Cultură

Los millennials descubrieron que salir está de hueva

A la mierda eso de salir. Es caro, hay mucha gente, huele mal, las bandas normalmente apestan y los bares están todavía peor.
11.6.16

Ahora este güey es cool. Foto de archivo vía Getty.

Donde quiera que vayas, los millennials rebasan los límites de lo convencional y desafían las normas: adoptamos la pobreza, usamos "hoverboards" que son básicamente Segways y escribimos artículos de opinión autocomplacientes sobre nosotros mismos. Es un mundo ocupado y los millennials están tomando el control. Por ejemplo, esta es la primera generación que admite que salir apesta.

"Son la mejor generación —de vagos—", es como el New York Post describe a los millennials en uno de los artículos más increíbles jamás escritos. ¿De qué se nos acusa? De pasar más tiempo viendo la televisión y pegados al teléfono que la Generación X, nos rehusamos a socializar en persona y "preferimos pasar una noche tranquila en casa". Ni siquiera somos lo suficientemente cool como para emborracharnos: "Una encuesta realizada por Heineken en 2016 descubrió que cuando los millennials se toman la molestia de aventurarse a salir, el 75 por ciento bebe con moderación".

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El Post propone algunas razones que explican la ñoñez de los millennials donde cita a un neurólogo que dice que los casos de agotamiento en los jóvenes van en aumento y que la vida nocturna en las grandes ciudades es muy cara. Pero incluso los que no están permanentemente en quiebra y agotados evitan los métodos tradicionales para socializar, como ir a un bar oscuro y pedir shots hasta que pase algo. ¿Tendrá algo que ver con las redes sociales? Ah y la vida romántica. ¿Qué habrá sido de ella?

"Pues está eso de 'Netflix & chill", no sé qué pienses… es una tendencia ¿no?", dijo un millennial para Post.

Podríamos dar varias razones generacionales de por qué los millennials acostumbran quedarse en casa —no es ninguna sorpresa que el séquito que nació entre los atentados del 11 de septiembre y la crisis financiera mundial sea un poco más frugal y cauteloso que sus predecesores—. Recuerda, la generación anterior era tan decadente y alejada de la realidad que la "franela" era una moda y la serie de televisión más popular era sobre seis personas que se la pasaban en una cafetería y que cogían entre ellos de vez en cuando. Los millennials, a diferencia de los los hedonistas depravados de Friends, que tenían monos como mascota, son tacaños y evitan los riesgos, dos características que no se prestan para convertir los sábados por la noche en domingos por la mañana.

Si consideramos que los millennials tienen graves problemas financieros, resulta lógico que no quieran gastar mil pesos en una salida con sus amigos para terminar caminando descalzo a casa y con un dolor de cabeza al día siguiente. O tal vez es porque la categoría de "millennials" ahora incluye a güeyes de treintones y las personas con edad suficiente como para saber sobre su retiro no están dispuestos a desperdiciar sus fines de semana inhalando cualquier cosa que les ofrezcan en los baños unisex, bailando o hablando sobre el asesinato de JFK siete horas seguidas.


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Ya en serio, lo que demuestra esta tendencia totalmente cierta que identificó Post es que los millennials lograron descifrar el código. Por cientos o miles de años, los jóvenes han ocupado gran parte de sus vidas para "salir", algo que se traduce en emborracharse con aguamiel u otra hierba venenosa, tener sexo con desconocidos, caminar por un campo o las tres al mismo tiempo. Las generaciones pasadas siempre se burlan de los jóvenes y aseguran que en sus tiempos las hierbas eran menos venenosas y el coito al aire libre era menos descarado. La mayoría de estos chicos, claro está, se tranquilizan y se conforman con que cualquiera que sea el sistema económico que los aflige no los destruya. De vez en cuando, pasan al lado de un campo y se ríen con cariño porque saben que su fase de insensatez ya pasó y que ahora lo único que quieren hacer es reunirse con sus amigos más cercanos alrededor de una fogata y describir los episodios de su serie favorita. Las noches más locochonas son cuando uno de ellos lleva hierbas venenosas para poner ambiente.

Pero los millennials —si crees lo que dijo el Post— se están saltando toda esa mierda, todas esa noches a los veintitantos donde ni siquiera disfrutas caminar por el campo pero sientes la obligación de hacerlo por miedo a que te menosprecien si no te pasas el sábado vomitando mientras escribes mensajes a tus amigos para pedirles que no te dejen mezclar drogas y después ir a almorzar. A la mierda eso de salir. Es caro, hay mucha gente, huele mal, las bandas normalmente apestan y los bares están todavía peor.

¿Sabes qué es mejor? Ver tele acostado en tu cama. ¿Lo has intentado? Puedes usar ropa cómoda, pedir la comida que se te antoje por teléfono, comer con las manos y dormir cuando se te de la gana. Para la mayoría de los humanos que han vivido, la noche típica de esta generación representa un pináculo imposible de lujo. Antes, la gente se preocupaba por las sequías, el hambre y las nuevas bandas de hombres con espadas que llegaban a saquear la ciudad. No subestimes los lujos tan simples como tener una copa de vino, un techo encima y una pantalla que te muestra todo lo que puedas imaginar.

Así que, quédate hoy en casa. Compra una botella de vino decente o una de esas cervezas artesanales fresas hechas con cáscaras de limón. Ve un concierto de Prince o un maratón de tu serie favorita. O a la chingada, compórtate como todo un viejito y ponte a leer un libro. Duerme cuando te sientas cansado. Despierta con energía por una vez en tu vida. Ve al parque. Te sorprendería ver todos los lugares a los que puedes ir cuando no sales de fiesta y lo agradable que puede ser la gente ahí.

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