máquina de emociones

¿Qué podemos aprender de la adquisición del Portsmouth por parte de sus fans?

¿Por qué ceder ahora el control a un interés privado extranjero sin una verdadera intención emocional por el equipo?

por Will Magee
02 Mayo 2017, 8:19am

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Hace cinco años, el Portsmouth se declaró en bancarrota por segunda vez en tres temporadas. El club tuvo que hacer frente a una petición de liquidación por parte de HMRC, institución encargada de recaudar impuestos y pagos en el Reino Unido, y a quien debía considerables sumas de dinero en salarios y bonos a jugadores y varios acreedores. Después de descender de la Premier League al final de la temporada 2009-10 —los nueve puntos restados por su situación financiera empeoraron las cosas—, el club fue despojado de otros 10 puntos en febrero de 2012 y fue bajado debidamente a la Championship, la segunda división del fútbol inglés. Tras este segundo y fulminante descenso, la plantilla completa dejó el club, y el Portsmouth se vio obligado a arrancar la campaña 2012-13 en la League One (la tercera división) con 10 puntos menos por los constantes problemas fiscales. Como era des esperar dadas las circunstancias, el club sufrió un tercer descenso en cuatro temporadas, y así concluyó uno de los colapsos más dramáticos en la historia del fútbol inglés.

Con el Pompey (nombre con el que apodan al equipo) en lo más fondo de la Football League, se llegó a un acuerdo con la Fundación de Seguidores del club para que tomaran el control de la institución en abril de 2013. Después de varios años de gestiones que van desde lo cuestionable hasta lo desastroso, el Portsmouth se convirtió en el club más grande del país propiedad de los fans. Lo que sucedió después fueron tres temporadas sin pena ni gloria en la League Two, donde el club casi siempre permanecía de mitad de tabla para abajo. Pero esta temporada, el Portsmouth ha asegurado el ascenso con tres partidos aún por disputarse, lo cual ha provocado que se reabra el debate sobre cómo se debe gestionar el club dentro y fuera del terreno de juego para no volver a caer en un pozo sin fondo.

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Fans del Portsmouth protestan en enero de 2010 previo a la primera administración del club // PA Images

Por supuesto, durante los cuatro años desde que el Portsmouth tuvo que recurrir a sus fans para salvar el club han sido testigos de logros masivos fuera del campo. No sólo existe un alivio perdurable porque los seguidores lograron recaudar los fondos necesarios para salvar al club, también hay una infinita gratitud por parte de la comunidad por la preservación del Fratton Park y el hecho de que el club esté libre de deudas —contra todo pronóstico—. Los nuevos dueños del Portsmouth pagaron cerca de 7 millones de libras a los acreedores del club en septiembre de 2014, con los que saldaron sus deudas con dos años de anticipación y tan sólo un año después de haber tomado el control. Ahora representan un "sí" más para el modelo de propiedad precedida por los fans y un ejemplo de cómo puede llegar a ser exitoso, aunque nada de esto pudo haberse logrado sin el número más grande de asistencia a un estadio en la League Two —con un promedio por temporada de 16 mil asistentes— y una grada que se ha negado a disminuir semana tras semana.

El éxito del modelo de propiedad del Portsmouth es la razón por la que los rumores de una posible toma de poder han alertado a más de uno, al menos a aquellos que han seguido de cerca del progreso del club. Incluso para aquellos que sólo prestaron atención durante los años de miseria del club, la noticia de que el ex presidente ejecutivo de Disney, Michael Eisner, quiere comprar el club ha despertado su curiosidad una vez más. No sólo Eisner es un empresario con un perfil global, también es un hombre ridículamente adinerado que buscaría mejorar al Portsmouth con una fuerte inversión. Atrás han quedado los días oscuros cuando Pompey era objeto de miradas codiciosas de magnates de bienes raíces de Dubai, corredores de bolsa, y empresarios sinvergüenza, cuando el club estaba a nada de descender a la League Two.

Aunque el potencial de una gigantesca inversión para el club parece algo que no debe pensarse dos veces, el interés de Eisner por el Portsmouth arroja un sinfín de importantes preguntas. Antes que nada, la mayoría de los fans de Pompey tienen que estar satisfechos con la propuesta final; los detalles aún no están disponibles para el público. Ha habido informaciones que dicen que Eisner planea erradicar la representación de los fans de la Junta, lo cual de acuerdo con las opiniones recopiladas por la encuesta de la Fundación de Seguidores podría ser un punto de fricción. Según la web oficial de la Fundación, la encuesta sobre la potencial toma de poder demostró que el 86 por ciento de los fans creen que es importante que la Fundación retenga una parte de la propiedad, el 94 por ciento cree que la Fundación debería retener al menos un lugar en al Junta, y al 95 por ciento le gustaría ver, como mínimo, la creación de un grupo de consultoría de fans.

En el caso de un club propiedad de la comunidad también existe la pregunta fundamental de si hay un precio lo bastante elevado como para justificar su venta. En especial para un club que fue llevado al precipicio por caprichosos dueños e intereses privados, el valor de tener un equipo dirigido por los fans y para los fans no puede ser fácilmente superado o igualado con una suma de dinero. Aunque no hay señales de que Eisner tenga en mente otra cosa más que buenas intenciones para el club —con un supuesto valor neto de mil millones de dólares en 2015, su perspicacia para los negocios es bastante sólida— no sería la primera vez que un dueño decente se convierte en un terrible dirigente. Una vez que el Portsmouth esté en manos privadas, será extremadamente difícil devolverlo a los fans.

Fans del Portsmouth en las afueras de Fratton Park // PA Images

El precedente del AFC Wimbledon, también propiedad de los fans, y su buen paso en la League One, es la evidencia de que un modelo de este tipo puede funcionar en el nivel al que el Portsmouth está a punto de ascender. Sin embargo, el Wimbledon es un club muy diferente al Portsmouth y opera bajo circunstancias muy distintas, lo cual dificulta las comparaciones directas entre ambos. Mientras que el Wimbledon empezó desde cero en 2002 con una infraestructura más acorde a su posición, el Portsmouth tiene un viejo estadio que tal vez requiera de una fuerte inversión que, siendo realistas, los seguidores no pueden costear. La suya es una situación compleja, y su respuesta a la oferta final de Eisner se tomará con retos futuros en mente.

Colin Farmery, portavoz del club y fan desde hace casi 50 años, es uno de los hombres conscientes de los desafíos. Farmery ayudó a desarrollar la campaña de comunicación para la candidatura de la comunidad que vio como resultado la toma de poder de la Fundación de Seguidores, formó parte de la misma, y ahora trabaja para el club como el Jefe de Seguridad e Inclusión. Farmery ha visto el declive y el resurgimiento del club tanto desde la perspectiva interna como externa, y así lo hace saber a VICE Sports vía telefónica. Aunque los acuerdos de confidencialidad prohiben que los miembros de la Fundación hablen de los detalles de la oferta de Eisner, Farmery nos contó cómo los fans y la Fundación ven la situación en estos momentos.

"Está claro que con el señor Eisner tendríamos a un dueño potencial creíble", dice Colin. "Sin duda es una prueba del sistema de propiedad de fans y el trabajo que hemos hecho en el Portsmouth Football Club en los últimos cuatro años. Cuando nos apoderamos del club por primera vez en 2013, lo que heredamos fue una cáscara de club, el cual había sido ahuecado por los desastres de los últimos cinco o seis años. En realidad estuvimos en una situación en la que casi empezamos desde cero. Vale la pena decir que subestimamos lo difícil que sería salir de la League Two, pero lo que hemos logrado en los últimos cuatro años es construir cimientos muy sólidos, hemos acabado con las deudas antes de los esperado y nos hemos asegurado que el Fratton Park sea nuestro, al igual que el terreno al norte del estadio que podría ser esencial para la reestructuración del inmueble.

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"Contamos con un contrato de arrendamiento a largo plazo sobre el campo de entrenamiento con la ciudad de Portsmouth, hemos invertido más de un millón de libras en las instalaciones, y también hemos recaudado un cuarto de millón de libras para campos adicionales en nuestro complejo de entrenamiento y academia por medio de una campaña de crowdfunding", comenta Colin y continúa. "Básicamente, hemos hecho un enorme trabajo para colocar los cimientos, y esta temporada hemos visto cómo se concretan muchos de nuestros planes. El equipo ganó la promoción a la League One, lo cual es un logro fantástico en sí, pero lo logramos con un presupuesto apurado y no hemos sido capaces de gastar más de lo que ganamos. Somos un club bien gestionado por la comunidad y, fuera del campo, hemos visto florecer las semillas que plantamos, así que no me sorprende que alguien como el señor Eisner haya considerado al Portsmouth como una oportunidad para invertir".

Entonces, si el club ha logrado tantas cosas bajo la dirigencia de sus seguidores, ¿por qué ceder ahora el control a un interés privado extranjero sin una verdadera intención emocional? Hay muchas cosas a considerar como Colin explica. "Todo va bien cuando haces las cosas correctamente en el campo como un club propiedad de los fans", dice. "El Portsmouth todavía puede atraer a 16 mil o 17 mil fans en la League One o League Two, pero al final del día si el club terminara estancado en las divisiones menores, creo que veríamos este número reducirse drásticamente, quizá a menos de 10 mil. El modelo de los fans como propietarios de un club podría convertirse posiblemente insostenible, porque no se invertiría en el producto y es posible que el equipo termine siendo menos exitosos, lo que reduciría el número de espectadores".

Los fans del Portsmouth demostraron ser fans leales, incluso cuando el equipo estaba en las catacumbas de la League Two, aunque también es cierto que no van a permanecer para siempre con las mismas ganas. "La conclusión para mí como fan de Pompey es que, históricamente, el Portsmouth ha sido un equipo que al menos compite en la Championship, e intenta siempre subir a primera", opina Farmery. "Somos dos veces campeones de la FA Cup, hemos ganado la liga dos veces, y alcanzado cinco finales de FC Cup, así que somos un club relativamente grande en términos del fútbol inglés. La lucha es constante, mientras se intenta regresar a ese nivel, te rompes la cabeza para ver cómo generarás fondos para competir a esas alturas. Con esto no critico el modelo de propiedad en el club, todo lo contrario, de hecho es más una crítica indirecta al modelo que el fútbol inglés posee en general".

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Sin importar cuáles sean los méritos y retrocesos de un modelo precedido por los fans, esta situación es más que una pregunta filosófica para los seguidores del Portsmouth. "La cuestión no es si el club necesita más inversión o no, por supuesto que la necesita", añade Farmery. "El otro gran reto para Pompey es desarrollar nuestra infraestructura. Fratton Park tiene una grada con 90 años de edad y una más de 80, así que para cumplir los estándares de los estadios requeridos para ser un club de Premier League —para la mayoría de los fans lo somos— necesitamos invertir millones de libras. Para lograrlo es casi inevitable adaptar nuestro modelo de propiedad actual".

Al asimilar la oferta de Michael Eisner habrá factores prácticos inmediatos que considerar para los fans. Aunque ha habido una inversión emocional colectiva en este modelo, los seguidores tendrán que decidir si mantienen o mejoran el Fratton Park sin la ayuda del exterior. Al final del día, el beneficio que los fans sean los dueños del Portsmouth les permite tener la última palabra sobre el futuro del club y podrán exigir lo justo. Si Eisner puede convencerlos de que le entreguen el club, esperamos que pueda apreciar el tiempo, el amor y el esfuerzo que se ha destinado para preservar al Portsmouth y, por lo tanto, comprender que él será el dueño de un club cuya comunidad representa el corazón y alma del mismo.

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