Madison Square Garden. "¿No están entretenidos?", les grita, mientras se escuchan murmullos en la arena. Es uno de los momentos más poderosos en el cine popular, y ejemplifica la ira de un hombre obligado a realizar actos violentos para sobrevivir.

Mientras que Gladiador posiblemente representa a los romanos de manera muy cruda —representa los combates de gladiadores de manera menos sangrienta o letal como imaginamos— ciertamente es una representación que nos recuerda a un deporte sangriento. Por sanguinarias que hayan sido las arenas romanas en realidad, ciertamente ha habido momentos en la historia en los que el hombre asesina a otros con el propósito de entretenerse. En realidad eso ya no es visto como algo genial, afortunadamente, y las sociedades contemporáneas ya casi no utilizan la práctica de asesinar a otros por diversión.

Pero entonces, ¿cómo hemos reemplazado esa tradición antigua? Con el programa Guerras de Robots, obviamente.

En un mundo que ya no cuenta con combates de gladiadores, las Guerras de Robots ahora son la representación aceptable de los deportes sangrientos. Podríamos considerarnos más civilizados que los sociópatas de la antigüedad, pero aún queremos ver salvajismo en una arena, y queremos aplaudir cuando vemos violencia indiscriminada. Pero hacerlo es un problema y lo resolvimos al reemplazar a los humanos con robots. A diferencia de los humanos, los robots no sienten dolor, no tienen familias, o nos hacen sentir mal cuando terminan hechos pedazos. A diferencia de los seres humanos, los robots pueden ser reparados por completo una vez que fueron hechos trizas luego de pasar por una sierra eléctrica.

Por eso los robots son los candidatos ideales para llevar a cabo nuestros deseos más oscuros y violentos.

Regresa el programa Guerras de Robots al canal BBC.

La cuestión es que mientras que los deportes sangrientos en los que participaban humanos, hay muchos otros que siguen siendo populares. Las corridas de toros aún son legales en España y partes de América, la caza de zorros sigue teniendo defensores en el Reino Unido y las peleas de gallos y perros ocurren en diferentes partes del mundo.

Si el programa Guerra de Robots es el rostro aceptable de los combates entre gladiadores, ¿por qué no extenderlo a otras formas de deporte? Los matadores podrían ponerse a prueba enfrentando toros robot enormes. Los cazadores podrían perseguir zorros automáticos. Podrían existir las carreras de robots, o luchas contra pulpos robotizados, o peleas entre perros robot. Casi cualquier deporte controversial podría ser preservado al contar con robots, y además, todos podrían divertirse haciéndolo.

Básicamente, los robots podrían reemplazar a cualquier animal en un deporte sangriento.

En serio, consideren por un momento la alegría de cazar un robot. Imaginen un equipo de papá e hijo persiguiendo a un zorro robot por el campo. Cazar zorros robot no tiene nada de malo, sería buen ejercicio para los perros, mantiene vivo el aspecto social de la caza y lo que es más importante, ningún ser vivo termina desgarrado en virtud del éxito.

Hay quienes podrían decir que en el mundo ideal no necesitaríamos practicar la brutalidad de ninguna manera. Pero desafortunadamente no vivimos en un mundo ideal y muchas personas siguen sintiendo que es su derecho divino presenciar descuartizamientos. Esas personas no lo llaman como tal, y basan su sadismo en términos de tradición, herencia y costumbre, Por suerte no hay nada más tradicional que usar el ingenio de la humanidad para llevar a cabo la violencia. Ahí es cuando entran las Guerras de Robots, y ojalá que reemplacen los deportes sangrientos pronto.

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