FYI.

This story is over 5 years old.

Sexo

A tranquear el zorro: Al maestro con cariño

Hemos preparado una serie de dudas que probablemente usted tenga en cuanto a los profesores.
22.8.12

No escuches nada de lo que te dicen tus maestros.

No prestes atención. Sólo observa cómo se ven

 y así sabrás cómo será realmente la vida.

Woody Allen

Educar, en nuestros días, se reduce básicamente a batallar con líderes feas, niños insoportables, padres neuróticos y, en momentos no menos aborrecibles, colegas del magisterio. Es por eso que la  simple perspectiva de una vida dedicada a la educación debería justificar la tendencia docente a vender productos Avon en horas de clase, escribir la palabra “urdir” con hache o mostrarse titubeantes al momento de explicar fórmulas como ésta:

El pasado lunes, millones de niños y jóvenes volvieron a la escuela para iniciar un ciclo en el que no escasearán las lecciones aburridas, los profesores faltistas y el bullying. Para celebrar el regreso a clases,  A tranquear el zorro ha preparado una serie de dudas que probablemente usted tenga respecto a los hombres y mujeres encargados de instruir a sus hijos:

1. ¿Sabe usted qué hacen los profesores en su tiempo libre?

Benedict Garret.

Hablamos de actividades que demandan tiempo, esfuerzo y dedicación, como la de Stacie Halas, profesora de ciencias de la escuela Richard B. Haydock (en Oxnard, California), quien en sus tiempos de ocio aparecía en películas porno. Su doble vida fue descubierta cuando un grupo de chicos fue a la dirección a decir que habían visto a una de sus profesoras en una película XXX. (Uno se pregunta cuántas horas de porno son necesarias antes de encontrar a un conocido en la pantalla).

Los administradores de la escuela quisieron verificar de inmediato el rumor, pero los filtros de contenidos en sus computadoras les impidieron el acceso a las páginas en cuestión. Idiotas.

Ante el obstáculo, algunos maestros tuvieron que aportar evidencias desde sus celulares. La administración propuso suspender a la profesora.

Una decisión similar dejó sin trabajo a Anna Ciriani,quien daba clases de literatura en Pordenone, al oeste de Italia. En este caso, los estudiantes fueron más espectaculares en su denuncia: cubrieron el baño de la escuela con fotos de su maestra  (no es que fuera difícil encontrar imágenes suyas si uno escribe “Madameweb” en el buscador de Google). Ante la evidencia, las autoridades escolares concluyeron despedirla, dado que los videos explícitos de Ciriani “no eran compatibles con su actividad educativa”.

Ser un hombre fornido tampoco evita que te metas en problemas. El Consejo General de Enseñanza del Reino Unido suspendió preventivamente a Benedict Garret por trabajar en la industria porno bajo el sobrenombre de Johnny Anglais. En el mundo docente, Garret se desempeñaba como encargado de Educación Personal, Social, Económica y de la Salud en el liceo Beal de Ilford (lo cual significa que daba educación sexual a niños de 11 y 12 años, cosa que escandalizó a padres y burócratas). Su carrera porno comenzó en los tiempos en que aún era estudiante. El monto de 500 dólares que Garret podría ganar por escena sexual debería servir de evidencia para demostrar que era maestro sólo por vocación.

(Al menos, estos docentes no hacían su otro trabajo desde la escuela)

2. ¿Puede estar seguro de que la escuela gasta eficientemente sus aportaciones?

Sasha Grey lee cuentos infantiles en la escuela Emerson. 

No en todos los casos. El programa Read Across America acaba de tirar por la borda una manera competente de financiamiento para la educación: a través de las estrellas porno. Sasha Grey intentó donar las ganancias de una de sus películas al programa educativo, pero los encargados del proyecto rechazaron la dádiva por provenir de una cinta llamada Anal Artists. La organización en pro de la lectura declaró que no aceptarían dinero relacionado con ninguno de los productos de la señorita Grey ni de la industria porno. Los malditos puritanos nunca vieron la posibilidad de que el dinero en realidad procediera de los miles de papás calientes (como los que ahora leen esta columna y  compran películas XXX en lugar de libros), lo que en términos económicos se denomina “subvención indirecta”.

3. ¿Sirven de algo los trabajos escolares?

Para ver a tu maestra teniendo sexo. O al menos eso fue lo que le sucedió a una profesora de educación media en Junín, Argentina. La docente de la escuela Manuel Dorrego entregó a sus alumnos una memoria USB para que descargaran en sus netbooks información para un trabajo. Para su desgracia, el dispositivo también contenía un video íntimo de sus últimas vacaciones. Según los padres de familia: “no es la primera vez que ocurre un hecho de esta naturaleza con esta docente, ya que había sido encontrada con anterioridad acariciándose con su pareja dentro de una escuela, pero no habría sido sancionada por los superiores”.

Ya que estamos en esto: ¿sirve de algo hacer una tesis? A algunos estudiantes, sí. Por ejemplo, Deniz Ongun, un alumno de comunicación audiovisual de una universidad de Turquía, quien desarrolló como proyecto de tesis hacer una película porno en la escuela”, esto con la intención de “poner a prueba los límites de la libertad académica”. Su asesor, Ihsan Derman, decidió aceptar la propuesta. La película fue rodada en las instalaciones de la misma universidad a escondidas de los administrativos y tuvo como protagonista a una ex alumna que nunca logró graduarse. Como resultado, Ongun obtuvo un 6, el profesor fue despedido y las cerraduras de la escuela cambiadas para evitar que nadie volviera a hacer mal uso de los salones de fotografía, video y televisión.

4. ¿Cómo se las apañan los profesores para que los alumnos aprendan algo?

A través de las décadas, los docentes han hecho hasta lo imposible por fomentar el avance del conocimiento en el aula. El psicólogo John Michael Bailey, por ejemplo, llevó a una chica para que experimentara un orgasmo durante una de las sesiones de su curso sobre sexualidad humanaen la Northwestern University. Se supone que una asignatura llamada “sexualidad humana” da luz verde para todo tipo de ejemplos y prácticas, pero como demuestran los Monty Python ni siquiera el sexo es divertido cuando se trata de una clase: