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LGBTQ

Cosas que echo de menos de estar dentro del armario

Hay mil motivos para seguir en el armario pese a que la sociedad se empeñe en animar a los gais a salir.

por Drew Nellins Smith
06 Octubre 2016, 4:00am


Ilustración por Hannah Song

Sé que no es una reflexión muy moderna, precisamente, pero la verdad es que a veces echo de menos la época en la que aún no había salido del armario. Ya han pasado diez años desde que di el paso, empujado principalmente por una crisis nerviosa provocada por el fin de una relación secreta que mantenía con un hombre, pero aun hoy día imagino cómo habrían sido las cosas si hubiera continuado mintiéndome a mí misma y a los que me rodean.

Hace poco publiqué una novela, Arcade, cuya voz narradora —una versión algo más neurótica de mi antiguo yo— lucha por sobrellevar una existencia marcada por la farsa de vivir en el armario, atenazado por los mismos miedos sobre su sexualidad y su masculinidad que una vez también me consumieron a mí. Pese a vivir obsesionado sobre su homosexualidad, el protagonista nunca se plantea qué le lleva a aferrarse tan desesperadamente a esa vida irreal; para él la situación resulta tan atractiva que no siquiera cabe plantearse un cambio.

Lo mismo ocurre como muchos otros gais. Por más que pudiera mejorarles la vida, sospecho que muchos miembros de la comunidad LGBTQ —digo sospecho porque no es fácil determinar una cifra— siguen prefiriendo vivir ocultando su sexualidad. Y es que, por más que me gustaría poder decir lo contrario, salir del armario implica una serie de sacrificios.

Consideremos, por ejemplo, ese miedo, no tan injustificado como sería deseable, a ser agredido. Cada vez que mi novio se inclina hacia mí para darme un beso o utiliza un apelativo cariñoso en un sitio público, le digo, "¡Para, que nos van a dar una paliza!", disfrazando mi verdadero temor con un tono de voz gracioso. Son numerosas las minorías víctimas de violencia, pero en EUA, según el New York Timesel New York Times, ninguna lo es tanto como la comunidad LGBTQ.

Hay un tema sobre la homosexualidad del que nadie habla nunca, y es que en realidad nunca llegas a salir completamente del armario. Quizá no ayude mucho el hecho de que vivo en el estado ultraconservador de Texas, pero muchas veces tengo la sensación de que es como un trabajo a media jornada. Reconozco que no es para tanto, pero para mí salir del armario sería como tener que vivir en una constante situación incómoda, una obligación que no deben aguantar las personas heterosexuales ni las que sigan en el armario.

A fin de cuentas, esta decisión se reduce a una cosa: el miedo. Miedo al rechazo por parte de tus amigos y familiares; miedo a lo que puedan pensar los demás

Este tema también afecta a mi trabajo como escritor. Hace poco, una amiga me comentó que fue a una librería a comprar mi novela y no la encontró. Estuvo preguntando hasta que descubrió que la habían puesto en la sección LGBTQ. Valoro mucho que exista una sección así, pero no puedo evitar pensar que mi libro está encasillado ahí. No pretendo escribir exclusivamente para el público gay. Yo escribo para las personas, que seguramente no encontrarán mi libro en una sección tan concreta, segregada de otros géneros.

A fin de cuentas, esta decisión se reduce a una cosa: el miedo. Miedo al rechazo por parte de tus amigos y familiares; miedo a lo que puedan pensar los demás, miedo a perder el respeto y la admiración de las personas que más quieres. Después de todo, nunca estás seguro de qué piensa realmente la gente sobre la homosexualidad. Ha habido demasiados casos de rechazo de los padres, carreras profesionales arruinadas, violencia y amistades rotas como reacción a la dura decisión de salir del armario. La manera más sencilla de evitar todo eso es no salir. Quedarse dentro del armario.

Como no quería dejarme en el tintero otras razones por las que en cierto modo resulta más conveniente no revelar nuestra preferencia sexual, decidí preguntar a otros hombres que también habían optado por vivir así. Publiqué un anuncio en la sección de hombres que buscan hombres de la plataforma Craiglist. "Escritor busca charlar con hombres que no hayan salido del armario", rezaba el anuncio. En un periodo de 48 horas recibí mensajes de 16 hombres, un número considerable, teniendo en cuenta que la mayoría de usuarios de esta web buscan parejas sexuales y mi único propósito era hablar con ellos. Sin embargo, para mi sorpresa, a medida que leía los mails que me habían enviado —la mayoría de hombres casados que mentían a sus mujeres y sus allegados por diversas razones—, empecé a poner en duda la legitimidad de mi nostalgia proarmario.

Se suele decir que los gais tienen la obligación de salir del armario porque eso contribuye a normalizar la homosexualidad en su entorno. No discuto que sea un argumento válido, pero encuentro que las razones personales tienen mucho más peso

Soy consciente de la poca credibilidad que se concede a un foro como Craiglist, pero debo decir que la verosimilitud de la mayoría de las respuestas hacía difícil pensar que pudieran ser falsas. Gary*, hombre de 40 años, padre de dos hijos y casado con su amor del instituto, me aseguró que nunca se había planteado ni remotamente salir del armario. "Crecí en un entorno familiar y de comunidad muy religioso y conservador. De joven, pensaba que las cosas que sentía eran tentaciones que me enviaba el diablo. En la universidad empecé a plantearme que tal vez era gay/diferente, pero sabía que no existía posibilidad alguna de que aceptaran mi condición en mi círculo de amistades, familia, etc.". Gary aseguró que si su padre se enterara, lo desheredaría de inmediato y nunca volvería a dirigirle la palabra, una de las razones por las que ha decidido seguir ocultándolo.

Todd*, divorciado de 50 años, aseguró que toda su cartera de clientes, en su mayoría conservadores, se evaporaría si anunciara su homosexualidad. Una vez, hace años, se enamoró de otro hombre, experiencia que recuerda como algo "increíble". Ahora, me explicó, solo tiene encuentros con hombres, "pero solo cuando no estoy en mi ciudad. Ninguno de mis amigos, compañeros de trabajo o familiares sabe nada". Le pregunto si se arrepiente de su decisión. "Totalmente. Debí haberme mudado a una ciudad mayor y hacer mi vida".

Jay*, de 27 años, me dijo que sigue casado con su mujer, pero que no ha renunciado a su sueño de salir del armario un día. "Hace unos años me sentía muy confundido respecto a mi sexualidad", escribió, "pero ahora lo tengo muy claro... Algunos amigos muy íntimos conocen mi secreto, pero me aterra la idea de contárselo a mi mujer". Después de un breve intercambio de emails en los que manifestaba su deseo de salir del armario antes de los 31, Jay me preguntó: "¿Crees que soy un hombre pusilánime por haber adoptado esta postura?".

Se suele decir que los gais tienen la obligación de salir del armario porque eso contribuye a normalizar la homosexualidad en su entorno. No discuto que sea un argumento válido, pero encuentro que las razones personales tienen mucho más peso. Razones como la de mantener la salud mental, la franqueza con uno mismo y la aceptación del hecho de que nuestra propia felicidad es tanto o más importante que la de los demás.

Cuanto más me comunicaba con mis interlocutores, más lejanos se me antojaban mis ideales sobre la vida feliz dentro del armario. Sus historias hicieron despertar nuevamente en mí el ánimo de declararme gay. Salí del armario porque no era capaz de soportar la mentira y vivir instalado en la vergüenza. Salí del armario porque odiaba pasarme la vida fingiendo. Es cierto que a veces la vida de un gay puede ser complicada, pero es todavía más cierto que ocultar que lo eres resulta totalmente insoportable.

*Se han cambiado los nombres para proteger el anonimato de los entrevistados.

La primera novela de Drew Nellins Smith, Arcade, está ya a la venta editada por Unnamed Press.

Traducción por Mario Abad.