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Por Marisol Wences MinaFranceri baja del cerro con la cara inflamada, en partes morada, verde y azul, llena de sangre. Tiene que cuidar sus pasos para no caer porque lleva prisa, sortea piedras pequeñas y usa las grandes como escalones. Arriba, en su casa construida casi en la punta de un cerro, yacen cuatro cuerpos baleados y ensangrentados en el piso de tierra, resguardados por las paredes de cartón y plástico. Muchos vecinos escucharon los balazos pero nadie se asomó, nadie acudió en auxilio; por eso ella baja casi corriendo con las manos embarradas de sangre. Se detiene en la primera casa y grita: "¡Auxilio, tía!, ¡ayúdenme! Mataron a mi mamá, a mi abuelita, a Omayra, a Rosita". La tranquilidad en la colonia Paso Limonero, en el puerto de Acapulco, quedó trastocada. Franceri Solís Nava es una niña de nueve años y mataron a todas las mujeres de su familia; las mató la ex pareja de su madre.
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Por Rafael CastilloEl 14 de junio de 2011, el cadáver de una mujer fue hallado atado a una tapa de alcantarilla en el fondo del Río de los Remedios, en el municipio de Tonanintla, Estado de México. Los Servicios Forenses del Estado de México lo caracterizaron como el de una mujer de cuarenta años. Sin un rostro reconocible o alguien a quien entregarlo, fue enterrado en la fosa común. Ahí pasó dos años hasta que le fue asignada la identidad que supuestamente perdió durante su estancia en el río: tendría 15 años cuando murió, su nombre sería Abril y se convertiría en la hija desaparecida de Isela Rodríguez.Isela recibió estos restos el 25 de mayo de 2013 convencida de que esto era un abuso más en el caso de la desaparición de su hija.Abril desapareció el 16 de mayo de 2011 en Ojo de Agua, municipio de Tonanintla, Estado de México. Había salido a sacar copias. Los padres la buscaron durante horas hasta que anocheció. Volvieron al fraccionamiento en el que vivían. Ahí, el vigilante les dijo que no se preocuparan, que su hija había regresado en el interior de un Pointer negro sin placas. Pero ella no estaba en casa. El vigilante, testigo, se ofreció a declarar ante las autoridades y señaló la dirección a la que pertenecía el vehículo.
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Por Luis ChaparroPienso que si ella viajó con vida desde el centro de Ciudad Juárez hasta San Agustín, ese poblado en medio del Valle de Juárez —el Valle de la Muerte, lo llaman— pudo ver a los fantasmas de las otras. Todas las que fueron igual a buscar trabajo y que de alguna u otra manera llegaron hasta aquel valle al este de la ciudad para morir o ya muertas. Puede que ella incluso haya visto a las demás caminando por entre los afiches amarillentos de las desaparecidas de hace muchos años, o por entre los que aún huelen a pegamento. Pero es imposible incluso ahora, a cinco años de aquel día helado de enero cuando caminó por el centro, saber si logró ver algo o la muerte le cerró los ojos ya durante una hora de camino al Valle.La mayoría de los afiches están pegados en el centro. Antes sólo eran pesquisas raquíticas con una fotografía de una niña, como ella, como Adriana: Adriana Sarmiento, 15 años, 18 de enero de 2008, y un número de contacto de su familia: (656) XXX-XXX Ernestina Enríquez, su madre. Están ahí porque desde la década de 1990 las niñas "desaparecen" en esa zona donde miles de hombros topan con otros miles, donde uno se encuentra de todo.Pero desde finales de 2007 el problema de las "desaparecidas de Juárez" que luego fue el de las "muertas de Juárez" se volvió más complejo. Las madres de las víctimas pidieron que no fuera sólo el delito de desaparición forzada o de asesinato, sino que se llamara con todas sus letras: feminicidio. El exterminio sistemático de mujeres por razón de género. Y como pocas veces el gobierno cedió. Los afiches también cambiaron y ahora ya ni si quiera podían incluir el número de un familiar por miedo a las amenazas o a los intentos de extorsión. Ahora están acompañados de una campaña que también busca borrar el término "desaparecidas", como si se las llevara el viento o se las tragara la tierra, por "secuestradas", que al final está la certeza de que así es.Con todo lo anterior quiero decir que los feminicidios, a diferencia de lo que se puede llegar a creer, no se detuvieron en la década de 1990, cuando se hicieron películas y documentales sobre los crímenes. De hecho, a finales de 2007, justo cuando comenzaba la cruenta guerra entre cárteles de la droga en Ciudad Juárez, este delito se volvió más feroz y es aún hora de que no acaba.El Colegio de la Frontera Norte en Ciudad Juárez ha llevado un registro minucioso paralelo al conteo de las autoridades estatales y federales y ha encontrado que de 1993 a 2007 el promedio de asesinatos por año en Chihuahua era de 33.4, éste aumentó a 187 por año de 2008 a 2012, lo que representa un incremento de 560 por ciento en el número de delitos registrados en décadas anteriores.Es decir, en 14 años, de 1993 a 2007, se registraron 501 homicidios de mujeres, pero de 2008 a abril de 2013, en sólo seis años, la cifra ascendió a 940 casos en el estado. Esto se encuentra citado en el reporte "Comportamiento espacial y temporal de tres casos paradigmáticos de violencia en Ciudad Juárez, Chihuahua, México: el feminicidio, el homicidio y la desaparición forzada de niñas y mujeres (1993-2013)".
