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Mi primer libro (Vuelta al agua, UIA, 1999) lo publiqué cuando tenía 19 años y es un volumen de poemas. Ya no escribo poemas, a menos que esté en una situación emocional crítica, al borde del colapso. Entonces me pongo a escribir poemas como si eso me fuera a salvar de un resquebrajamiento emocional. Y no sólo no escribo poemas, sino que intento no escribir en un sólo género. Como fronterizo que soy (nací y crecí en la frontera entre Tijuana y San Diego) me parece de lo más normal cruzar de un género a otro en el mismo texto. Casi todo lo que escribo tiene algo de poesía, un poco de ficción, una dosis fuerte de ensayo y mucho, muchísimo de biografía.
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Es un libro que le propuse hacer a un sicario que conocí como parte del documental para televisión, Confesiones de un sicario, en el que participé como productor periodístico. De los tres sicarios que contacté y entrevisté para el documental, uno de ellos tenía una historia de vida que revelaba muchos de los "paradigmas" que sostienen el infierno en que se ha convertido México. Contar la historia de Drago me permite hacer una radiografía no sólo de la mente de un asesino, sino del desmoronamiento vertiginoso y violento de un país. Entonces le propuse a Drago que escribiéramos juntos su vida. Y así lo hicimos, sin revelar ningún dato que comprometiera su seguridad. Actualmente está amenazado de muerte y escondido en una de las sierras mexicanas. Al libro le fue bien en ventas. Creo que porque la gente está ansiosa (literalmente) por saber qué ocurre con México en relación al crimen organizado. El país está al filo del colapso y no basta la nota roja o los noticiarios televisivos. El periodismo narrativo y su coqueteo con la ficción, como lo han hecho autores como Diego Osorno y Alejandro Almazán, puede ser una salida a este extravío.

Un alfabeto es un formato muy lúdico para elaborar un mapa personalísimo del narco en México. Decidí hacerla parte crónica y parte ensayo para poder elaborar una dirección de sentido más compleja. Muchas de las historias son testimonios obtenidos de fuentes periodísticas; otras historias las escuché de gente relacionada al narco, otras simplemente las viví. Invité a Gabriel Escalante como ilustrador porque creí que así el juego crónica versus ensayo se pondría más interesante en términos dialógicos con una tercera parte visual/conceptual.
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Como dije, hay algo de ficción en lo que escribo, pero casi siempre para ocultar una identidad, mantener la seguridad de una fuente testimonial. Todas las historias las vivió alguien. Algunas personas son fuentes del crimen organizado, otras son gente periférica al crimen organizado (familiares, empleados) y otras las vivió mi propia familia o yo.

Crecí en Tijuana en un momento en que la ciudad estaba inmersa en el narcotráfico y el narco inmerso en Tijuana. De mi generación, un alto número de mis ex compañeros de escuela fueron ejecutados. En mi familia también algunos miembros se relacionaron al crimen organizado por su trabajo como abogados. Tengo planes de hacer un libro con todas las columnas y lo dedicaré a Roberto, un cuñado abogado que asesinaron en Tijuana hace un par de meses. Roberto me contó un par de las historias incluidas en el Alfabeto.¿Cuál de las historias sobre las que escribiste te pareció particularmente cabrona?
Las historias que tiene que ver con la violencia soterrada al margen de la violencia espectacular que nos viene a la mente cuando escuchamos la palabra "narco". Hablo de las historias de las que casi nunca nos enteramos. Esa violencia me produce terror. Un ejemplo sería la historia que cuento en la “L de ‘levantón”, que no es una historia de un secuestro, sino de una abducción, una verdadera locura quizá inducida por el clima de miedo que se ha generado en la psique colectiva mexicana. Otro ejemplo es la “V de ‘venganza”, que es una pequeña viñeta del clima que se vive en una familia después de una ejecución.
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Las ilustraciones no son dibujos per se, sino un trabajo conceptual. Son apropiaciones de fotos que han aparecido en la prensa, algunas relacionadas al narco, otras al imaginario violento de la cultura popular. Me parece que dichas imágenes revelan un imago construido alrededor de la muerte, la violencia y el miedo que caracteriza mucho de lo que se vive en un muchas regiones de México, tanto a un nivel íntimo como colectivo. Gabriel es un gran artista y estas ilustraciones son parte del trabajo que hemos realizado juntos y que incluye curadurías e incluso proyectos académicos.¿Qué objetivo buscabas con esta serie de artículos? ¿Entretener? ¿Informar?
Exorcizar. El tema me interesa por razones personalísimas (mi crecimiento en Tijuana, cómo ha afectado el narco a mi familia, mis amistades involucradas, etcétera) y escribir de ello es una forma de ventilarlo y entenderlo. Creo que en ese proceso también puede crear muchos tipos de diálogo con otros lectores —algunos diálogos más profundos que otros— y esa es la razón de publicarlo.¡Gracias, Juan Carlos! Ojalá podamos ver todos estos textos y sus correspondientes ilustraciones en formato físico, en un libro.Lee todas las letras del alfabeto:El alfabeto (ilustrado) del narco mexicano
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