Boxeadores profesionales en los Olímpicos, ¿acierto o disparate?
Sería una pena ver a las diferentes federaciones dar prioridad a boxeadores de renombre en lugar de la sangre joven que cuenta con la ilusión de poder subirse al podio y entonar su himno nacional ante los ojos del mundo.
La Asociación Internacional de Boxeo (AIBA) anunció ayer que intentará abrir las puertas a los boxeadores profesionales para que puedan participar en los Juegos Olímpicos de Río 2016.A primera vista, la apuesta parece tentadora y emocionante. El simple hecho de poder imaginarnos a algunos de los nombres más grandes del boxeo profesional actual —llámese Gennady Golovkin, Saúl "Canelo" Álvarez, o Danny García, entre otros— peleando por la presea olímpica nos pone la piel chinita y, por qué no, hasta en una de esas podríamos presenciar combates que en el ámbito profesional nunca se darían.
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El anuncio lo dio el titular de la AIBA, el Dr. Ching-Kuo Wu —durante una reunión en Inglaterra de las diferentes Comisiones pertenecientes a dicho organismo— con la intención de incluir a los mejores atletas del mundo en el máximo evento deportivo. Hasta el momento, se desconocen casi por completo las diferentes regulaciones a las que los peleadores tendrían que someterse para ser elegibles para las Olimpiadas. Lo que sí se sabe es que los boxeadores profesionales no tendrían que preocuparse por su récord ni por sus contratos con los diferentes organismos, ya que parte de las reglas implementadas en 2013 por la AIBA, como contar con menos de 15 combates y firmar un contrato a corto plazo con la filial profesional APB, quedarían invalidadas.
La propuesta nos resulta verosímil y realizable. No es una idea descabellada, y mucho menos egoísta, darle una oportunidad a aquellos pugilistas que se iniciaron en el ámbito amateur y que no pudieron calificar a unos Olímpicos, o bien, aquellos que se iniciaron en el campo profesional y que, por razones del destino, no pudieron representar a sus naciones en el magno evento. Sin embargo, si pensamos las cosas más allá de la emoción que nos causó la propuesta de la AIBA, encontraremos que el boxeo olímpico se vería afectado, no en el espectáculo, sino en su esencia.Si bien es cierto que la mayoría de los atletas olímpicos no son del todo amateurs (de algo tienen que vivir), el propósito fundamental de las Olimpiadas es competir por el amor al deporte, aunque suene trillada la frase. Por esto mismo, la idea del amateurismo es primordial, ya que se compite para honrar al deporte con la única intención de ganar una presea como una forma de superación personal, y no con la intención de hacerse millonario (al menos no durante la competición; lo que venga después depende de patrocinadores y otros actores interesados en el atleta).
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Si al lector le parece este argumento un tanto idealizado, entonces tal vez un segundo comentario mucho más pragmático y palpable pueda convencerle.
La sensación ucraniana, Vasyl Lomachenko, durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Foto: Al Bello/Getty Images Asia Pac
La mayoría de los boxeadores que buscan encontrar en el pugilismo profesional un empleo que asegure su futuro, procura, en el mejor de los casos, realizar una carrera amateur antes de aventarse al ruedo. En el caso específico de los peleadores cubanos, el boxeo les ofrece una salida, literal, de la Isla y un desahogo del régimen que no deja muchas opciones. O te pones a entrenar y representas a tu país dignamente, o vives en la miseria (más miserable) y te quedas sin ver el mundo.Ahora imaginen este mismo escenario, donde un boxeador que ha picado piedra para poder estar en unas Olimpiadas y que ha dedicado gran parte de su vida a esta disciplina, es "despachado" por un peleador profesional con más experiencia y, creo yo aún más importante, con un futuro asegurado por los millones o miles de dólares que ha amasado en sus años como profesional. Para éste último una derrota en semifinales o incluso en la final misma no representaría mayor problema. Tal vez subestime el amor de algunos boxeadores profesionales por este deporte, pero seamos sinceros, una vez que has vivido los deleites de contratos millonarios con televisoras y promotoras queda muy poca sensibilidad para cuestiones de honor. Como dicen por ahí, el dinero es el diablo.
Sería una pena ver a las diferentes federaciones dar prioridad a boxeadores de renombre en lugar de la sangre joven que cuenta con la ilusión de poder subirse al podio y entonar su himno nacional ante los ojos del mundo. Es cierto, no todas las divisiones estarían representadas por boxeadores consolidados en el ámbito profesional, pero sí existiría el riesgo de que los jóvenes pugilistas fuesen eclipsados. Espero equivocarme, al igual que espero que la propuesta de la AIBA haya sido solamente un intento para llamar la atención y que en realidad encierre una mayor complejidad a la hora de integrar a boxeadores profesionales en los Juegos Olímpicos.El lector tiene todo el derecho de tacharme de purista, reaccionario, conservador, como sea de su agrado, pero yo seguiré prendiendo el televisor cada cuatro años durante el verano para deleitarme con un boxeo ingenuo y desinteresado.
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