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Cultură

Las angustias de una compañía de teatro internacional en el Festival Iberoamericano

Estuve en los ensayos de una de las primeras obras que tendrá el Festival Iberoamericano de Teatro en su lanzamiento. La compañía húngara Recirquel no la tuvo fácil.
12.3.16

Todas las fotos fueron tomadas por Sergio Lema.

"Si esto no está puesto de manera correcta ¡él se muere!". El grito histérico llena los espacios del Astor Plaza, ubicado en la calle 67 con carrera 11, de Bogotá. El alarido emana de la boca de Bence Vági ––34 años, bailarín, director de teatro–– quien, un día antes de que Recirquel, su compañía de teatro cabaret, inaugure el Festival Iberoamericano, no concibe en su mente que un arnés no esté puesto de la manera correcta para que uno de sus actores no caiga y muera. Tampoco que las herramientas no lleguen. Tampoco que no pueda comunicarse sin la ayuda de otros con los técnicos colombianos. Es jueves en la tarde. La hora cero ya viene.

Bence Vági.

Del cielo cae un lapo combinado de truenos, rayos, gotas gordas y granizo: faltaban dos días para que (ayer, 11 de marzo) arrancara el XV Festival Iberoamericano de Teatro. Él, el que grita, es uno más de los 100 directores que vinieron a Bogotá a poner a sus compañías a actuar para la gente de este país. En números, el Festival trae, además, 3.872 actores, 164 obras y 1.356 funciones. En países, estarán, entre otros, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Islandia, Hungría, Perú, Argentina, Chile y México.

Mi editor en VICE me mandó a cubrir el tras escena de una obra internacional. La misión asignada me puso nerviosa: ¿qué podría contar de una jornada de ensayos en un Festival que lleva quince entregas? ¿Qué habría de curioso en una obra de teatro de compañía internacional en la que hay toda la confianza, en la que la gente cree que todo sale perfecto?

Pues, primero, esto: que la obra puede que no suceda. Lo que veo no es lo que me imaginé. Hay gritos en húngaro, suspiros de cansancio, canciones que empiezan una y otra vez, sonidos desordenados de instrumentos que pretenden tocar jazz. Y la lluvia, golpeando arriba, atrayendo para sí el foco de la escena.

El director, mientras tanto, está decidido a cancelar la obra del todo si las cosas no funcionan: hace énfasis (habla en inglés) en el cumplimiento de los mínimos detalles de actuación y de baile. La presentación debe salir perfecta. Todo es un caos.

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Hay enfermos de último minuto, equipos que se dañan sin razón, fallas de comunicación con los técnicos colombianos, problemas de electricidad. Y la lluvia, de nuevo, que ha dejado de ser una presencia invisible para empezar a filtrarse por los techos. Todo esto un día antes de la premier, un evento a puerta cerrada para ARGOS a cuyo ensayo logré colarme para ver cómo seguían: estaban mejor. Parecían listos.

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Paris de Nuit (París en la noche, en español), la obra que montó Bence Vági, tiene una escenografía inspirada en la vida nocturna de París y se convierte en un homenaje a las fotos del húngaro Brassaï, uno de los pioneros de la fotografía nocturna en las calles de París.

Los actores, todos miembros de la compañía de circo, rodean los 25 años y todos, desde la creación de Recirquel, se han posicionado como artistas reconocidos en Europa central. Uno es acróbata de cuerda aérea, otro es malabarista, otro utiliza una rueda alemana (rueda metálica para girar y hacer acrobacias a poca distancia del piso), otra es funambulista (una acróbata que camina sobre un alambre estirado) y otra es equilibrista en bolas gigantes.

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Bence y su equipo llegaron el jueves 10 de marzo al teatro al teatro. Ese día iban a ensayar con todos los juguetes por primera vez. María Isabel Ramírez, intérprete del festival, los acompañaba: estaba encargada de traducir ––del inglés–– cualquier cosa que Bence o uno de ellos necesitara.

El ensayo empezó a las once y media de la mañana. Había ocho mesas frente a la tarima. En el mismo nivel del piso donde se sienta el espectador se ensayaba la primera escena de la obra. Cada uno de los actores esperaba recibir direcciones de Bence, quien los observaba con un micrófono en la mitad del teatro.

Mientras repetían una y otra vez muecas, sonrisas, miradas, el director los frenaba y les pedía una nueva interpretación. Con el tiempo, iban avanzando poco a poco, movimiento a movimiento, hasta tener un fragmento largo que conformaba una escena. Y así. Otra vez, otra vez, otra vez. No vinieron a hacer un ensayo italiano (a toda velocidad, repasando todo rápidamente), sino a apretar de forma lenta cada una de las tuercas. Hasta donde diera. "Todo transcurre muy lento", me dijo Brigitta Egyed, una actriz húngara de 34 años que trataba de comunicarse conmigo en su poco conocimiento de inglés.

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El auge de estrés duró bastante tiempo. Uno de los actores se había enfermado desde esa mañana y ardía en fiebre: no pudo ensayar. Otro, el malabarista, era un ruso llamado Alexander Kulakov, cuya presencia obligaba que los ensayos fueran en inglés, remplazó al anterior malabarista pocos días antes de venir al Festival, y solo se sabía una parte de la obra. Me dijo que todo esto ha sido una locura y que nunca se habría imaginado llegar con una compañía húngara a un país como Colombia en un periodo tan corto de tiempo.

Ese día al Astor Plaza llegaron ambulancias, médicos, técnicos y hasta la misma Ana Marta de Pizarro, directora del Festival, quien aceptó tomar el legado de Fanny Mickey: había que mejorar las condiciones del montaje. Que la directora misma del Festival hubiera ido a limar asperezas, a un día de la premier, y día y medio de presentarla en teatro a los asistentes colombianos, era un indicio de que esto del montaje no es una tarea de unas horas. Que detrás de la espectacularidad hay algo escondido, humano, errático.

Tres actores y acróbatas de la academia se enfermaron en la noche. Tanto, que tuvo que venir una ambulancia por ellos, tanto, que los médicos les tuvieron que suministrar suero para rehidratarlos. La noche, su ambiente, estaba lleno de incertidumbre y nervios. El viernes en la mañana tomaron remedios caseros, sueros y atención médica.

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El viernes 11 de marzo Bence hace muecas, sonríe, presenta con gracia a los actores. Nada ha pasado.

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El Festival Iberoamericano de Teatro se presentará del 11 al 27 de marzo de 2016.

María prefiere asistir a obras de teatro que ver películas. Invítala a una aquí.