Cultura

Los griegos que hacen pícnics sobre las tumbas de sus seres queridos

La tradición se remonta a las epopeyas de Homero pero sigue viva gracias a los griegos pónticos, un grupo étnico originario de las orillas del Mar Negro.

por ΚΩΣΤΑΣ ΚΟΥΚΟΥΜΑΚΑΣ
28 Noviembre 2016, 4:00am

Fotos por Alexandros Avramidis

En la ciudad de Rizana —a una hora de Salónica—, los vivos almuerzan junto a los muertos cada año en el segundo domingo de Pascua. Este día, la gente se reúne en el cementerio del pueblo, pone sillas, mesas y come encima de las tumbas de sus seres queridos, entre inscripciones de mármol y flores frescas.

La tradición se remonta a las epopeyas de Homero pero sigue viva gracias a los griegos pónticos, un grupo étnico griego originario de las costas del Mar Negro que, con el paso de los siglos, emigró a Turquía, Georgia y Rusia. Los pónticos en el cementerio de Rizana regresaron a Grecia y con ellos trajeron nuevamente la tradición de hacer un picnic cerca de los restos de sus ancestros. No es un día de luto. Al contrario, es un día de sonrisas, besos, piroshki tradicional, albóndigas, pan tsoureki y vodka ruso caliente.

Rizana es un pueblo muy tranquilo —ni siquiera se puede llegar en coche al centro—, pero hoy las actividades comienzan desde muy temprano. A las diez de la mañana, ya hay filas de coches estacionados cerca de donde empieza el sendero hacia el pueblo, justo al lado del puesto que los vendedores de flores instalaron para la ocasión. Antes, el pueblo solo tenía un cementerio pequeño, pero los griegos pónticos se aseguraron de que abriera un segundo en 1997, que es donde están reunidos los visitantes de hoy.

Stefanos Oflidis, el presidente de la Asociación de Pónticos Repatriados, explica cómo se creó este cementerio: "Miles de griegos dejaron Ponto y los países soviéticos a principios de la década de 1090", dijo. "Nos instalamos en el oeste de Salónica y empezamos a enterrar a nuestros muertos en Evosmo o en los cementerios municipales cercanos. Sin embargo, por la falta de espacio, se tuvieron que exhumar los restos tres años después. Esa no es forma de honrar a los muertos. Por eso, para que no volviera a pasar, empezamos a buscar un espacio donde nuestros muertos pudieran descansar como es debido".

Su padre, Alexandros, inició la búsqueda de un espacio para un nuevo cementerio, lo que acabó convirtiéndose en la primera misión de la recién establecida Asociación de Pónticos Repatriados. Finalmente, Lefteris Tepetidis de Rizana —cuya familia dejó Kazajistán para mudarse a Grecia en 1960— aceptó donar seis hectáreas para construir el cementerio en memoria de su hijo, que fue asesinado a una edad muy temprana.

En los años que siguieron, los familiares de los difuntos llevaron reliquias de Salónica, construyeron una iglesia y se ocuparon del cementerio.

Se hizo limpieza de tumbas hace varios días y ahora es momento de sacar los manteles, los platos, las ollas y las sartenes. Hacer un picnic sobre las tumbas de tus seres queridos puede sonar un poco siniestro pero es todo lo contrario. Ver a familias enteras con niños pequeños corriendo por todas partes es la imagen de un momento de celebración, no de luto.

Además, no está permitido llorar. La gente solo se saluda diciendo "Cristo ha resucitado" y se bebe vodka y se comen platos tradicionales.

El cementerio de Rizana está compuesto casi exclusivamente por tumbas familiares de entre cuatro y seis metros de ancho. La mayoría están equipadas con losas de granito negro y tienen grabada una imagen del difunto, a veces de adolescente, a veces de más mayor. A menudo, en la lápida también se muestra algo a lo que el difunto tenía gran aprecio en vida: una motocicleta, un automóvil, una cámara o una foto de la provincia donde nació: Sukhumi o Batumi en Georgia, Trabzon o Ordu en Turquía.

También suele haber dos o tres estatuas, aunque no todas las tumbas son de personas adineradas. Muchas están recubiertas de sencillos azulejos y alfombras de plástico, grava fina o simplemente una cruz de madera y una vela. Pero eso sí, todas están cuidadosamente arregladas.

"Somos gente ordinaria y honrar a nuestros ancestros es muy importante para nosotros. Hoy en día, ya no vienen tantos familiares como antes. Muchos pónticos se fueron a trabajar a Alemania o no les alcanza para viajar desde Salónica. Aunque la asociación ofrece un autobús para ese día", dijo Stefanos Oflidis.

Oflidis es protésico dental y vive actualmente en Salónica. Llegó en 1991, después de dejar la provincia georgiana de Sujumi, poco antes de que estallara la guerra civil entre Abjasia y Georgia. "Siempre quisimos regresar a Grecia porque escuchábamos las historias de nuestros abuelos, cuyos corazones nunca abandonaron el país. Mi abuelo fue uno de los griegos que deportaron los soviéticos en 1949. Lo llevaron del Mar Negro a las estepas de Kazajstán. Cuando lo subieron al tren, creyó que lo iban a mandar de regreso a Grecia. Pero después de unos días, al ver el amanecer, se dio cuenta de que el tren iba hacia el este".