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Danny García vs. Samuel Vargas: Cuando eres simplemente una estadística más

Por más que la retórica busque colocar a Samuel Vargas como un oponente de peligro para el reinado de García, la realidad es otra donde el colombiano será un número más en el récord del campeón.
Foto: Jayne Kamin-Oncea-USA TODAY Sports

Imaginemos por un segundo que somos Samuel Vargas, el (des)afortunado contrincante del estrafalario campeón wélter del CMB, Danny García. Imaginemos que un día cualquiera, te encuentras entrenando para no oxidarte en lo que tu manager te consigue una pelea más en tu larga búsqueda por la cima del boxeo —cima que tal vez nunca conozcas—.

Entonces, de la noche a la mañana, te enteras que formarás parte de la cartelera estelar en Filadelfia porque enfrentarás al mismísimo campeón —aunque sin su cinturón de por medio—, pero campeón de todas formas e invicto. Comienzas a creer que todo el trabajo que has realizado a lo largo de tu carrera por fin rindió frutos, te tiemblan las piernas por la emoción y la ansiedad, porque si hay algo que solemos hacer cuando se tiene una oportunidad de oro frente a nuestras narices es soñar. Apostaría con el demonio a que Vargas se vio noqueando a García ante su gente, quitándole el invicto pero, sobre todo, dándose a conocer en un deporte que sabe explotar el peor de los castigos para un atleta: el olvido.

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En estas últimas semanas, algunos medios han descrito al colombiano como un contrincante de peligro y una amenaza para el plan maestro de García que pretende llevar a cabo a principios del próximo año: unificar los títulos wélter con Keith Thurman y, de salir victorioso, buscar una pelea millonaria con Manny Pacquiao, quien luego de su regreso exitoso al ring ha recibido propuestas de todo mundo.

Siendo sinceros, Vargas está muy lejos de protagonizar una velada subversiva, capaz de revertir lo preestablecido como el choque acordado con anticipación ante Thurman o, si se prefiere, su inminente derrota ante el monarca de las 147 libras versión CMB. En su haber existen sólo dos derrotas, de las cuales la última es la más "significativa", pues cayó ante el peleador prospecto, Errol Spencer Jr., vía nocaut técnico.

Decir que García apabullará a Vargas es poco. Podría lanzar un comentario como "si Errol Spencer Jr. le ganó de esa forma, qué se puede esperar de García"; la lógica que suele regir la realidad como la conocemos, no siempre cobra efecto en el mundo deportivo, pero en esta ocasión no existen argumentos de peso —más allá de las trasnochadas frases "todo puede pasar" y "un golpe lo puede cambiar todo", entre otras, que abundan en los cuadriláteros— para afirmar que Vargas en realidad tiene chance de sorprender. La suerte suele favorecer a aquellos más talentosos y disciplinados.

Por su parte, García no puede consentir a su gente de esta manera después de seis años de ausencia. Los aficionados no se chupan el dedo, y a pesar de que el Liacouras Center se abarrotará la noche de este sábado, y miles de personas prenderán el televisor por morbo o pasión, siempre existirá la sensación de que el campeón presenta cada vez más síntomas del virus que mutó con la llegada de Floyd Mayweather a la cima, y que se ha propagado gracias a personajes como Saúl Álvarez y el mismo García, aunque en menor escala. No importa que sus oponentes estén clasificados dentro de los diez primeros lugares o pertenezcan a divisiones diferentes, lo único importante es el dinero que puedan generar y el bienestar que les puedan ofrecer a sus marcas invictas.

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En este sentido, García puede estar tranquilo. Vargas subirá al ring motivado, sin nada qué perder, como ha declarado previo a la pelea, y echará la moneda al aire para ver si logra conectar la "patada de ahogado" que le dé el triunfo, aunque no lo conseguirá. Similar a Vladimir y Estragon en Esperando a Godot, Vargas esperará a que su sueño se concrete sin saber que nunca llegará dicho momento, y entonces comprenderá que desde el principio fue simplemente una estadística más en el récord de Danny García.